Written by 10:44 pm reflexiones, semana

¿Puede el dinero comprar la felicidad?

Vivimos en sociedades en donde el materialismo fija estándares de consumo que muchas veces se convierten en metas en sí mismas. Las publicidades, los medios de comunicación, nuestro entorno social, todos ellos promueven (a veces inconscientemente) niveles de valoración personal que generalmente se relacionan con la cantidad de dinero que tenemos en nuestra cuenta bancaria. ¿Cuánto tiene de relevante nuestra capacidad financiera en nuestros niveles de satisfacción personal? No caben dudas de que el dinero es necesario y que puede llegar a ser un excelente motivador a la hora de estudiar una carrera, buscar mejores trabajos o invertir nuestros ahorros. De acuerdo con la ciencia, la creencia de que el dinero, como por arte de magia, nos hará seres humanos más felices puede ser un grave error.

 

Según un estudio realizado en el año 2015 por las prestigiosas universidades de Yale y Cambridge, el dinero puede otorgarles mayor felicidad a aquellas personas que saben cómo gastarlo. Los investigadores accedieron a los estados de cuenta de 76.000 individuos y, paralelamente, clasificaron la personalidad de cada participante de acuerdo a la teoría de los “Cinco Grandes”. Esta teoría determina la personalidad de una persona basándose en las siguientes características:

 

  • Apertura a nuevas experiencias.
  • Responsabilidad
  • Extroversión.
  • Amabilidad
  • Neuroticismo o inestabilidad emocional.

¿Qué resultados arrojó este estudio? Al contrario del viejo refrán de que “el dinero no compra la felicidad”, este estudio pudo demostrar que, si una persona lo gasta de una manera que se relacione con su personalidad, entonces es posible experimentar un satisfactorio estado de bienestar. Es evidente que el hecho de invertir nuestro dinero en aquellas experiencias, objetos o regalos que logran generarnos un sentimiento de gratificación personal es más importante que el tamaño de nuestra cuenta bancaria. De acuerdo con este estudio, el dinero sí puede comprar la felicidad: lo importante es gastarlo correctamente.

 

Otras investigaciones similares determinaron que el dinero genera sentimientos de bienestar cuando se lo gasta en experiencias y no en objetos materiales. Un viaje a algún destino soñado, una cena con nuestra familia en un buen restaurante o una gran fiesta con nuestros amigos de toda la vida son experiencias que definitivamente dibujarán una sonrisa en nuestro rostro. El dinero, utilizado de esta manera, nos permite generar una experiencia gratificante que va más allá de la mera adquisición de un producto. Pero este último objetivo también parece tener una gran capacidad de alegrar nuestras vidas.

 

Está comprobado que la compra de objetos también puede otorgarnos una enorme satisfacción… cuando se trata de regalárselos a alguien más. Según un estudio de Aknin, Dunn y Norton (investigadores del Harvard Business School), gastar el dinero en otras personas promueve nuestra felicidad. A través de esta investigación, se llegó a la conclusión de que, aquellos participantes que destinaban su bono anual en regalos a terceros o donaciones de caridad, experimentaban una mayor satisfacción personal que aquellos que decidían gastar su dinero en ellos mismos.

 

Warren Buffett y Bill Gates son claros ejemplos de esta lógica. Ambos se encuentran entre las personas más ricas del planeta, sin embargo, hace ya bastante tiempo atrás decidieron dedicar una buena parte de su fortuna en actividades filantrópicas. Desde su Fundación Bill y Melinda Gates, el creador de Microsoft se ha desprendido de cientos de millones de dólares para mejorar la calidad de vida de las regiones más empobrecidas del planeta. Por su parte, Warren Buffett (uno de los inversionistas más exitosos de la historia) tiene decidido que, una vez que abandone este mundo, el 99% de su fortuna será destinado a obras de caridad, principalmente por intermedio de la Fundación de su amigo Bill Gates.

 

Podríamos afirmar entonces que el dinero, por sí mismo, NO genera una automática sensación de felicidad. Teniendo en cuenta los estudios anteriormente mencionados, el hecho de contar con millones de dólares en el banco y creer que un gasto compulsivo de este dinero en todo exceso imaginable haría de nosotros seres humanos más felices es un error. Sin embargo, si tenemos en cuenta que también se pudo determinar que el gastarlo de acuerdo a nuestra personalidad es lo que realmente nos satisface, un individuo altamente hedonista sería completamente feliz viviendo una vida basada en el lujo y la gratificación personal.

 

Muchos economistas y psicólogos han llegado a la conclusión de que saber invertir nuestro dinero es más importante que la mera acumulación del mismo. Aquellos que saben aprovechar un buen pasar económico y utilizan su tiempo libre en generar experiencias enriquecedoras con aquellos que los rodean pueden sentirse más satisfechos que si llevaran a cabo un desenfrenado despilfarro de su dinero en sí mismos.

