Written by mundo, oceania

Las claves del éxito de Australia y Nueva Zelanda en la lucha contra el coronavirus

En la región más apartada del planeta se pueden encontrar los ejemplos más claros de que es posible ganarle la batalla al coronavirus. Tanto Australia como Nueva Zelanda le han demostrado al mundo que la mejor manera de evitar que un virus se propague es mediante un acatamiento consciente de medidas de aislamiento social por parte de su población. Aprovechando su particular geografía, los gobiernos de ambos países han conseguido mantener sus fronteras cerradas con un mínimo esfuerzo. Pero podremos comprobar que ésta no es una ventaja que asegure el éxito a la hora de controlar una pandemia, ya que regiones vecinas como Indonesia están atravesando una catástrofe sanitaria debido a la propagación del Covid-19. Es evidente que los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda deben su eficiencia para aplanar la curva de contagios a su pericia política y a la confianza que deposita la población en ellos.

 

Con una población de poco más de 25 millones de personas, Australia ha logrado contener la pandemia de Covid-19 con una eficiencia ejemplar. Su vecino regional, Nueva Zelanda, por el momento pudo consagrarse como el único país en el mundo en poder declarar con merecido orgullo el haber eliminado al contagioso y letal coronavirus.

 

Con ello, surge la pregunta, ¿cómo es que estas naciones han podido salir victoriosas de una batalla que en muchos otros países del mundo parece perdida? Se podría especular que ha jugado en su favor el hallarse en un rincón bastante inaccesible del resto del mundo Occidental, aunque sería más acertado atribuir su éxito a la temprana implementación de medidas sanitarias, sumadas a un minucioso seguimiento de las personas infectadas.

 

No hubo secreto alguno para que los dos países más poblados de Oceanía hayan conseguido aplanar la curva de contagios hasta casi hacerla desaparecer. Fue la combinación de 3 factores esenciales: en primer lugar, la precocidad por parte de las autoridades de restringir el ingreso al país de posibles portadores del virus. El 1ro de febrero, Australia impidió el ingreso a viajeros que hayan visitado China, para luego proceder de la misma manera con aquellas personas que proviniesen de países donde la pandemia estaba haciendo estragos como Italia, Corea del Sur e Irán. Las fronteras se cerraron definitivamente a no residentes el día 19 de marzo, algo que su vecino regional, Nueva Zelanda, posteriormente decidió imitar.

 

En segundo lugar, se logró un alto acatamiento por parte de la población ante las medidas de aislamiento social establecidas por sus gobiernos, algo que destacaremos más adelante. Pero, como puede notarse, estas son medidas preventivas que fueron tomadas por la mayoría de los gobiernos del mundo. Aquí es donde entra en juego el tercer factor que determinó la eficacia de las medidas que implementaron Australia y Nueva Zelanda para hacerle frente a la pandemia: los testeos. Una gran campaña para verificar los síntomas de las personas que transitaban por las calles y se hallaban en lugares como geriátricos (donde se encuentra el principal grupo de riesgo) fue una medida de enorme importancia para realizar un correcto seguimiento y tratamiento de los casos positivos de coronavirus.

 

Refiriéndose al futuro económico de su país, la máxima mandataria de Nueva Zelanda fue muy clara al respecto: “Será un invierno difícil”. Este es un pronóstico que también comparten las autoridades de su país vecino y aliado, Australia. El Fondo Monetario Internacional pronostica una contracción económica del -4.6% para las regiones de Oceanía durante el presente año 2020.

 

En cuanto al manejo de la pandemia de Covid-19, la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, dio una muestra ejemplar de liderazgo político que superó ampliamente al de sus pares masculinos de otras naciones. Su honestidad frente al difícil futuro económico que le espera a su país generó una enorme sensación de transparencia gubernamental, cuestión que impacta muy favorablemente en la población neozelandesa.

Es necesario destacar una cuestión que es fundamental para cualquier nación que deba afrontar situaciones críticas, ya sean sanitarias, bélicas, financieras, etc. Se trata de un gran nivel de confianza de que el gobierno toma sus decisiones priorizando la seguridad e intereses de la población antes que los factores financieros o políticos.

 

Los gobiernos de ambos países encararon la pandemia con un gran nivel de transparencia y sentido común, siendo ambas cuestiones necesarias para alcanzar una fuerte adherencia por parte de su ciudadanía. La cohesión comunitaria para alcanzar una meta en común probablemente sea el poder más grande que pueda tener cualquier población del mundo para hacerle frente a cualquier amenaza a su bienestar social.

