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Una librería en Berlín – Françoise Frenkel

En una librería en Berlín, Frenkel narra algunas de las vivencias que tuvo que atravesar cuando decidió instalarse en Berlín en 1921, persiguiendo el sueño de ser librera.

Como en toda gesta represiva, en Alemania luego de que los nazis tomaran el poder en 1933, las minorías de raza, religión o condición sexual vieron amenazada su existencia.

Françoise nació en Polonia en 1889, se formó en Letras en la Sorbona de París y amó los libros, tuvo el sueño de tener su propia librería de obras francesas en Berlín. Pero el momento histórico en el que le tocó vivir fue acompañado por el ascenso del nazismo. Así en primera persona nos narra las diferentes situaciones que debió enfrentar. Una historia real, que nos hace testigos una vez más de ese horror.

Acompañan el relato del espanto, los primeros pasos de su librería y el triste momento en el que se ve obligada a abandonarla por el acoso de los seguidores del nazismo.

En 1939 Frenkel busca un refugio en París, al otro día se declara la guerra. En este punto su vida se basa en huir así lo transmite en el libro. Un relato cargado de detalles, que nos llena de la angustia de la escritora que no se detiene hasta mostrarnos hasta donde es capaz de llegar la vileza del ser humano.

Por otro lado la obra también nos muestra que entre los seres humanos no solo hay seres viles, también se encuentra bondad que incluso frente al horror es capaz de mantenerse en pie, como puede. Esos héroes que toda revolución tuvo y tiene, capaces de poner su propia vida en riesgo por ayudar a los perseguidos, dándoles refugio.

Esta historia tan desgarradora, contada de primera mano, nos increpa pero también nos da un sacudón primero emocional, porque logramos empatizar con las emociones de la autora, con su historia contada de forma tan cruda y sin perder la riqueza de la escritura.

Cómo no empatizar cuando leemos «Era la hora de la comida cuando la radio emitía los comunicados, y teníamos que acostumbrarnos a comer, beber, masticar y tragar a la vez que escuchábamos las noticias más sangrientas y catastróficas. El horror se instaló en la vida cotidiana».

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