Written by 5:57 pm reflexiones, semana

Quien busca, encuentra.

El poder político y económico tienen un punto de tensión en otro poder. La opinión pública.

Bent Flyvbjerg es un filósofo, planificador urbano y geógrafo danés. Sus escritos sobre poder, la toma de decisiones y megaproyectos resultan sumamente interesantes. Dice este hombre, quien también ha cumplido funciones como docente en la Universidad de Aalborg, Dinamarca, que se interesó más en los megaproyectos al recibir una beca de investigación del Consejo Danés de Transporte para desarrollar su equipo en la universidad.

Un alto funcionario del gobierno lo invitó a comer y todo fluyó muy bien, sus objetivos iban en la misma dirección, hasta que le mencionó que la publicación de los resultados de una investigación que reflejaba lo mal llevada que había sido la gestión de proyectos en su ministerio no sería bueno para su beca, porque se encargaría de hacer que sus recursos se esfumaran.

Flyvbjerg había criticado el manejo del megaproyecto Cinturón Danés, porque informaron que los costos se habían sobrepasado en 29% y la investigación que él había realizado arrojaba que se habrían excedido un 55%. Después de muchas presentaciones públicas sobre la diferencia en las cifras, la empresa decidió hacer una encuesta y que los ciudadanos decidieran cuál era la cifra correcta. Para alguien de la academia era algo insólito, más aún para un danés.

 

¿Qué influencia tendrían los medios de comunicación en la respuesta de los ciudadanos? ¿Cómo alguien que no tiene acceso a la información técnica o lo que es peor, que la podría tener, pero no la entendería, puede llegar a la conclusión de decir que el costo del megaproyecto se sobrepasó en 29 o 55%?

 

El investigador y catedrático aprendió una importante lección, que se puede agregar o quitar cualquier dato y, además, se puede influir en la opinión pública usando un discurso que por lo general tiene una alta dosis de manipulación, para crear una realidad conveniente para un grupo de poder.

No lo pareciera, pero lo es.

No se está hablando de un país del tercer mundo, es Dinamarca. Un país con los mejores estándares de calidad de vida del planeta. Organizado, ¿Perfecto?

Los daneses trabajan muy duro; pero el Estado ha ido evolucionando para alcanzar niveles muy aceptables en la relación trabajo y ocio. Pagan impuestos sumamente elevados; sin embargo, reciben prestaciones que les hacen la vida más cómoda. Por ejemplo, los padres en Dinamarca pueden tener hasta 52 días por permiso de paternidad. Por su parte, las madres obtienen 18 semanas, mientras cobran el 100% del sueldo.

En Dinamarca las jornadas laborales son de 36 horas por semana. Es un país que está en el primer lugar en relación a la igualdad de género. En definitiva, su apreciación sobre la vida social lleva muchos pasos por delante al resto del planeta. En este país el poder juega el mismo juego que en cualquier otro o ¿Es solo en materia de megaproyectos?

El que todo lo puede.

¿No debe tener poder el estado sobre sus ciudadanos? ¿Qué otra cosa si no el poder del estado, significaron las palabras del alto funcionario en la historia que cuenta Flyvbjerg? ¿Eso está bien? ¿Es así como Dinamarca ha logrado tantos avances?

En Latinoamérica hay una conseja popular que dice mucho de lo tanto que nos falta por superar como sociedad y que, además, es muy perjudicial.

 

La frase: “No importa que los representantes de los gobiernos roben, mientras todos vivamos bien”

 

El “gran poder soberano” (Foucault, 1991), tiene su fundamento en las relaciones de poder; es decir, en el escenario en el cual se mueve, se relaciona y las condiciones que están dadas para que este funcione. Dice el mismo autor, que el poder es algo que se ejerce, no es algo que se posea, es algo que puede conservarse y para ello hombres como el ministro de quien se habla en este texto, juega su rol.

Los megaproyectos, desde la perspectiva de Bent Flyvbjerg, presentan grietas, por las que se introducen elementos que terminan perturbando lo técnico, debilitando la confianza y creando un suelo fértil para los problemas.

Flyvbjerg, se refiere a estas grietas por como también son conocidas, como puntos de tensión. Estos son un objetivo de los investigadores, se buscan las hendiduras que hacen débil o vulnerable un megaproyecto y eso amén de ser lo ideal, resulta incómodo para algunos grupos de poder ¿Cambiar para mejorar o para mantener el poder?

Proviene de la sociedad y cada vez gana mayor poder.

 

“Solo los locos, los teóricos puros o los aprendices dejan de tener en cuenta a la opinión pública” Jacques Necker. –Político y Financiero Francés

 

Necker, usó tanto el término opinión pública que lo volvió una moda. Él estaba a favor de hacer publicidad a las actividades que hacía el Estado.

En el siglo XVII la burguesía se había posicionado muy bien en materia de crítica, como lo aseguraría Habermas. Para él la crítica al Estado comenzó a cobrar más fuerza allí. Eran tiempos en los que Europa vivía momentos de luz y esa luz tenía que ver con la libertad, que estaba atada al poder decir las cosas con toda libertad, eso era algo que los hacía iguales. La expresión que unía a las palabras público y opinión, Rousseau logró convertirlas en una sola, opinión pública y esta ahora con el movimiento llamado Ilustración, alcanzó poder.

La opinión pública sigue evolucionando y conceptos como libertad de expresión se convierten en esenciales para los modelos democráticos. ¿Se puede hablar de democracia sin libertad de expresión?

Si el poder económico y el poder político manejan los medios masivos que son los formadores de la nueva opinión pública, ¿Es libre la expresión? ¿Los megaproyectos, medianos y pequeños pueden contra estos poderes? ¿Es necesario que existan medios masivos en los que los ciudadanos puedan expresarse y generar opinión? ¿Está preparada la sociedad para eso?

 

En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en el artículo “Cuando el gobierno danés envió a su principal planificador para amenazarme: cómo los puntos de tensión de poder desencadenan el cambio” de Bent Flyvbjerg, publicado por La Universidad de Oxford.

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Seguir leyendo

Close