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El legado de la cultura vikinga

Una de las primeras imágenes que tenemos de los vikingos en nuestra cultura contemporánea es de un pueblo invasor de costas extranjeras, fieros guerreros y algo rudos. Pero hay muchísimo más en la cultura vikinga de lo que se ve a simple vista. Y no nos referimos a los cascos con cuernos ya que esto no es más que un mito popularizado erróneamente.

La Alta Edad Media europea, entre los siglos V y X, fue sin duda un tiempo de confrontaciones y luchas territoriales. Esta constante rivalidad supondría el germen de los incipientes imperios cuyo poder predominaría sobre todo el continente en los siglos venideros, llegando incluso a definir las fronteras y la cultura de muchos de los países europeos en pleno siglo XXI.

¿Los vikingos han desaparecido? No del todo. La cultura vikinga sigue siendo visible en los pueblos escandinavos. Es cierto que se perdió muchísima literatura vikinga y el hecho de que no fuese una cultura dada al registro escrito, sino más bien a la transmisión oral, no ayuda mucho a rescatar las páginas rotas de su historia.

Se considera que a finales del siglo XI, la cultura vikinga empezó a caer en el olvido con la muerte de Harald el Despiadado intentando ocupar el trono de Inglaterra y la conversión de Suecia al cristianismo. Entonces, ¿queda algo de la cultura vikinga en el norte de Europa?

Las exploraciones vikingas

 Lo primero: ¿qué es un vikingo? Un vikingo es el nombre que se le da a aquellos pueblos de origen germano establecidos en Escandinavia en la Alta Edad Media, incluyendo Noruega, Suecia y Dinamarca como los tres principales grupos. Posteriormente, sus exploraciones ampliarían esta denominación para incluir a los grupos que exploraron y se asentaron en Gran Bretaña, Islandia, Normandía, Sicilia o el actual territorio ruso y ucraniano, entre otros.

Todo comenzaría con el saqueo del monasterio de Lindisfarne en el año 793 al norte de Gran Bretaña, elegido porque estos emplazamientos solían acumular grandes riquezas. Las décadas siguientes confirmarían a los norteños como una amenaza allende los mares y su cultura comenzó a expandirse por casi todos los puntos de las costas europeas, llegando a tener contacto con el imperio bizantino e incluso con Norteamérica.

Cultura y religión vikingas

 La cultura vikinga no era solo guerrera, como es posible que algunas sagas y sobre todo, elementos contemporáneos, nos pueden hacer creer. De hecho, los vikingos eran excelentes comerciantes y orfebres, como muestran los diferentes restos materiales y joyas encontrados a lo largo y ancho del mundo.

Las condiciones adversas del clima escandinavo y su orografía hacían dificultosas las labores agrícolas y en más de una ocasión decidieron hacerse a la mar para buscar nuevas tierras y riquezas. Los vikingos eran expertos navegantes y así lo muestran los drakkar o barcos largos y estrechos de poco calado, muy ideal para el transporte de tropas y el viaje por río.

Por otro lado, su sociedad estaba altamente estratificada, pudiendo destacar los jefes nobles o reyes (jarl), los hombres libres (karl) y los esclavos (thrall). Estos últimos también eran una fuente de riquezas y objeto de comercio para los vikingos, que podían ser liberados posteriormente.

Conocemos gran parte de su religión mediante los escritos de Snorri Sturluson realizados en el siglo XIII. El panteón de dioses vikingos con Odín a la cabeza como el Padre de Todos, seguido de su hijo Thor, Loki, Frey, Freya y un sinfín de ellos más han cautivado la literatura y la imaginación de diversos autores a lo largo de los siglos, llegando por ejemplo a influenciar claramente a J. R. R. Tolkien para escribir El Señor de los Anillos.

Vestigios de la cultura vikinga

 El norte de Europa contiene muchos emplazamientos, ruinas y museos que permiten admirar la cultura vikinga. Un claro ejemplo es el Museo de los Barcos Vikingos de Oslo, donde se pueden apreciar los famosos drakkar que tan temidos fueron en la época medieval.

La iglesia de Borgund en Noruega es la mejor conservada y su construcción data de cuando Noruega se encaminaba hacia su conversión al cristianismo. Sin embargo, aún conserva detalles vikingos en sus paredes.

En el año 930, se construyó el parlamento democrático islandés llamado Thingvellir en Islandia donde se debatía y se emitían veredictos de diversa índole. Aún quedan restos del mismo. La conversión del país al cristianismo provocó que las estatuas de los dioses fueran arrojadas a una cascada llamada Goðafoss (cascada de los dioses).

En Suecia encontramos el monumento megalítico Ales Stenar con una disposición que recuerda al famoso Stonehenge. Se ubica muy cercano al Mar Báltico y forma un barco de 67 metros de longitud. Su construcción se relaciona con el rey vikingo Ale el Fuerte y su función sigue aún sin esclarecerse.

Las Islas Shetland en Escocia fueron antaño un reino vikingo. Hoy día, la cultura predominante de las islas es vikinga. Aunque su administración dependa de Escocia, otorga la sensación de estar paseando por paisajes escandinavos.

Volviendo a Noruega, las Islas Lofoten albergan el Museo Vikingo Lofotr. Se trata de un emplazamiento construido a partir de unas excavaciones arqueológicas que comenzaron en los años 80 y que descubrieron el edificio de época vikinga más grande que existe en el país escandinavo. Allí aún es posible ver en persona cómo vivía un caudillo vikingo, la sala de banquetes, el establo e incluso navegar por dos embarcaciones vikingas en algunos meses del año.

Uno de los vestigios más curiosos a día de hoy es la unificación moderna del paganismo germánico del centro y norte de Europa, la religión denominada Ásatrú. Está reconocida oficialmente por Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y curiosamente España. Se estima que cuenta con alrededor de 40 000 seguidores.

 

Como podemos ver, la historia y la cultura vikingas han fascinado a la humanidad en diferentes etapas de su historia. Tan temidos como venerados, los vikingos sin duda dibujaron una gran parte del tapiz de la historia medieval y sus acciones alteraron el equilibrio de poder existente.

La cultura vikinga no ha desaparecido. Las ruinas aún asoman entre los bosques, praderas y montañas pero su legado cultural va más allá. Todos somos resultado de la historia de nuestros antepasados y los vikingos estuvieron allí, ayudando a tejer el destino europeo al igual que las nornas tejían el destino del universo en la mitología nórdica.

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