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Los opiáceos, la pandemia oculta de los EEUU

La crisis de los opiáceos afecta diariamente la vida de millones de norteamericanos. Producto del abuso y la dependencia que generan sus potentes efectos narcóticos, se trata de una crisis que es exacerbada por la codicia de los grandes laboratorios farmacéuticos. Es una problemática que causó el astronómico costo de U$D2.5 trillones de dólares para la economía norteamericana entre el año 2015 y 2018. Pero, por sobre todas estas cuestiones, existe la destrucción social que aqueja a los familiares de aquellos pacientes que caen en la dependencia de los millones de opiáceos que legalmente son recetados en los EEUU cada año. Se trata de una crisis que resulta mucho peor que la pandemia actual provocada por el coronavirus. Es un mal que aqueja principalmente a los países desarrollados y para el que, lamentablemente, no parece encontrarse una solución en el futuro inmediato.

 

A fines de la década de los 90, la industria farmacéutica de los EEUU le aseguró a la comunidad médica que los pacientes no corrían el riesgo de volverse adictos a los opiáceos, por lo que las prescripciones comenzaron a emitirse a todo ritmo. Poco tiempo después, comenzaron a surgir múltiples reportes de casos de fuerte dependencia y sobredosis como resultado del abuso de drogas derivadas de la morfina. El problema fue escalando exponencialmente año a año, hasta que en octubre de 2017 el Departamento de Servicios Humanos y de Salud (HHS) norteamericano declaró la existencia de una emergencia de la salud pública.

 

Fue precisamente aquel mismo año en el que los servicios de salud de los EEUU recetaron más de 191 millones de prescripciones de opiáceos como tratamiento para el dolor de sus pacientes. 11 millones de estas personas no utilizaron este medicamento de la manera correcta, es decir, como un último recurso para aliviar una dolencia física. No hay dudas de que el uso de opiáceos puede justificarse en aquellos casos en los que otras drogas menos potentes son inefectivas, pero muchas veces, su potencial adictivo y de abuso tiene desastrosas consecuencias para la salud y la vida del paciente.

 

Se estima que alrededor de 100 personas por día mueren en los EEUU por sobredosis de opiáceos. Si bien muchas de ellas se relacionan con sus derivados más potentes, como la heroína y el fentanilo (los cuales se consiguen de manera ilegal), no hay que descontar el hecho de que las adicciones de las personas fallecidas generalmente comenzaron con el abuso de opiáceos recetados.

La correcta administración de estos potentes fármacos siempre debe estar acompañada del constante seguimiento de un médico calificado. Sin embargo, existen ciertos factores que dificultan el debido procedimiento que es preciso observarse para que exista un tratamiento adecuado al utilizar opiáceos. Muchos pacientes (sobre todo aquellos con tendencias adictivas) no pueden abandonar la narcótica sensación que les provee esta droga, aún después de que el dolor que motivo su uso desaparece. Como consecuencia, se produce la dependencia de esta sustancia, muchas veces conduciendo al usuario a buscar alternativas más potentes –y letales- como la heroína o el fentanilo.

 

El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca estima que el costo económico derivado del abuso de opiáceos alcanzó los U$D696 billones de dólares en el año 2018 (el 3.4% del PBI de los EEUU). Ese monumental gasto público es ocasionado por los costos de atención hospitalaria, pérdida de la productividad, tratamientos de adicción y los consecuentes procesos criminales. Resulta evidente el hecho de que, si una crisis similar afectara a cualquier país del Tercer Mundo, ocasionaría efectos catastróficos en su economía. De aquí es que surge la pregunta, ¿por qué razón la crisis de opiáceos afecta tan profundamente a los estadounidenses?

