Written by 1:10 am reflexiones, semana

Serie sobre Comunicación: Adele. Capítulo I: El interés

Las relaciones se consolidan gracias al interés. Cuando se aprende a conectar los intereses, los objetivos pueden parecer mágicamente comunes.

Adele

 

En la primavera de 2007, Adele aceptó el pedimento de Karl. Se casaron en verano, habían sido novios por dos meses. Fue amor a primera vista. Él era un hombre de mediana edad y ella una joven de 19 años. Mientras Karl iba a su trabajo como director ejecutivo de una firma que se abría camino en el mundo tecnológico, Adela iba a la universidad.

“En un matrimonio la pareja no tiene por qué querer las mismas cosas ¿O sí?

¿Deben tener los mismos intereses?”

Ella era muy apasionada y siempre positiva, él en cambio era muy racional, el amor entre ambos saltaba a la vista, eran muy felices.

En el tercer año de carrera de Adele, Karl recibió una muy buena noticia, iría a Corea del Sur por un año para sentar las bases de la compañía en aquellas tierras. Llegó a casa más temprano de lo acostumbrado, con la buena nueva, con una Pizza y una botella de vino Luigi Bosca Malbec 2012, un vino argentino que a ella le encantaba.

Adele dejó de preparar la cena y se sentaron a conversar sobre el asunto, mientras comían y bebían. Karl supuso que ella quedaría fascinada y así fue. Lo que nunca previó fue que Adele sería enfática al decir que no interrumpiría su carrera, a ella le parecía muy bien que aprovechara esa gran oportunidad, mientras ella seguiría yendo a la universidad. 

Para él la respuesta de su esposa no era lógica, a menos que el amor ya no fuera el de antes.

“Quizás un hombre de 58 años percibe un año de manera diferente a como lo hace una joven de 22”

Esa noche Karl solo pensaba en lo que era mejor hacer. No aceptar el ofrecimiento y desaprovechar la oportunidad, aceptarlo y poner en riesgo su matrimonio o intentar convencer a Adele de que viajara con él. Solo tenía dos semanas para hacerlo. No durmió casi nada durante la noche, casi al alba consiguió hacerlo, al despertarse ya Adele no estaba, eran más de las 8 a.m. Vio una nota en la cocina que decía: _hoy me quedaré en casa de mi amiga Sophie, te ama… Adele.

Karl llamó al trabajo, dijo estar indispuesto y se fue a caminar al parque. Mientras caminaba se le ocurrió llevar a su esposa a un lugar perfecto para pedirle que viajara con él. Ambos habían querido ir desde hacía tiempo a Burgos, España, arrendar una cabaña y estar en contacto con la naturaleza y alejados de todo. Hizo los trámites y dejó todo preparado para la sorpresa. Un fin de semana como siempre lo soñaron.

Adele estaba encantada con la idea, Karl se mostraba emocionado y aliviado. Le planteó lo que pasaba a su jefe y obtuvo una licencia de 3 días. El viaje a Burgos fue un poco largo; pero era algo que habían querido hacer desde antes de casarse. Nunca se habían tomado unas vacaciones, aunque solo fuera por 3 días.

El viaje resultó más entretenido de lo que imaginaron, Adele conoció a un viejo amigo de Karl, quien increíblemente resultó ser el dueño de la cabaña que arrendaron. Estaban conmovidos, jamás pensaron que se pareciera tanto a lo que habían imaginado, era una hermosa casa reconstruida de un molino, su entrada estaba flanqueada por árboles y flores, las paredes eran de piedra y la vista era fantástica.

El primer día fue muy apasionado y le siguieron días de paseo y compenetración. El último día en la tarde Karl le pidió a su esposa que en nombre de su amor le acompañara en el viaje. Ella le confesó que su interés estaba centrado en el culminar su carrera, ejercer como Psicóloga y tener su propio consultorio. Él le contó que la oferta económica era muy atractiva, que tendría una participación en el negocio y que podrían comprar una nueva casa. Adele con voz dulce le dijo que sus intereses eran muy distintos a los suyos; pero que eso nada tenía que ver con el amor que ambos se profesaban.

“¿Qué hubiese ocurrido si Karl hubiese enfocado el asunto en función de los intereses de su amada esposa?”

Él solo comenzó a expresar el interés que tenía y ella el suyo, eso parecía haber creado una brecha en la relación. La pareja volvió a casa y en una semana, Adela fue a despedir a su esposo al aeropuerto.

Corea atrapó de inmediato a Karl, se esforzó tanto que logró en tres meses lo que habían calculado hacer en seis. Las cosas marchaban muy bien, solo que hablar con Adele era algo complicado porque cuando llegaba del trabajo, a eso de las 10 de la noche, eran las 11 de la mañana en Estados Unidos y a esa hora ella estaba en clases. A veces apenas hablaban un par de minutos por Whatsapp. Los mensajes de voz funcionaban mejor.

La comunicación fluía mejor los fines de semana, cuando Adele no iba a la biblioteca o cuando Karl no hacía algo extra en la oficina o tenía un encuentro con algún cliente.

Así fue pasando el tiempo, ambos seguían diciéndose que se amaban y mientras ella hablaba de la universidad, él lo hacía de su trabajo.

La empresa en la que trabajaba Karl fue vendida y los nuevos dueños estaban muy interesados en mantenerlo en Corea, dados los excelentes resultados que había alcanzado. No solo le mejoraron las condiciones, sino que también fue promovido a vicepresidente del consorcio. Karl estaba en una carrera en franco ascenso, nada podía estar mejor. Pero eso significaba que debía quedarse en Corea.

Adela viajó para el momento del nombramiento y la celebración, le pareció un lugar asombroso, la oficina, donde vivía Karl, todo era formidable. Pero todavía le faltaba un año para titularse y además ella también tenía una noticia excelente, había conseguido una beca para hacer un post grado de 2 años en la misma universidad. Así que los amantes, estaban cosechando el éxito producto de sus esfuerzos.

Después de una semana, Adele volvió a Estado unidos y Karl se quedó en Corea. El día siguiente, Karl entraba en otro nivel de su trabajo, ahora comenzaría a hacer negociaciones directamente y debía formar un equipo multidisciplinario que le acompañara. En su apoyo llegó Birgitt Boysen, una exitosa ejecutiva sueca que conocía muy bien sobre negociaciones tecnológicas.

Continuará…

 

Todas las personas tienen intereses diferentes; pero siempre hay cosas comunes. Si alguien quiere un cambio de conducta en el otro o en los otros, se comienza a trabajar la relación desde lo común, se crea una conexión sólida que ayude a que una conversación, una tarea, un objetivo llegue a feliz término.

Para conocer los intereses de otros hay que escucharlos activamente, significa que lo que se diga (el discurso) debe hacerse desde esos intereses no desde los propios.  Si uno puede hacerlo (el interesado en provocar un cambio), el resultado será mejor para los dos o para el equipo. La fractura llega cuando pareciera que no hay nada común que nos una.


En esta serie de 4 capítulos, expreso mis ideas y opiniones sobre La Comunicación y cómo esta mejora las relaciones humanas.

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