Written by 1:08 am reflexiones • 2 Comments

Los nuevos horizontes que el viajar abre en nuestras vidas

Lo limitado de nuestro ser

Un equipo de científicos de la universidad de Stanford reunió datos de celulares a una escala planetaria para determinar cuánto camina un humano promedio en su día a día. La media total de pasos fue de 4961 lo cual equivale a 3 kilómetros y medio aproximadamente. Mientras que la tierra tiene un diámetro de 12,756 kilómetros, una circunferencia de 40,000 kilómetros y una superficie cercana a los 501,000,000 kilómetros cuadrados.

Esteban Moro, investigador español del MIT Media Lab reunió información reveladora sobre la cantidad de personas que conocemos a lo largo de nuestra vida.  En el mundo hay más de 7, 500 millones de personas sin embargo lo limitado de nuestros cuerpos físicos y capacidad cognitiva solo nos permite cruzarnos con unas 5000 personas aproximadamente durante toda nuestra vida.

La tecnología, las redes sociales y la globalización del mundo moderno nos da una sensación muy diferente pero la realidad dista mucho de las percepciones de nuestra cabeza.

Además, muchos de nosotros no somos conscientes de que nos rodeamos de gente igual a nosotros. Esas 5000 personas son solo el principio de nuestra limitación. La realidad es que vivimos segregados. La gente de poder y alto nivel adquisitivo se rodea de gente de su misma clase, frecuentan los mismos lujosos restaurantes y van a los mismos eventos sociales. Los músicos tienen otros amigos músicos e incluso entre ellos se separan por géneros, será muy raro ver a metaleros compartiendo una noche de copas con reguetoneros o hípsters que tocan indie-folk, lo mismo se da entre abogados, dentistas o arquitectos. Nuestra raza, religión, partido político o equipo de futbol son elementos que solo nos separan más en nuestras vidas. De este conjunto de clones saldrán nuestros futuros amigos, compañeros de trabajo, relaciones románticas y en cierta forma todos ellos compondrán nuestra percepción del mundo.

Y para el mundo entero ese reducido número de personas, lugares e interacciones parece bastarle para ser felices. Pero ¿Qué pasa cuando sientes que no es suficiente? Cuando te sientes atrapado entre las mismas caras, las mismas conversaciones, los mismos problemas de siempre. ¿Qué sucede cuando se despierta un deseo intenso por conocer todo lo que el mundo tiene por ofrecer?  Cuando ves con nostalgia la facilidad con la que los pájaros pueden volar de un continente a otro o te maravillas de las historias que llegan desde lejos acerca de otras realidades, pensamientos o costumbres.

La curiosidad es un gatillo fuerte

Es así como poco a poco la enfermedad del viajero se va colando en nuestro ser. Enfermedad muy antigua y conocida por el hombre. Nuestros ancestros fueron nómades felices, la curiosidad humana por saber que hay en la otra orilla del rio nos trajo las más increíbles historias jamás contadas. Alejandro Magno, Marco Polo, Magallanes, todos ellos movidos por ese impulso de descubrir y conocer.

Luego los devenires de la vida te llevan como a todos a acomodarte en tu lugar elegido, pero como estamos en constante cambio eso no duró por mucho tiempo.  Hay un punto de quiebre en donde lo que te rodea ya no es suficiente, necesitas experimentar más a fondo todo lo que la experiencia humana puede ofrecer.  Y viajar es el impulso primario. Empezamos a mirar hacia lo desconocido, escuchando música que no entiendes, pero es cautivadora, recolectamos noticias sobre ese país del cual no conoces nada, pero algo dentro de ti te impulsa a visitar o empiezas a tomar clases de cocina añorando esos sabores extraños que algún día quisieras probar de primera mano.

El llamado del viajero

Viajar genera un sin número de posibilidades en nuestra vida. Descubre todo aquello que estaba escondido. Nos permite redefinir conceptos, formas de vida, percepciones sobre el mundo que nos rodea y sobre la gente con la que compartimos experiencias. Nos abre a la posibilidad de nuevas rutas de solución a problemas, cambia nuestra forma de asimilar los reveses que la existencia tiene preparada para ti y nos recubre de ojos nuevos con los que descubrir el mundo siempre será una aventura nueva y excitante.

Y es que, si uno se pone a pensar, el mundo es tan grande y tan diverso que no nos alcanzarán 100 vidas para descubrir todo lo que contiene. Es una pena cuando nos descubrimos aburridos o resignados a una vida monótona y medianamente feliz. Nuestro planeta está tan lleno de realidades y desafíos que debería ser imposible que un día se le asemeje al otro y tengamos la sensación de estancamiento y repetición.

Pienso también que viajar sirve para encontrarnos, no solo para explorar tierras lejanas, sino que permite explorar en nuestro interior, conocernos con mayor profundidad y descubrir que queremos alcanzar o poseer en nuestras vidas.

No es coincidencia que la mayoría de los viajeros sean jóvenes. Muchos de ellos se toman un año sabático antes de estudiar cualquier profesión e insertarse en la vorágine del mundo. Algunos buscan despejar su mente para tomar una buena decisión sobre que escoger hacer el resto de sus vidas. Otros no tienen idea de que será de su futuro, pero saben que algo es seguro, recolectar vivencias, conocimiento, sensaciones y recuerdos perdurables pueden ayudarlos a clarificar su mente.