 

Más allá de ciertos puntos débiles por parte del gobierno australiano (puntualmente el trato con las comunidades aborígenes autóctonas), la percepción de los australianos con respecto a sus dirigentes políticos es muy buena. El país cuenta con servicios públicos de calidad, sus estructuras económicas ofrecen puestos de trabajo bien remunerados y el aparato burocrático se maneja de manera profesional. Este clima de estabilidad y prosperidad ha resultado ser fundamental para que el gobierno alcance un gran apoyo popular a medidas que requerían seguir estrictamente protocolos sanitarios que resultaron ser social y económicamente muy agobiantes.

 

Es muy alentador poder ver a los ciudadanos de Australia y Nueva Zelanda retomar sus actividades laborales y recreativas con la seguridad de que la pandemia se halla relativamente bajo control. El hecho de que el 60% de sus estudiantes puedan retomar las clases es un dato de enorme relevancia que resulta ser muy prometedor para la recuperación de la normalidad social. Esta apertura de actividades recreativas le será muy útil a dos naciones cuya economía se encuentra sostenida en buena parte por el turismo internacional.

En cuanto a las islas vecinas, Malasia se ha puesto al frente de las naciones más exitosas en la lucha contra el coronavirus. Se especula que su eficacia para controlar y erradicar la enfermedad se debe a su experiencia pasada al tratar con pandemias similares. Su lucha a fines de la década del 90 contra el virus Nipah les otorgó a su gobierno y población los medios necesarios para enfrentarse al Covid-19 actual. El hecho de que se trate de una región poco poblada y urbanizada juega a favor de una mejor contención de los contagios, aunque de esparcirse el virus de manera masiva, su pobre infraestructura hospitalaria podría colapsar.

 

Lamentablemente, en otras regiones de Oceanía como Indonesia, la situación actual no es buena. A diferencia de países vecinos como Australia y Nueva Zelanda, el gobierno indonesio negó la gravedad de la pandemia y consecuentemente actuó tarde. Esto generó una escalada catastrófica de casos positivos y de muertos que costará mucho poder controlar. El caso de Indonesia es un claro ejemplo de cómo la ineficiencia de un gobierno que desmerece los protocolos de salud internacionales puede vulnerar las vidas de su población.

 

Oceanía está compuesta por una serie de islas que demuestran ser tan variadas tanto en su etnografía como en su política gubernamental. Es una gran región que abarca conjuntos de islas separadas no solamente por el mar, sino por culturas muy diferentes. Países de ascendencia predominantemente europea como Australia y Nueva Zelanda han demostrado estar a la altura de las circunstancias en cuanto a controlar de manera eficiente la pandemia de coronavirus. El contar con gobernantes serios y epidemiólogos preparados generó la combinación ideal para que sus poblaciones tengan las herramientas necesarias para contener eficazmente el avance del Covid-19.

 

En el resto de las naciones (en donde la etnografía es mayormente aborigen), las erráticas decisiones de sus gobiernos para hacerle frente a situaciones críticas como un nuevo virus altamente contagioso y letal, los ha colocado en posiciones de gran vulnerabilidad. Al igual que al sur del continente africano, Oceanía es una región en donde las colonias inglesas forman grandes comunidades que cuentan con medios propios para enfrentar de mejor manera las situaciones adversas.

 

Es realmente muy esperanzador el hecho de que Australia y Nueva Zelanda han prácticamente erradicado el virus del Covid-19. Sería aún mejor todavía percibir en sus gobiernos una actitud más integradora con respecto a las poblaciones indígenas que históricamente supieron poblar esos territorios. La segregación racial puede ser tan nociva como una pandemia y, en este respecto, las regiones más europeizadas de Oceanía tienen mucho trabajo por delante.

 

 

 

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en: 
The Diplomat: How Well Has Australia Managed COVID-19? (https://thediplomat.com/2020/04/how-well-has-australia-managed-covid-19/)
CNN: How New Zealand ‘eliminated’ Covid-19 after weeks of lockdown. (https://edition.cnn.com/2020/04/28/asia/new-zealand-coronavirus-outbreak-elimination-intl-hnk/index.html)
The Sidney Morning Herald: ‘Very tough’: Jacinda Ardern warns Kiwis of hard economic winter. (https://www.smh.com.au/world/oceania/very-tough-jacinda-ardern-warns-kiwis-of-hard-economic-winter-20200513-p54sj7.html)
The World: Malaysia eradicated Nipah virus. Now it’s a leader in the battle against coronavirus. (https://www.pri.org/stories/2020-05-12/malaysia-eradicated-nipah-virus-now-it-s-leader-battle-against-coronavirus)
Carnegie Endowment: Coronavirus Blunders in Indonesia Turn Crisis Into Catastrophe. (https://carnegieendowment.org/2020/04/29/coronavirus-blunders-in-indonesia-turn-crisis-into-catastrophe-pub-81684)
Creative Spirits: Racism in Aboriginal Australia. (https://www.creativespirits.info/aboriginalculture/people/racism-in-aboriginal-australia)

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