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La recuperación económica de Portugal: luces y sombras

Portugal, ese pequeño país al suroeste de Europa, pasa en muchas ocasiones desapercibido respecto a los acontecimientos de sus vecinos europeos. Quizás esto es algo más propio de tiempos pasados, ya que recientemente su relevancia dentro de Europa ha aumentado significativamente al buscar un camino alternativo en su política económica.

Recordemos que la crisis económica mundial de 2008 azotó especialmente a Europa y sobre todo a los países del sur: Portugal, España, Italia, Grecia y Chipre, entre otros. La troika, la denominación coloquial para referirse a una especie de triunvirato formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional definía las políticas que los países en recesión debían aplicar para poder superar sus respectivos déficit.

Si en efecto era una recuperación equitativa y justa de los países del sur de Europa lo que se buscaba con estas políticas, esta no se produjo. Las desigualdades con los demás países europeos y entre diferentes clases sociales dentro de la misma nación no hicieron más que crecer, al igual que la deuda pública. Portugal no era una excepción, así que tomaron una vía alternativa para paliar esta situación.

En muchas ocasiones, se habla de una especie de milagro económico portugués. ¿Cuánto hay de cierto en esto?

Portugal y la austeridad

La austeridad azotó Portugal especialmente fuerte entre los años 2011 y 2014 mediante la aplicación de un fuerte paquete de medidas. Aunque el gobierno de António Costa buscó otra serie de políticas para superar la difícil situación económica, la austeridad no ha desaparecido completamente.

En esa etapa de «ajuste del cinturón», como a algunos les gusta llamarlo, las arcas de Portugal recibieron un total de 78.000 millones de euros de la Unión Europea y del FMI en concepto de rescate para ayudarlos a pagar su deuda. Al copago sanitario, Passos Coelho, el entonces primer ministro del gobierno del PSD, añadía otras medidas propias de los dictados de la troika, asfixiando al país aún más: subida del IVA al 23 %, subida del impuesto de la renta, subida de los precios del transporte, recorte de derechos laborales, bajada general de salarios, recortes en educación y un largo etcétera.

¿Funcionaron estas medidas? Evidentemente no. Al menos, no para rescatar a sus ciudadanos, ya que el desempleo alcanzaba cotas superiores al 15 % y el PIB decrecía. Hacía falta recorrer otro camino diferente, y es aquí cuando entran en escena las elecciones generales de 2015.

 Una nueva política económica

 El 4 de octubre de 2015 se celebraron nuevas elecciones generales en Portugal, dando una victoria en minoría al Partido Socialista presidido por António Costa. El gobierno socialista sería investido con el apoyo de otros partidos de izquierda: el Bloco de Esquerda y la coalición comunista-verde PCP-PEV. A esta relación de gobierno se le conoce popularmente como la jerigonza, una situación sin precedentes.

¿Qué cambió a partir de entonces? El nuevo gobierno comenzó su camino en contra de los recortes de salarios, pensiones y seguridad social, deteniendo privatizaciones, aumentando el salario mínimo, ofreciendo la gratuidad de libros de texto gratis para los alumnos, garantizando contratos más estables para los trabajadores precarios o temporales y recuperando los días de vacaciones para los trabajadores.

Por supuesto, los acreedores se mostraban reacios a estos cambios pero conforme pasaban los años, el pesimismo imperante en la dura época de la austeridad de 2011 a 2014 comenzaba a relajarse. Los portugueses respiraban un poco más aliviados y el apoyo popular a estas medidas aumentó significativamente hasta volver a reelegir a António Costa como primer ministro en las elecciones generales del año 2019.

La recuperación de Portugal es evidente: el desempleo se redujo a la mitad, se esperaba que las arcas mostrasen superávit antes de la pandemia de la COVID-19 en el año 2020, las inversiones extranjeras de algunos sectores alcanzaban cifras récord, el turismo estaba en su punto más alto y las exportaciones crecían.

El llamado «milagro económico de Portugal» llenaba páginas de periódicos y noticiarios, animando a los países del sur a navegar en el mismo barco. Sin embargo, donde hay luz también hay sombra.

 Las sombras de la recuperación

 A pesar de todo este optimismo, Portugal sigue afrontando grandes retos. La deuda externa del país llegaba hasta un 117,5 % aunque estaba comenzando a reducirse antes de la pandemia. Los salarios siguen siendo especialmente bajos en comparación relativa a sus vecinos europeos y no parece que las subidas anunciadas por Costa año tras año marquen una gran diferencia en el poder adquisitivo de las familias.

Por otro lado, la economía de Portugal está basándose fuertemente en el mercado inmobiliario y el turismo, en un país que cuenta con muchísimas propiedades deterioradas y sol a raudales. Las burbujas inmobiliarias en países que se sustentan en el ladrillo y en el turismo corren un alto peligro de pincharse, similar a lo que ocurrió en España al comienzo de la crisis de 2008 y que dejó al país sin una fuerte industria alternativa para compensar esa situación.

En este sentido, otro de los problemas más comunes en el país luso es precisamente el aumento de los alquileres, sobre todo en las grandes ciudades como Lisboa y Oporto. Algunos propietarios han dejado de alquilar a trabajadores o estudiantes de manera convencional y se han pasado al modelo de negocio turístico como Airbnb, atraídos por la promesa de beneficios más altos. La escasez de apartamentos para los portugueses ha inflado los precios de alquiler creando una auténtica burbuja de precios y en condiciones cada vez más precarias.

La sanidad pública sigue colapsada, con huelgas constantes pidiendo la renovación de equipos, material y personal. Las listas de espera siguen siendo enormes y el éxodo del personal sanitario a otros países en busca de una vida mejor no hace sino agravar las condiciones del servicio de salud.

 En definitiva, no existen los milagros económicos, por mucho que esta sea la denominación que se le da a la recuperación portuguesa en algunos artículos. Es cierto que Portugal ha dejado atrás lo peor de la crisis de 2008, pero debemos ser muy cautelosos con aceptar cualquier idea creyendo que una luz no arroja sombra, y esto es posible aplicarlo a cualquier plan económico o político que prometa la salvación para todos.

Muchas familias siguen con el agua al cuello y la burbuja de alquiler es un problema que se está agravando cada vez más. La gran bajada de turismo que supone el cierre de fronteras por la pandemia de la COVID-19 y los posteriores límites de aforo y transporte pondrá a prueba un país que depende precisamente de ello. Los portugueses se enfrentan a un nuevo desafío en su larga historia.

 

El texto anterior representa mis ideas y opiniones inspiradas en:

https://www.nytimes.com/es/2018/07/26/espanol/portugal-austeridad-recuperacion.html
https://www.bbc.com/mundo/noticias-39494514
https://es.euronews.com/2020/03/06/la-realidad-que-esconde-el-falso-milagro-economico-de-portugal
https://www.eldiario.es/internacional/recuperacion-despues-austeridad-fantasmas-armario_0_975702870.html
https://elpais.com/economia/2012/09/14/actualidad/1347647254_821412.html
https://www.lainformacion.com/espana/la-economia-de-portugal-se-recupera-tras-cuatro-anos-de-austeridad_RDQJCzMjZHLPAuj1kkbzT4/

 

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