Otros viajan inmediatamente después de graduarse, ya sea para recuperar todos esos días invertidos en sus cuartos preparándose para los exámenes o para redireccionar sus vidas inesperadamente y nunca más volver de donde salieron.

También los hay mayores, los que esperaron a no tener más responsabilidades o se hartaron de una vida monótona y quieren recuperar ese gusto por la vida que se ha visto diluido con los años.

Y sin embargo son pocos los que escuchan y se atreven a seguir ese llamado del viajero. Es probable que la mayoría de las personas que nos rodeen nos tilden de irresponsables, locos o soñadores incorregibles cuando ven que lo dejamos todo en pos de nuestros sueños y ansias por conocer.

Voces muy razonables pero que en el fondo es muy probable que vengan desde lugares de miedo y desconfianza. Quizás la mejor manera de hacerle frente es no escuchando, prestándole oídos a esa voz interior que te asegura que si es una buena idea a pesar de lo poco razonable de tus deseos. En mi experiencia he comprobado que al seguir esa tan difícil e imperceptible voz interior no solo me hago un bien a mí mismo, sino a todos aquellos que temen arriesgarse. Muchas veces tu arrojo, puede dar los ánimos necesarios para inspirar a otros a tomar esa maleta, comprar ese pasaje y enrumbarse hacia lo desconocido.

Los desafíos de ser un forastero

Cuando era chico me gustaba ver Kung Fu, una serie donde David Carradine se paseaba por el viejo oeste norteamericano, fue allí que empecé a entender el concepto de “forastero”. Esa imagen de alguien que no encajaba con el lugar y que tenía un halo de misterio me parecía muy atrayente. Sin embargo, ser un extranjero en tierras lejanas siempre conlleva muchos desafíos.

El impulso por encajar es natural, pero muchas veces suele ser difícil, más aún cuando las barreras del lenguaje o las diferencias culturales son muy grandes. Si solo entre los países Latinoamericanos hay muchísimas diferencias, a pesar de que manejan un mismo idioma, imagínense visitar otras culturas donde su cosmovisión está muy lejos de la tuya. Muchas veces es muy difícil entender ciertas costumbres. Se sufre por no poder dar un abrazo afectuoso o saludar con beso a gente que se considera amiga. Pero a pesar de su dificultad, todo esto ayuda a ser humilde, a recordar que no hay una sola verdad, que la realidad del mundo cambia constantemente y no todo es como tu pensabas. Tener una mirada menos prejuiciosa, más indulgente, comprensiva y abierta ensancha el corazón y la mente y te permite abrazar ampliamente a la humanidad en sus distintos matices.

Innumerables lecciones de vida

Tener la posibilidad de viajar es una suerte y en regalo de vida. Si la fortuna me acompaña y el destino me lo permite, seguiré explorando el mundo hasta donde pueda o hasta donde quiera, pero, aunque me falta muchísimo por conocer puedo enumerar una cantidad importante de lecciones de vida que el viajar me ha regalado.

Tu hogar se encuentra donde tu corazón es feliz. Salí de Lima buscando un lugar para vivir, insatisfecho de la realidad que experimentaba y me fui en busca del rincón perfecto, pero en el camino me di cuenta de que no importa de dónde eres o hacia donde crees que deberías ir, tu verdadero hogar no es un sitio en concreto, a pesar de que uno puede encontrar lugares simplemente mágicos alrededor del mundo. Tu hogar esta donde te sientes feliz, eso puede ser a tres metros de donde naciste o en el otro lado del mundo, en medio de una vida citadina o viviendo una vida de ermitaño en el punto más olvidado del planeta.

A pesar de la diversidad que nuestro mundo alberga, los humanos somos muy parecidos, en el fondo buscamos lo mismo, todos queremos ser felices, sentirnos amados, progresar, crecer, descubrir, experimentar. Los medios y las formas de lograrlo pueden diferir, pero el impulso, el deseo que nos mueve es uno solo. Y es en esas similitudes donde debería residir nuestra fuerza. Creo firmemente que cuando dejemos de hacer divisiones ficticias en nuestras cabezas, poner fronteras que no existen, condicionar nuestro comportamiento por el color de piel, el nivel adquisitivo, las ideas o creencias de distintas personas, recién ahí empezaremos a cambiar. Necesitamos dejar de dividir entre “ellos” y “nosotros” para darnos cuenta que todos somos parte de una misma vida. Todos estamos sumergidos en este tercer planeta, esta hermosa esfera azul dentro del sistema solar, que a la vez es parte de muchos otros sistemas, galaxias, el universo en expansión.

La vida es un continuo conocer, experimentar, aprender, no existe fin ni límites para ello. Y a pesar de nuestras existencia corta y limitada, creo que la clave para disfrutar la experiencia humana es vivir con espíritu eterno, siempre curioso, abierto y dispuesto a descubrir. Sea lo que sea que quieras ser o hacer en tu vida, me ayuda a creer que para alcanzarlo debo convertirme en eso que tanto añoro. Si andas en busca de la felicidad, conviértete en esa felicidad, si lo que quieres es entender el amor, se tu ese amor. Muévete, explora, lánzate hacia aquello que no conoces pero que te atrae irresistiblemente. Lo peor que puede pasar es que fracases en tu intento, pero aun así habrás vivido. Y eso ya es un montón.

Mi nombre es Diego Seminario, soy actor y dramaturgo peruano, y en esta nota comparto con ustedes mis ideas y experiencias.

 

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Seguir leyendo

Close