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El emocionante esfuerzo de Japón para salvar sus cines

A raíz del coronavirus, las famosas salas de cine independiente están cerrando. Pero un grupo de entusiastas está dispuesto a rescatarlos.

En Japón, el cine es un arte sagrado. A finales de 2019 el país contaba con más de 3500 salas de cine, a un ritmo de aumento anual que no tiene comparación en Asia. Además, cada año se estrenan unas 700 películas, una cifra también notable.

Todo marchaba de maravillas hasta que llegó el Coronavirus. De repente, cientos de salas debieron cerrar, y la tierra del director Akira Kurosawa vio mermar a la fuerza su tremendo amor por el cine.

Al principio los japoneses intentaron seguir yendo al cine. Se tomaron medidas de precaución: espacio entre los asientos, barbijos obligatorios, etc. Pero la situación no duraría mucho más. En China, por el contrario, en enero se cerraron todos los cines. Los japoneses resistieron todo lo posible, pero en cierto momento ya no pudieron con el miedo al Covid-19.

A principios de abril, el gobierno de Japón ordenó el estado de emergencia para las principales ciudades del país. Todos debían quedarse en casa, salvo los trabajadores que prestaban servicios esenciales. El cine no fue considerado esencial.

Desde ese momento se cerraron más de 1500 salas de cine. Hasta la cadena más grande del país, Toho Cinemas, debió apagar todas sus casi setecientas pantallas. Hasta el día de hoy no se conoce cuándo volverán a abrir, como ocurre en gran parte del mundo[1].

Es sabido que el gobierno japonés es sumamente estricto, y en general sus habitantes cumplen con los mandatos. Por lo tanto es fácil imaginar que, si una empresa como Toho debió cerrar, la misma suerte corrieron los cines más pequeños, los que pasan cine independiente y no se rigen sólo por las reglas del mercado.

A la prohibición gubernamental hay que sumarle una abrupta caída en la taquilla antes del cierre de las salas. Según datos de la web Eiga, las películas más famosas, esas que llenan las salas del mundo, redujeron sus espectadores en un 90 por ciento comparado con el año anterior. Las cifras para los cines pequeños fueron todavía peores.

La gran mayoría de esas salas ya han cerrado, salvo por honrosas excepciones. Algunos de sus propietarios las mantienen abiertas incluso a pérdida, sostenidos sólo por el amor al cine.

Al rescate de los cines independientes

Frente a semejante situación, los cinéfilos han lanzado varias campañas para salvar a los cines independientes. Una de ellas se llama Salven al Cine (#SaveTheCinema), y sus organizadores hasta escribieron un manifiesto estableciendo la importancia de las salas de cine pequeñas. “Las películas no están completas hasta que son vistas por la gente”, dijeron en un comunicado. “En ese sentido, los cines son un puente entre las películas y los fans, son fundamentales para esta forma de expresión llamada cine. Queremos proteger eso”.

A partir de entonces el movimiento no ha hecho más que crecer. Se sumaron cientos de personas, entre ellas algunos famosos directores japoneses como Hirokazu Kore-eda y Shinya Tsukamoto, y los actores Arata Iura y Akira Emoto. El objetivo es pedir al gobierno que compense a los propietarios de los cines por la pérdida de ingresos en la taquilla.

Otra de las campañas que se están llevando a cabo es Mini-Theater Aid, una iniciativa de financiación colectiva lanzada por los directores Koji Fukada y Ryusuke Hamaguchi. Otra es Salven a los Cines Locales (“Save Our Local Cinemas”), un proyecto de 13 teatros de la región de Kansai destinado a vender camisetas para recaudar fondos.

La importancia del cine en Japón

Sea como fuese, los japoneses no dejarán que mueran sus salas de cine. La tradición juega un importante rol en la cultura japonesa, y sin dudas el cine es una de las tradiciones más fuertes en el Japón moderno.

Especialmente en Tokyo se encuentran algunos de los circuitos de salas independientes más importantes e interesantes del mundo [2]. Algunas de las películas incluso tienen subtitulado en inglés por la gran cantidad de turistas que visitan los cines.

La pasión japonesa por el cine empieza en los mismos inicios del arte, incluso antes. A pesar de que los hermanos Lumiere inventaron el cinematógrafo en 1897, en Japón ya se usaban imágenes en movimiento con linternas mágicas llamadas jidō gentō. Cuando finalmente el cinematógrafo llegó a Japón, la industria de cine del país se desarrolló en tiempo récord. Producto de su larga tradición teatral los japoneses fueron decisivos en la creación del séptimo arte.

Hoy en día, la industria contribuye con más de 65.000 millones de dólares anuales a la economía japonesa, dando empleo a más de 88.000 personas y representando el 0,53 por ciento del PIB del país.

Otros beneficios económicos derivados del cine son los numerosos y lucrativos acuerdos de licencia y comercialización que surgen de la protección del legajo cinematográfico. Por ejemplo, en Japón los títulos y personajes de las películas son marcas registradas.

Del mismo modo, los acuerdos para colocar productos de las marcas comerciales se están convirtiendo en una costumbre cada vez más popular, por lo cual el amor por el cine está fuertemente influenciado por cuestiones económicas.

También las localizaciones de películas contribuyen de manera significativa a la economía de Japón como destinos turísticos de moda. Estos ingresos indirectos añaden más de 70.000 millones de dólares anuales a la economía japonesa, beneficiando a industrias como el turismo, la manufactura, la hostelería y el transporte.

Por lo tanto, Japón no puede permitirse que sus salas de cine cierren por demasiado tiempo. Son muchos años de tradición y demasiados dólares que pueden esfumarse. Habrá que ver hasta qué punto el gobierno puede sostener esta situación.


El texto anterior representa mis ideas y opiniones inspiradas en:

[1] https://www.hollywoodreporter.com/news/japanese-filmmakers-launch-campaigns-save-tokyos-indie-cinemas-1290656

[2] https://www.tokyocreative.com/articles/69227-lets-go-to-the-cinema-a-guide-to

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