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Distopía: ¿Fantasía o realidad?

Las distopías han estado cada vez más presentes en nuestros libros de ciencia ficción. La Distopía se define como la visión de un mundo o sociedad negativa, toma elementos como la pobreza masiva, la desconfianza pública, la miseria, el sufrimiento o la opresión y crea nuevas realidades extremando esos escenarios o problemas. La mayoría de los autores de ficción distópica exploran al menos una de las razones por que las cosas son así, a menudo como una analogía acerca de problemas en el mundo real. En palabras de Keith M. Booker, la literatura distópica se utiliza para «proporcionar nuevas perspectivas sobre las prácticas sociales y políticas problemáticas que de otro modo podrían darse por sentado o considerados natural e inevitable».

La literatura distópica nace en 1921, cuando el ingeniero ruso Yevgeni Zamiatin publica «Nosotros», presentando a unos seres sin nombre que sufren bajo el yugo del poder absoluto. Así, la distopía imagina un futuro carente de privacidad y libertades, en la que la ciencia y la tecnología sirven para que unas élites todopoderosas esclavicen a la humanidad.  ¿Les suena familiar? Y es que hay que ser sinceros, muchas de estas realidades de ficción literaria en los últimos años han pasado a ser de simples novelas a libros de consulta a modo de profecías sobre lo que pasa en el mundo y lo que está por venir.

Llevamos en algunos casos más de dos meses en cuarentena, el mundo entero vive una situación que parece escapársele de las manos a todos. Los gobiernos en todas partes hacen agua sobre cómo controlar el virus que ha puesto de rodillas a nuestra civilización, y si bien no es una enfermedad mortal y terrible como las que podríamos encontrar en muchas novelas apocalípticas, debemos admitir que ha reseteado la realidad como la conocemos a nivel mundial. ¿Quién puede predecir que va a pasar en un futuro cercano? ¿Quién se atreve a comprar pasajes para las vacaciones del próximo año? ¿O a sacar un préstamo para la casa de los sueños? En algunos casos es aventurero planear nuestras vidas en los próximos dos meses. Esta pandemia ha hecho del 2020 el año con un gran signo de interrogación al costado. Eso en el mejor de los casos, ya que para muchos se ha convertido en el año en el que perdieron o perderán su trabajo, el año en el que se separaron de su relación de 10, 15, 20 años… Y quienes viven el drama completo son aquellos que enfermaron o tienen algún familiar enfermo, quizás muerto debido al virus. Las imágenes de los entierros y de cómo se vive la pandemia en el día a día pueden resultar desgarradoras. ¿Pero acaso todo esto es nuevo? ¿No veníamos viviendo en una clase de distopía ya? Puede que ahora sea más gruesa, mas tosca, más evidente pero ciertamente las distopías en los libros de ficción ya se colaban desde hace buen tiempo en nuestra realidad.

Varias pancartas en la Marcha de las Mujeres en Washington de 2017 decían: “¡Que Margaret Atwood vuelva a ser ficción!” y “Octavia nos lo advirtió”. Estas pancartas aluden a El cuento de la criada, una novela donde amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy. Las noticias sobre el aumento de las prohibiciones al aborto legal en Estados Unidos y de recortes al presupuesto de la organización de salud femenina Planned Parenthood sí parecen escenas directas de la novela de Atwood. Así mismo, la novela Parable, de Octavia Butler es el primero de dos libros publicado en 1993 donde nos habla de un candidato presidencial que promete “hacer grandioso a Estados Unidos otra vez”.

Pero ¿Las distopías son profecías de nuestro tiempo o más bien incentivos para nuevas realidades en las que se pueden inspirar sus lectores?

En The Dreams Our Stuff Is Made Of: How Science Fiction Conquered the World, Thomas Disch le llama a este intercambio entre ficción y realidad “visualización creativa”. El mundo de los negocios se ha empezado a usar. Los diseñadores de iPhone y Kindle mencionan que se han inspirado en algunas obras de ficción. Boeing, Nike, Ford e Intel han contratado empresas de prototipos, de proyección del futuro o de construcción de mundos para desarrollar productos. El autor Brian Merchant, en una publicación en la plataforma Medium, comentó: estas compañías “hacen lo que la ciencia ficción siempre ha hecho: construir mundos suntuosos y especulativos, describir la abundancia y los peligros de esos mundos y, finalmente, vislumbrar cómo se derrumbaría ese futuro”. 

La palabra “ciberespacio” apareció por primera vez en la novela Neuromancer de William Gibson (1984), para describir una “alucinación consensual… una representación gráfica de información abstraída de los bancos de datos de todas las computadoras del sistema humano”.

Y así como este ejemplo hay muchos más, el género ha predicho las tablets, los implantes biónicos, las video llamadas o los autos eléctricos. Pero ¿Qué pasa cuando no solo vaticinas una realidad del futuro, sino que también la inspiras? ¿Acaso no se discute y se elaboran teorías conspirativas sobre si la pandemia fue de causa natural o una creación del hombre? ¿No leemos noticas sobre las tensiones entre EEUU y China? ¿O como los países europeos piden explicaciones al gigante asiático sobre verdaderos datos de la enfermedad?

El caso es que sea como fuere que haya surgido esta nueva realidad, este 2020 con guiños de distopía, es fútil elucubrar teorías sobre el origen o rompernos la cabeza del porqué nos ha sucedido todo esto. La realidad es una y está tocando fuerte a nuestra puerta. Y creo que quizás, así como las distopías pueden haber inspirado futuros nefastos y oscuros, también pueden ser la clave para encontrar un remedio a estas nuevas realidades que se nos avecinan.

Las personas se dividen en dos grupos cuando se trata de leer novelas o ver alguna trama de ficción en sus dispositivos. Están los que se sumergen en libros felices o películas que muestran escenas que hasta hace poco nos resultaban familiares y reconfortantes, como es el ir a tomar un café o salir de fiesta con amigos, realidades a las que hemos renunciado hoy en día y no sabremos cuándo volverán y si volverán tal cual las conocíamos antes. Y están las personas que consumen realidades de ficción apocalíptica, ven videos o películas de pandemia y de caos social y político. A estos últimos se les tilda de oscuros, fatalistas o masoquistas, no contentos con vivir una realidad complicada, se llenan la cabeza de mayores malos augurios para el futuro próximo. Sin embargo, puede que no sea del todo dañino. Puede que parte de esa búsqueda sea el encontrar un sentido o significado a esta nueva realidad, en vez de esperar sentado con la esperanza de que todo esto pase y volvamos a lo que conocíamos como “La normalidad”.

Las distopías en la ficción pueden ser no solamente un escape de la realidad, sino también un ejercicio de aprendizaje. ¿Qué clase de sociedad queremos que surja de todo esto? ¿Cuáles son las acciones que debemos tomar tanto individual como colectivamente para no repetir escenarios idénticos a los de los libros? Más allá de los eventos catastróficos que muestran las distopías, debemos recordar que no solo es una visión de un posible futuro sino también un manual sobre las soluciones para ese posible escenario.

 

 

En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.nytimes.com/es/2019/03/14/espanol/cultura/ciencia-ficcion-distopia.html
http://lalecturaesunplacer.com/testimonial/17902
https://es.wikipedia.org/wiki/Ficci%C3%B3n_ut%C3%B3pica_y_dist%C3%B3pica

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