Written by ciencia y tecnologia, futuro

¿Es el final de la cultura Influencer?

La clásica imagen de la chica linda, con cuerpo de modelo   que no hace más que tomarse fotos posando junto a marcas que la auspician durante todas las facetas de su vida, sin omitir mayores opiniones personales, sino siempre ajustándose a los objetivos de las marcas y a ganar más seguidores está cayendo en desuso y gracias al terrible contexto mundial que estamos viviendo va perdiendo vigencia a pasos agigantados.

Desde hace buen tiempo se viene cuestionando muchos aspectos del verdadero alcance de los Influencers, tanto en la vida de sus seguidores como en las cifras de lo que supuestamente generan o producen. Casos como el de Arii, una Influencer estadounidense de 18 años con más de 2,6 millones de seguidores en Instagram, pero que a pesar de los incontables “likes” recibidos en sus publicaciones diarias, no pudo vender el mínimo indispensable de 36 camisetas (numero requerido para iniciar una producción personalizada) al intentar sacar su propia marca, nos muestra que la burbuja Influencer es más grande y pomposa de lo que parece.

Solo un 4% de los usuarios de redes sociales creen que lo que publican los influencers en sus cuentas de Instagram es real, apunta el estudio global Wave X de UM. La saturación publicitaria de muchos de ellos y las tácticas para falsear sus logros, como la compra de ‘me gusta’ y seguidores o las falsas colaboraciones, han contribuido a generar una crisis de credibilidad ante este modelo publicitario.

Pero no solo se empieza a cuestionar su valor en el mercado y su eficacia en cuanto a ventas, cada semana hay alguna anécdota donde un nuevo Influencer es protagonista de una pérdida de credibilidad frente a su público por diversos motivos. Desde casos emblemáticos como el de Rawvana, una YouTuber especializada en comida vegana a la que se le descubrió comiendo trucha ahumada o la Influencer virtual Miquela Sousa, más conocida como Lil Miquela, que en verdad es un estudio de Los Ángeles llamado Brud. Así mismo hemos podido apreciar como en el contexto de la pandemia y de las protestas contra la discriminación racial originadas por el asesinato de George Floyd, los Influencers también han dado espectáculos vergonzosos de falsedad y evidenciando de una manera más notoria la falta de contenido, profundidad y veracidad de la que una gran mayoría siempre ha carecido.

La semana pasada Kris Schatzel, una Instagramer rusa se volvió viral luego de que alguien subiera un video de ella en una marcha de “Black Lives Matter” donde se le ve posando para la cámara, arreglándose el pelo y al mismo tiempo dificultando el paso de la marcha en sí. Un video que muestra claramente que a ella le tiene sin cuidado si todos los de la marcha deben esperar parados a que ella tome su foto perfecta en medio de la protesta, lo importante es eso: “la foto perfecta”. La marcha y lo que esta significa pasa a ser un simple decorado de contexto que ayuda a que se le vea más “cool” o “trendy”. Este tipo de comportamiento tan contradictorio y sin sentido representa muy bien todo eso que la gente ama odiar acerca de la cultura Influencer. El materialismo descarnado, el narcisismo y la importancia de la cascara antes que el contenido.

Kris no ha sido la única Influencer con conductas cuestionables en estas últimas semanas; en el contexto de las protestas contra la brutalidad de las fuerzas policiales y el racismo institucionalizado en el mundo entero, muchos Influencers rompieron su silencio y sus comúnmente posturas apolíticas para sumarse a las protestas de “Black Live Matters”, compartiendo recursos, información, videos o documentales sobre el racismo y dejando en claro que ellos no apoyan ninguna de ideas y están en contra de cualquier tipo de discriminación, ya sea de índole racial, sexual, etc.

Pero pronto muchos de ellos se vieron desenmascarados por antiguos colaboradores o empleados que daban testimonio de conductas discriminatorias o maltratos que sufrieron al trabajar con ellos.

Alyssa Coscarelli (@alussainthecity) una Influencer de la moda y editora de Refinery29, posteo una serie de publicaciones apoyando el #blacklivesmatter, pero otro compañero dentro de Refinery29, no tardó en dar testimonio y hacer público comportamientos de Alyssa de discriminación mientras compartieron el mismo espacio de trabajo, incluyendo un episodio donde ella le dijo que se callara la boca cuando él hablaba acerca del racismo en el 2017. La Instagramer tuvo que hacer pública una disculpa que más pareció una justificación o defensa. Luego volvió a publicar un comunicado mucho más extenso donde admitía sus incongruencias y pedía disculpas.

La pandemia por el Coronavirus seguida por la dura cuarentena ha sido el inicio del fin para la cultura Influencer. Ya no hay fiestas, desayunos con wafles y café moca, tampoco vemos vacaciones en lugares exóticos o fotos con lo último en moda en diversos rincones de la ciudad. Parece que en estos tiempos ha perdido relevancia gastar nuestro tiempo viendo caras bonitas rellenas de botox que buscan tener la cara perfecta para el Instagram. De un momento a otro los Influencer ya no saben que postear. Encerrados en casa sin saber qué hacer con sus vidas y sin suficientes filtros para maquillar la incómoda y difícil realidad de una pandemia universal. Y sus seguidores también han sufrido cambios. Al parecer andan lidiando con problemas más graves en sus vidas, como la enfermedad de algún conocido, el desempleo o el hecho de tener que estar contigo mismo las 24 horas del día y no haber estado preparado para tremendo reto.

Ahora que el mundo se ha puesto más serio de lo acostumbrado, que las cosas no pintan (nunca pintaron) color rosa, o que por lo menos lo sentimos más palpable y real en nuestras vidas, ahora que muchos salen a las calles a protestar porque están hartos de las injusticias que se han venido dando por años, ahora nos damos cuenta que le hemos dado demasiada influencia a las personas equivocadas. La gente está cada vez menos interesada en seguir a personajes que no dicen nada y solo postean fotos en bikini o hacen alarde de sus pectorales.

Se va notando poco a poco en plataformas como Instagram un cambio a la hora de publicar contenido. En vez de poner fotos sobre lo que comes o sobre tus mascotas, la gente ahora está compartiendo información, pidiendo firmas para peticiones de reformas sociales. En vez de seguir a gente por el físico, estamos prestando más oído a sus ideas. Generando así una nueva y más poderosa forma de influenciar en donde de verdad ejerzas una influencia, un cambio de pensar en otros en vez de simplemente representar a los que piensan como tú. Esperemos que todo esto contribuya a darle menos importancia a lo superficial y nos haga buscar algo más real y que sea verdaderamente significativo.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en: 
https://www.semana.com/tecnologia/articulo/los-influencers-viven-su-peor-momento-se-acerca-su-fin/626428
https://jenifergeronimo.com/influencer-estilo-de-vida-o-moda-cultura-mainstream/
https://www.apertura.com/negocios/El-fin-de-los-influencers-como-los-conocemos-Transformaciones-que-son-tendencia-en-el-mundo-20180508-0004.html

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