Written by 1:23 am reflexiones, semana

¿Son importantes los rankings universitarios?

La educación es una herramienta fundamental para el desarrollo de cualquier humano. Pero ¿cómo saber si estamos siendo bien educados?

Como sociedad a veces ponemos demasiada atención a los números. Sin dudas son importantes, o más que importantes: no sabríamos qué hacer sin ellos. Pero los números esconden una pequeña gran trampa: transforman a los humanos en cifras. Lo podemos ver actualmente en la cantidad de muertos y enfermos por el coronavirus. Incluso nuestra mente no está preparada para mesurar la cantidad de historias detrás de los números.

Sin embargo, los números nos afectan también en nuestra rutina, en la vida diaria y, por así decirlo, normal. En los colegios los alumnos son calificados por sistemas numéricos, las mismas fuerzas de seguridad se evalúan por estadísticas, y lo mismo sucede con otras grandes instituciones como las universidades.

¿Cómo se clasifica a la educación?

Todos hemos visto esos rankings que se publican en los medios cuando las universidades son calificadas. Muchos hasta se enorgullecen por pertenecer a una institución que ha sido colocada en el puesto, digamos, cincuenta. Pero ¿cómo se calculan realmente esos datos?

Por empezar, existen organizaciones que se dedican de forma exclusiva a evaluar universidades para, según dicen, proporcionar una guía a los futuros estudiantes y sus familias. Entre las más conocidas está el Times Higher Education World University Rankings, que año tras año incluye más países y universidades.

Cada universidad se juzga en cinco categorías que abarcan las metas consideradas básicas de todas las universidades del mundo: enseñanza, investigación, ingresos de alumnos y perspectivas internacionales. Como podemos ver, allí se encuentra ya un recorte de lo que se considera básico. ¿Quién asegura, por ejemplo, que la perspectiva internacional es más importante que la calidez y hasta el soporte emocional de un buen profesor?

De cualquier modo, estas listas de instituciones prestigiosas suelen poner bastante nerviosas a las universidades más importantes del mundo. Y sin lugar a dudas hay un negocio detrás de todo esto. Sin embargo, quizás sea el momento adecuado para detenernos por un momento y pensar seriamente cuál es el rol de la educación en la sociedad, y en especial qué tan importantes son los rankings o las estadísticas.

No todo es un concurso de popularidad

Imaginemos por un minuto la siguiente situación: es viernes a la noche y quieres ver una película con tu pareja; tú propones la última de Marvel, una taquillera con mucha acción y adrenalina, algo que no puede fallar; tu pareja, en cambio, dice que tal vez sería mejor probar con una película desconocida y de bajo presupuesto; tras una breve discusión, aceptas, y una hora y media después te sientes conmovido y sorprendido por esa película desconocida.

Algo similar ocurre con las universidades menos conocidas que no tienen un presupuesto tan grande para promocionarse o no cumplen con todos los criterios establecidos por los rankings.

Es probable que una universidad no sea excelente en todo, pero que funcione de maravillas para lo que necesitas. Para decirlo de otro modo: es muy probable que la persona más famosa o respetada o millonaria del mundo no sea exactamente la mejor pareja sentimental para ti.

Por lo tanto, hay un poco de suerte, una pizca de intuición y también investigación y análisis para conocer cuál es la universidad que mejor se desempeña. Y ya se sabe que la intuición y la suerte no se pueden medir en rankings, y que las estadísticas serán útiles para ciertas organizaciones, pero no tienen en cuenta a los individuos y sus circunstancias.

¿Qué tan importante es un número?

¿Cuál es la verdadera diferencia entre la universidad número dos en el ranking y la número treinta? Probablemente mucha, probablemente ninguna. ¿Y entre la treinta y la cuarenta y dos? ¿Cómo saberlo? Las posiciones de los rankings suelen ser antojadizas, en especial si hablamos de educación. Una universidad puede estar en el puesto veinte y otra en el treinta, pero con una puntuación muy similar.

Lo mismo podría decirse de las universidades que están más abajo en el ranking. Si alguien decide inscribirse en la universidad número ciento veinte, no debería preocuparse demasiado.

Las clasificaciones pueden ser útiles, pero ¿qué clasifican?

También debería tenerse en cuenta que cada universidad privilegia ciertos aspectos positivos y deja otros de lado. Hay instituciones que consideran más importante la reputación académica que la tasa de graduación; otras que le dan mucho valor a los documentos publicados y a los premios, mientras que algunas privilegian la reputación de sus profesores.

Por eso mismo ninguna clasificación es perfecta, de lo cual se desprende que algunas universidades pueden ser más apropiadas para ciertos tipos de estudiantes en comparación con otros. Si para alguien es importante la calidad de los profesores, entonces tal vez no quede otra opción que probar en varias instituciones. En ese sentido, la experiencia propia y ajena es un elemento valioso.

Lo más importante en la vida no puede ser medido

¿Cuánto vale el amor que le tenemos a nuestros amigos o amigas? Puede sonar cursi, aunque no por eso deja de ser cierto. Una buena educación depende en gran medida del receptor, es decir de los estudiantes. Puedes tener todos los títulos de grado del mundo, pero si respondes a la pregunta diciendo “dos millones de dólares”, es probable que hayas aprendido poco del mundo y de las personas.

La pregunta importante no es tanto cómo nos educamos sino qué tan capaces somos de aprender. En la sitcom Community, por ejemplo, los protagonistas asisten a una universidad de bajísima calidad, pero al final del capítulo siempre terminan por aprender algo. ¿Esto quiere decir que no deberíamos prestar atención al prestigio de las universidades? Por supuesto que no, aunque tampoco deberíamos poner todas las expectativas en un ranking.

Nos parece valioso resaltar esto porque la mayoría de los estudiantes del mundo ni siquiera pisarán las primeras doscientas universidades de cualquier ranking. Y no por eso debería sentirse desalentados.

Recordemos siempre que los números deberían sernos útiles, pero nunca gobernar nuestras vidas.


El texto anterior representa mis ideas y opiniones

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