Todos hemos experimentado una gratificante sensación cuando hemos podido cambiar nuestro automóvil, remodelar nuestra casa o comprarnos ropa nueva. Estos son ocasionales pequeños placeres que cualquier trabajador tiene derecho a experimentar y los cuales, sin dudas, están relacionados con nuestra capacidad financiera. No hay que negar la importancia de contar con los medios económicos necesarios para satisfacer las necesidades inherentes de vivir en una sociedad netamente materialista como la nuestra.

 

En 2018 se realizó un estudio en la empobrecida República de Zambia en donde se les facilitó dinero a mujeres de bajos recursos por un período de 48 meses. ¿El resultado? En todas ellas pudo comprobarse un impacto favorable en su nivel de felicidad de 7.5 a 10 puntos, sobre todo por la satisfacción generada al saber que sus hijos tendrían un mejor futuro por delante. Lamentablemente, creer que el dinero puede comprar la felicidad es tan iluso como pensar que el carecer de él no tiene la capacidad de hacernos sentir más infelices.

 

Pocos podrían debatir que aquellas personas que deben juntar cartones o botellas en la calle para que su familia pueda tener un plato de comida sobre la mesa viven en un estado emocional que podría considerarse como feliz o satisfactorio. El poder ofrecerle una buena calidad de vida a nuestra familia (casa, comida, salud, ropa, recreación) está intrínsecamente relacionado con nuestra capacidad de generar dinero. Si analizamos los extremos que se encuentran entre la pobreza absoluta y aquellas personas que poseen grandes sumas de dinero, podemos descubrir que el dinero –al menos en este modelo social- sí es capaz de proveernos de una sensación de satisfacción, seguridad y… ¿por qué no decirlo? felicidad

 

¿Acaso existe una cifra para poder comprar la felicidad? De acuerdo al Gallup World Poll, 1.7 millones de personas determinaron que el alcanzar un sueldo de U$D 75.000 al año los haría sentir más satisfechos con sus vidas. A partir de esa cifra, se generaría un nivel de estancamiento emocional, es decir, una adaptación a esa situación económica que disminuiría el sentimiento de felicidad ya alcanzado, reemplazándolo por una sensación de saciedad.

 

Debemos reconocer que hemos crecido en una sociedad donde la valoración personal muchas veces pasa por la cuestión económica. Cuando leemos en publicaciones como Forbes acerca de los estilos de vida de los billonarios más importantes sobre la tierra no podemos dejar de sentir una leve sensación de admiración y envidia. Pero, si bien la ambición puede ser un excelente motivador para el crecimiento personal, no necesariamente tiene que tratarse de una cuestión económica. Armar una familia, estudiar una carrera laboral, leer un libro o simplemente pasar el tiempo con nuestros amigos pueden terminar siendo la mejor de las metas para invertir nuestro tiempo y energía.

 

El psicólogo desarrollista Robert Kenny llevó a cabo un estudio sobre personas con fortunas superiores a U$D25 millones de dólares en el que se determinó que los ricos no son tan superficiales como creíamos. Muchos de ellos declararon que la mayor aspiración en sus vidas es la de ser buenos padres. A pesar de que reconocían que su fortuna les otorgaba más seguridad, experiencias y oportunidades, en cuanto a la vida de sus hijos ésta podía convertirse en un problema.

 

Por ejemplo, ser tratados despectivamente por ser hijos de multimillonarios que ya tienen la vida resuelta o que a ellos les sería difícil saber si las personas se acercaban a ellos solamente por su dinero. Como puede verse, el dinero no necesariamente conduce a una vida libre de preocupaciones, sino que presenta otro tipo de desafíos. Las personas más adineradas por lo general se hallan inmersas en estresantes comparaciones económicas con sus vecinos, algo que genera en ellos una sensación de enorme insatisfacción personal.

 

Como conclusión, podemos decir que la respuesta a la pregunta de si el dinero compra la felicidad es de carácter intrínsecamente personal: son las aspiraciones y valores de cada individuo las únicas encargadas de responderla. Seguramente, aquellas personas que basen su existencia en el materialismo responderán afirmativamente, mientras que los individuos cuyas ambiciones pasen por las relaciones humanas no pondrán al dinero en un pedestal. Para estos últimos, su felicidad no está relacionada con la acumulación monetaria, sino en saber invertir su tiempo en generar experiencias espiritualmente más enriquecedoras, como pasar más tiempo con la familia y los amigos. Podríamos decir que la verdadera felicidad se logra cuando decidimos gastar nuestro tiempo y dinero en los demás.

 

En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en
Association for Psychological Science: Money Buys Happiness When Spending Fits Our Personality. (https://foxfellowship.yale.edu/sites/default/files/files/Money%20Buys%20Happiness%20When%20Spending%20Fits%20Our%20Personality%20(1).pdf)
Entrepreneur: Science Says Money Does Buy Happiness If You Spend It the Right Way. (https://www.entrepreneur.com/article/309814)
Healthline: Can You Buy Happiness? (https://www.healthline.com/health/can-money-buy-happiness)
NCBI: Does money buy happiness? Evidence from an unconditional cash transfer in Zambia. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5976828/)
American Psychological Association: Money can’t buy happiness. (https://www.apa.org/monitor/2012/07-08/money)

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