Written by 11:06 pm reflexiones, semana

Lo que deberíamos dejar atrás

Este año 2020 no va a ser uno más de esos años imperceptibles donde no recuerdas bien con quienes celebraste tu cumpleaños o cuantas veces saliste de fiesta con los amigos, mucho menos será un año donde es casi imposible saber que hiciste entre marzo y abril o a principios de mayo. Este 2020 no se nos va a olvidar jamás, ni a nosotros ni a lo que resta de la humanidad el tiempo que nos quede por vivir en el planeta. La pandemia mundial del 2020 va a ser un acontecimiento histórico perpetuo en nuestra historia, incluso algunos sugieren que puede ser el inicio de partida para culminar la era contemporánea y embarcarnos en una nueva era, un cambio de tiempo, un nuevo comienzo. Y, sin embargo, creo que nadie es tan aventurero como para arriesgarse a dar una idea de lo que podría ser esa nueva era. Estamos tan sumergidos en la ola, tan en el inicio de la cresta, que no tenemos idea de cómo desembocará y hacia donde, con que fuerza seremos sumergidos en estas nuevas aguas y que hacer para salir a flote.

Sin embargo, hay unas cuantas cosas que la pandemia nos ha dejado muy en claro y que, si no modificamos nuestro patrón de conducta, el precio que podríamos pagar va a ser muchísimo más alto del que ya estamos pagando en la actualidad. Con menos margen de error y letalmente recargado.

¿Cuáles son esas costumbres que deberíamos desterrar de una buena vez por todas, o por lo menos hacerlas de manera más equilibrada y armónica para con nuestro ambiente?

Reducción de emisiones

Apostar por una naturaleza sana, funcional y rica en especies es nuestra mejor protección contra infecciones por patógenos. Y no solo a través de la biodiversidad. La naturaleza puede frenar el polvo del desierto y reducir la contaminación atmosférica, dos vehículos que propagan virus y que acentúan los síntomas respiratorios en los pacientes afectados por la COVID-19.

Somos conscientes que debido al confinamiento este va a ser el año en el que por fin se verá una reducción de emisiones a escala mundial. Producimos menos, nos movemos menos, consumimos menos y, por lo tanto, emitimos menos. Deberíamos aprovechar esta situación excepcional para analizar si todo lo que hacemos es verdaderamente necesario. ¿Hemos encontrado en todos estos años algo más de felicidad en el derroche inconsciente de recursos? ¿Y qué pasará con ellos cuando de verdad los necesitemos? Cuando un pequeño virus nos ponga de rodillas y veamos que no somos más especiales que nadie. Y que al igual que cualquier otra especie que cuida su existencia, debe de “guardar pan para mayo”. Como el cuento de la hormiga y la cigarra. Igualito. Ya es mucho tiempo siendo cigarras huecas e inconscientes.

Las funciones que una naturaleza sana hace por nosotros, entre ellas la de protegernos de zoonosis, son impagables.

 

Los servicios públicos

Como una de las grandes prioridades de cualquier gobierno, se debería reforzar los sistemas de atención de salud y reivindicar la asistencia médica para todas las personas, respaldada con recursos suficientes.

Tenemos que valorar los servicios públicos y exigir que sean mejores. Que sean públicos de verdad, que siempre estén bajo control público, respondiendo al interés y bienestar de la mayoría y no a intereses corporativos.

La pandemia ha hecho más que evidente la fragilidad de los sistemas de salud de todo el mundo, incluidos aquellos que se basan principalmente en la capacidad individual para acceder a asistencia médica y pagarla. Este virus ha demostrado por demás, que el individuo sólo está protegido si todo el grupo está protegido.

Es imperativo adaptar la seguridad social a estos nuevos tiempos. El coronavirus golpea con más fuerza a las personas de menos posibilidades económicas, evidenciando la aguda desigualdad de nuestras sociedades. Quienes se ganan la vida en el sector de la economía informal no cuentan con ningún tipo de seguridad social o seguro de vida, aunque presten servicios esenciales a la sociedad; lo mismo en el caso de las mujeres que realizan la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado en todo el mundo. ¿La pandemia nos ayudará a dar el impulso hacia una protección más inclusiva?

 

La realidad Online

¿Estamos usando las herramientas tecnológicas de las que disponemos al 100% de su potencial? Muchos han comprobado que para muchas profesiones es más que factible el trabajo remoto. Y si no puede ser realizado en su totalidad online, si se puede avanzar muchísimo desde casa. Como dijimos antes, a menor movimiento y consumo de recursos para desplazarnos, menor la cantidad de emisiones para el planeta. Además, nos permite estar más tiempo presentes en nuestro hogar, el lugar en donde supuestamente vivimos y al que por naturaleza deberíamos dedicarle un mayor tiempo. Muchas veces nuestros hogares se vuelven tierra extranjera, zonas con las que no nos sentimos lo suficientemente cómodos. ¿Y si no nos sentimos a gusto en nuestros hogares? ¿Entonces dónde? Es contradictorio, ya que, en muchos casos, cuando estamos descansando en nuestras casas, lo hacemos conectados a cualquiera de los servicios o entretenimientos que podamos encontrar en internet. Usemos de la tecnología para granjearnos tiempo de calidad para nosotros mismos y los nuestros.

 

El vínculo conmigo mismo

Nada de lo antes mencionado podrá darse si no empezamos por nosotros mismos. Es el único y verdadero cambio que tenemos en nuestras manos. Si estos meses de confinamiento no han servido para hacer un análisis de nuestra vida, nuestras metas y aspiraciones. Preguntarnos ¿quiénes somos y hacia donde estamos dirigiéndonos? Si no te tomaste un tiempo para identificar tus demonios, hacer las paces con ellos o expulsarlos porque simplemente no te sirven o no aportan a la visión de lo que quieres ser a futuro. Si no lo hiciste ahora, no lo harás nunca. El tiempo es el único valor que tenemos, el tiempo de vida es la moneda con la que compramos todo aquello que nos queremos procurar, desde un vestido hasta un chocolate o diez minutos con la persona que amas. Todo se paga con tiempo. Y si no usamos ese tiempo en encontrar una forma de hacer de nosotros una mejor versión de lo que ya somos, pues entonces nada de lo anteriormente dicho podrá darse. El cambio global solo se puede dar a partir de cambios individuales, juntarlos todos en una fuerza colectiva que una vez en paz y armonizada, recién allí podrá abrazar los desafíos que este mundo ha puesto y seguirá poniendo en lo que quede de la historia humana.

 

 

En este escrito expreso mis ideas y opiniones

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