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La puerta, Natsume Sōseki

Las relaciones conyugales, no son un asunto fácil de trabajar. El amor y la pasión pudieran ser vistos como los elementos fundamentales de una relación; pero nada está más alejado de la realidad.

El matrimonio es parte de una cultura, de una forma de hacer las cosas y en cada sociedad es diferente. De modo que tratar de verlo desde la generalidad es un gran error.

En la cultura japonesa, de comienzos del siglo XX, el matrimonio llega del acuerdo entre familias. Luego de una cita familiar en una casa de té, se presentan los novios, si el encuentro resulta positivo, el novio entrega un abanico a la novia, solo se ven desde lo lejos y prosiguen otra serie de acuerdos y actividades que concluyen en el ritual del casamiento. El amor poco tiene que ver.

“¿Es el amor una condición fundamental para el matrimonio?”

En los albores del siglo XX, de un Japón entrando a la modernidad, se presenta una magnífica obra literaria de las más reconocidas en Japón y el mundo, se trata de “La Puerta” del laureado escritor Natsume Sōseki y tiene como tema la vida conyugal.

Las relaciones matrimoniales son tratadas como tema central en la última parte de la vida del autor. Y esta conmovedora novela, La Puerta, cierra la trilogía que comenzó con Sanshiro en 1908 y siguió con Daisuke en 1909. Para cuando presenta la obra, ya era Sōseki un reconocido escritor.

La mente maestra.

Sōseki, fue el seudónimo que escogió el autor. Un hombre de linaje samuray, que fue entregado a unos sirvientes ante la situación decadente de los padres. La casta samuray había perdido gradualmente su poder, el mundo cambiaba y los menos afortunados quedaban atrás.

Fue maestro y después de un tiempo, recibió una beca para estudiar en Inglaterra. La tristeza que se ve en las últimas etapas como escritor, ponen en evidencia las muchas penurias que sufrió mientras estuvo fuera en aquel lugar.

Su regreso como profesor de la Universidad imperial de Tokyo y algunas sencillas obras literarias lo condujeron a alcanzar la fama en pocos años. Su momento había llegado con la obra Soy un Gato. Ahora la fortuna le sonreía.

En el marco de esta fama concibió La Puerta. Si bien en sus primeras obras tenían una importante carga de comicidad, las últimas eran profundas y tristes. Así terminó escribiendo el más célebre novelista japonés Natsume Sōseki.

A la calma siempre le azota, cuando menos, una tormenta.

La vida y su conflicto son mostradas en la historia de Sōsuke y Oyone, un matrimonio, que se hizo casi de manera furtiva. La pareja de clase trabajadora buscaba abrirse paso en centro político japonés, Tokyo. La vida era tranquila, ellos habían conseguido compenetrarse mucho. Tenían una relación que se fundamentaba en el respeto y la comprensión, valores muy arraigados en la cultura japonesa y que el autor se esfuerza en hacer notar.

Los días transcurrían en la imperturbabilidad, la discreción de su criada ayudaba a que aquel hogar, alejado del centro de la ciudad, se mantuviera como el mar más sereno. Tal era la fuerza que unía a aquella pareja en cuerpo y alma, que parecía algo imposible de vulnerar.

Pero hay en el pasado, algo que parece ser mejor dejarlo en la oscuridad.

“La vida es muy dinámica y lo que parece inalterable es solo una ficción, porque la regla que domina es el cambio, que se presenta tarde o temprano, con intensidad o sutileza; pero su fuerza es capaz de moverlo todo”.

El tío de Sōsuke muere, esta situación lleva a que el protagonista reciba en su casa a su hermano, Koroku. Su llegada trajo consigo un aumento en los problemas, su economía estaba en muy malas condiciones y a toda esta situación se agregaba la deteriorada salud de Oyone. El invierno estaba por llegar y eso no era lo ideal para una recuperación.

La dificultad.

Cuando todo es controlado, algo que es propio de esta cultura, quebrar ese delicado vidrio puede ocasionar heridas difíciles de tratar. Cuando la dificultad llega en un ambiente de tranquilidad y paz, el agua se vuelve turbia y no deja que se refleje bien lo que le rodea. La mente se vuelve confusa y las decisiones que se toman no son las más convenientes.

Cuando se presenta un mal momento, pareciera que este atrajera a otro y que no dejarán de aparecer más y más.  Se pudiera decir que es una prueba de fortaleza necesaria para poder ir al siguiente nivel.

La condena del pasado.

Un robo desencadena una serie de acontecimientos que terminan en un encuentro con parte de un pasado indeseable. Sakai, sufre un robo y contacta al casero, inesperadamente se produce el encuentro con Sōsuke, quien hace una buena relación con el acomodado hombre.

Una cosa lleva a la otra y el hermano de Sakai llega a Tokyo, con ello también llegan los problemas y la angustia para Sōsuke.

“¿Se puede dejar el pasado atrás completamente o es algo de lo que jamás se podrá huir?”

La pareja había creído que su pasado no los afectaría más, que eran capaces de superarlo todo solo con dejarlo guardado en un baúl. Culpa y castigo, sentimientos que la pareja creía haber suprimido con el olvido, uno que jamás existió, parece que solo hacía falta un detonante para que este pasado explotara con toda su intensidad.

Vivir en el pasado, anclarse a él o hacer como que este no existió, no son recomendadas para una vida plena, en paz, feliz. Por el contrario, ocasionan un mal con el que es difícil vivir, la angustia, el remordimiento, son un peso muy grande que cargar ¿No le parece?

En la búsqueda de la paz.

El matrimonio de Sōsuke y Oyone está impregnado de pecado, y Sōsuke, con Oyone enferma, decide recurrir a un monasterio zen para conseguir en su mente y su espíritu la paz que tanto necesita.

La puerta es un libro que navega por el turbulento mar de las relaciones entre las personas. Por entre los misterios que cada ser humano oculta y con los cuales en algún momento tiene que enfrentarse. No importa si se cree en el destino o no, tarde o temprano lo oculto saldrá a la luz y no hay nada que se pueda hacer para detener eso.


En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en la obra de Natsume Sōseki, “La Puerta”.

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