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La pandemia de gripe española de 1918 y su origen

La pandemia del coronavirus ha despertado el interés por analizar y estudiar anteriores pandemias ocurridas a lo largo de la historia. Sin duda alguna, el confinamiento al que muchos países se ha visto sometido es un fenómeno nuevo en la historia más reciente. Ha obligado tanto a los gobiernos como a los ciudadanos a plantearse una nueva forma de ver la sociedad y a entender que necesitamos acometer importantes reformas, no sólo para estar preparados para una nueva oleada, sino para estar más unidos contra desafíos que requieren una respuesta colectiva.

Entre los años 1918 y 1920, en pleno fin de la Primera Guerra Mundial y su posterior época de posguerra, se estima que la llamada gripe española contagió hasta a una tercera parte de la población mundial, que era por aquel entonces de 1 800 millones de personas. Si la llamada Gran Guerra fue un desastre sin precedentes, la gripe española empeoraría la situación hasta límites insospechados.

 Procedencia y síntomas de la gripe española

 Los orígenes de este virus tipo H1N1, más comúnmente llamado gripe española, se remontan al fin de la Primera Guerra Mundial. El paciente cero fue tradicionalmente considerado un cocinero del ejército estadounidense llamado Gilbert Michell que fue ingresado en Kansas el 4 de marzo de 1918.

También se sabe que la gripe estacional llevaba tiempo incrementando su tasa de mortalidad con datos de muestreo extraídos de la población general. Sin embargo, en Camp Greene (Carolina del Norte), el virus causó estragos en la población juvenil como nunca antes, con una tasa de mortalidad tremendamente superior. Esto ocurrió en 1917, por lo que actualmente se considera que el paciente cero pudo estar entre los enfermos de Camp Greene.

Se trataba de una gripe muy agresiva con síntomas que aumentaban rápidamente: alta fiebre, pupilas dilatadas, respiración dificultosa, pulso rápido, gran agotamiento, exceso de líquido en los pulmones, etcétera. Si los síntomas no remitían, la muerte podía ocurrir de 24 a 48 horas. En todo caso, los síntomas empeoraron según se extendía la enfermedad, hasta llegar a añadir dolores abdominales que se solían confundir con una apendicitis.

 Este último punto recuerda a la expansión de la pandemia de la COVID-19, donde a los primeros y más comunes síntomas se detectaban y añadían otros que fueron identificándose progresivamente en varios pacientes, como la pérdida de olfato y el sentido del gusto.

¿Fue España el origen?

 España no fue su origen, por mucho que fuese un foco de infección elevado al igual que ocurrió en muchos otros países. Entonces, ¿por qué se llama así?

 El 22 de mayo de 1918, el diario ABC publicó una portada con la aparición de un nuevo tipo de enfermedad parecida a la gripe en España. El mismo mes, ajenos a la peligrosidad del mismo, se celebraron las fiestas de San Isidro en la capital y las verbenas populares propiciarion el contagio entre sus asistentes.

El mundo seguía enfrascado en la Gran Guerra, que no finalizaría hasta el 11 de noviembre de 1918. España se mantenía neutral y la información sobre una nueva enfermedad viajó más rápido que entre las trincheras de sus vecinos europeos, donde informar sobre soldados enfermos y fallecidos podría hacer cambiar el equilibrio de poder en la contienda.

Fue debido a esta peculiar situación por la que el virus se bautizó como «gripe española». Incluso el rey Alfonso XIII, abuelo del rey emérito Juan Carlos I, fue infectado por la gripe, al igual que ocurrió con el entonces Presidente del Gobierno, Manual García Prieto.

Cifras, oleadas y confinamientos

 Estudiamos la gripe española porque es un triste referente de una pandemia que afectó a prácticamente toda la población mundial con una tasa de mortalidad elevadísima. No es la única en la historia contemporánea; disponemos de claros ejemplos como el SIDA con millones de muertos y la gripe A de 2009-2010 con cientos de miles. La cifra de muertos de la gripe española se contabiliza entre 40 y 100 millones en todo el mundo y casi 150 000 en España.

 No podemos evitar las comparaciones y la curiosidad humana nos hace preguntarnos cuáles son las similitudes entre una pandemia tan mortal como lo fue la gripe española y la pandemia de la COVID-19.

La gripe española se extendió mediante tres oleadas o picos de contagio: la primera entre junio y julio de 1918, la segunda en septiembre del mismo año y la última entre enero y mayo de 1919. Con el coronavirus, ya se habla de una posible nueva oleada o rebrote allá por otoño de finales de 2020, eso si las políticas de desescalada no ocasionan otro pico de contagio mucho más pronto.

 Hace un siglo, también se implementaron medidas de higiene para la población, el aislamiento de enfermos y medidas de cuarentena en lugares públicos. El coste económico y social fue elevado, en épocas donde la pobreza era mucho mayor, el teletrabajo no era posible y el sustento económico de las familias se ponía en jaque día tras día. Con el surgimiento de las vacunas en décadas posteriores, las cuarentenas comenzaron a sonar a un concepto más propio de la Edad Media que de tiempos modernos, todo ello hasta la aparición del coronavirus.

 La importancia de una sanidad pública fuerte

Hace ya más de 100 años, Francisco Largo Caballero, histórico líder del PSOE, proclamaba en el Congreso de los Diputados las virtudes de una sanidad pública con seguros sociales para la protección de los más desfavorecidos.

 Es incuestionable que actualmente los ERTEs han protegido los empleos de las personas afectadas por la pandemia del coronavirus, pero España y el resto del mundo se enfrenta a una crisis económica sin precedentes con altos niveles de paro y deuda pública. Y como en todas las crisis económicas y sociales, se producen focos de racismo, nacionalismo y proteccionismo.

 La raza humana siempre encuentra un camino en los momentos más oscuros, y la pandemia de la COVID-19 no será una excepción. Todo depende de qué parte de nuestro interior queramos alimentar: la concordia o la confrontación.

El texto anterior representa mis ideas y opiniones

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