 

Si bien esta no se trata de una problemática que aflija exclusivamente a los EEUU, este país es el que consume el 80% de la producción mundial de opiáceos. En cuanto al resto del mundo, países como Irlanda del Norte, Dinamarca, Alemania y Canadá también sufren las nefastas consecuencias que ocasiona el abuso de los medicamentos basados en la morfina. Es interesante notar que en los países subdesarrollados no existe un abuso de los opiáceos recetados por una sencilla razón: resultan demasiado costosos. Paradójicamente, mientras que en el Primer Mundo las personas mueren por la excesiva oferta que existe de estos medicamentos, en los países más empobrecidos las personas lo hacen a causa de una falta de un tratamiento efectivo para el dolor.

 

La raíz del problema que surge del abuso de opiáceos se origina con las agresivas campañas de marketing por parte de los fabricantes de medicamentos. A mediados de la década de los 90, la industria farmacéutica introdujo al mercado una de las drogas más prescriptas por la comunidad médica para el tratamiento del dolor: el Oxycontin. Su fabricante, Purdue Pharma, inició entonces (junto a sus competidores) una fuerte campaña para promover fraudulentamente los beneficios de esta potente droga que desencadenó un uso masivo e irresponsable.

 

Mediante tácticas como ganar la influencia de legisladores, dictar seminarios de educación para doctores y financiar organizaciones médicas, los fabricantes de opiáceos promocionaban la eficacia, seguridad y baja capacidad adictiva de sus medicamentos. Inclusive enviaban a representantes de sus laboratorios para convencer a los médicos la prescripción de ellos a sus pacientes. A cambio, los profesionales de la salud recibían bonos anuales que los motivaban a dispensar estas drogas con una gran falta de responsabilidad ética de su parte. Finalmente, en el año 2007, Purdue Pharma debió pagar una multa de U$D635 millones de dólares por instalar falsamente en la sociedad la idea de que el Oxycontin no generaba adicción.

 

Generalmente, los pacientes que desarrollan una dependencia hacia los opiáceos recetados terminan por comprar heroína en el mercado negro, ya que se trata de una alternativa más barata y fácil de conseguir que drogas legales como el Oxycontin. Los resultados de las autopsias de aquellos usuarios que murieron por sobredosis indica que la heroína que se consigue en las calles muchas veces está mezclada con fentanilo, un anestésico que es entre 80 y 100 veces más potente que la morfina.

 

En el año 2018, 67.000 personas murieron por sobredosis en Norteamérica, siendo casi el 70% de esos fallecimientos causados por el abuso de opiáceos. Si bien es innegable reconocer que el uso correcto de estas drogas resulta necesario en los casos de dolores extremos, también se debe tener en cuenta que poseen con un extraordinario poder para generar adicción.

 

Los gobiernos de aquellos países en donde se dan la mayor cantidad de muertes por sobredosis de opiáceos deben trabajar arduamente en la educación de la comunidad médica, el control de las tácticas de marketing de los laboratorios y la ayuda médica para aquellos pacientes que generan una dependencia hacia estas drogas. Lamentablemente, de acuerdo a las cifras anuales que arrojan las estadísticas de los organismos de salud de los EEUU, se trata de una lucha que actualmente se está perdiendo.

 

En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en
White House: The Full Cost of the Opioid Crisis: $2.5 Trillion Over Four Years. (https://www.whitehouse.gov/articles/full-cost-opioid-crisis-2-5-trillion-four-years/)
America Federation of Teachers: Opioids, A Global Epidemic. (https://www.aft.org/resolution/opioids-global-epidemic)
The Conversation: The other opioid crisis – people in poor countries can’t get the pain medication they need. (https://theconversation.com/the-other-opioid-crisis-people-in-poor-countries-cant-get-the-pain-medication-they-need-56205)
HHS: What is the U.S. Opioid Epidemic? (https://www.hhs.gov/opioids/about-the-epidemic/index.html)
Choose PT: 7 Staggering Statistics About America’s Opioid Epidemic. (https://www.choosept.com/resources/detail/7-staggering-statistics-about-america-s-opioid-epi#:~:text=In%202017%2C%20prescription%20opioids%20were,overdoses%20related%20to%20prescription%20opioids. )
Nature: Tracing the US opioid crisis to its roots. (https://www.nature.com/articles/d41586-019-02686-2)

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