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¿Cómo era la propaganda en la Antigua Roma?

Creer que la propaganda, la publicidad y el control de masas mediante una «verdad oficial» han surgido en la época contemporánea, es engañarnos a nosotros mismos. Cuanto más leemos de historia de la Antigua Roma y del mundo grecorromano, más nos damos cuenta de que somos sus hijos directos y más comprendemos que nuestras sociedades se han fundamentado en los pilares del antiguo imperio.

Así, si atendemos a la forma de hacer política, la publicidad, el comercio, los discursos del Senado, el ansia de poder de los emperadores más déspotas, la forma de concebir un partido político y un largo etcétera por parte de los romanos, encontramos numerosas similitudes con una sociedad occidental del siglo XXI.

Para sustentar un pueblo y contentar a sus gentes, sobre todo en la época del Imperio después de la caída de la República, se necesitaba una corriente de información dominante, algo que legitimase las acciones del emperador y el modo de vida establecido alrededor de él. Nacía así la propaganda y se perfeccionaba el arte del control de masas.

 

Los bárbaros y las persecuciones

 

Si observamos las infinitas historias que se contaban en el arte romano (literatura, arquitectura, pintura, inscripciones, etc.), podemos ver un elemento predominante: los bárbaros.

Para los romanos, los bárbaros eran la contraposición de lo que significaba ser parte de la República o del Imperio. Roma era considerada el gobierno de la ley, la civilización, la paz, el progreso, mientras que los bárbaros eran todos aquellos pueblos allende las fronteras (y también aquellos cultos establecidos dentro de su territorio) con los que guerrearon en numerosas ocasiones.

Desde la conquista de las Galias por parte de Julio César y su comentario sobre las tribus germánicas hasta la desacreditación de judíos o cristianos, los bárbaros y todos aquellos que amenazaran la estabilidad del imperio desde el interior, eran representados con características comunes y muchas veces exageradas. Al igual que ocurría con otras civilizaciones antiguas, los romanos representaban a los conquistados con peinados y ropajes característicos y muy diferenciables. A su vez, se describía su modo de vida como algo precario, con pocos ropajes, economía agraria muy básica, viviendo en tiendas, compartiendo sus mujeres, etc. Se intentaba dar así la imagen de romanos como guías de la civilización y aquí sería interesante hacer un símil con la conquista de América por parte de las potencias europeas.

El poder de la propaganda contra los bárbaros es tan fuerte que la literatura que se conserva sobre su modo de vida parte en gran medida de sus conquistadores, con lo que dificulta la labor de entender verdaderamente la naturaleza de estos pueblos bárbaros. A día de hoy, seguimos viendo cómo muchos gobiernos y naciones siguen utilizando este concepto de barbarismo para representar todo aquello diferente a la corriente oficial que pueda suponer una amenaza para sus intereses, tanto proveniente del exterior como del interior. El conservadurismo en muchas naciones se ve como garante de una forma de vida estable, respetando las tradiciones y los valores históricos de una cultura.

Sin duda alguna, la propaganda era vital en las legiones y sus muchas campañas de conquista en las que sus objetivos estaban justificados por un elemento de moralidad superior y necesario.

Culto a la personalidad

El culto a la personalidad ha sido una constante a lo largo de la historia desde el amanecer de la civilización. Sobre todo a partir de Julio César y de su trágica muerte, los romanos perfeccionaron este concepto con la figura de Augusto como pacificador después de interminables guerras civiles que azotaron la República.

Nadie antes había sustentado tanto poder en Roma desde tiempos de la Monarquía. La aversión a los reyes llevó al primer princeps a construir una delicada relación entre su figura como emperador y el Senado, donde en esencia, contaba con el poder supremo. El Senado mantuvo su existencia, pero relegado de gran parte del poder que tenía antaño.

Augusto es considerado uno de los maestros de la propaganda. Se construyeron estatuas con su imagen, se le adoraba junto a Júpiter (el Zeus romano), se acuñaba en las monedas, se le representaba con una austera toga, etcétera.

El objetivo de Augusto era paternalista. Quería que el pueblo romano lo viera como el padre de la patria, un gran general a la vez que un estadista y un protector del pueblo. Con su imagen, se aglomeraban los valores romanos en una sola persona a la que rendir culto y fidelidad.

 

Una civilización de civilizaciones

La propaganda de la Antigua Roma evolucionó con los siglos, para expandirse desde una minoría de la población como los soldados, hasta todos sus ciudadanos.

En años del emperador Adriano (117-138 d. C.), las fronteras se consolidaron y la propaganda evolucionó para definir lo que significaba ser romano. El imperio en el año 117 d. C. contaba con su mayor extensión y estaba formado por una gran variedad de pueblos, religiones y culturas.

Fue en ese momento cuando la cultura griega fue abrazada más que nunca y se promocionó la idea de que el imperio era un logro cultural que incluía y defendía un gran número de valores y sensibilidades desde Gran Bretaña hasta Oriente Próximo. De esta manera, con la unión y la lealtad al imperio, se aseguraba la supervivencia de las tradiciones y las identidades propias de cada pueblo.

A lo largo de la historia, se ha utilizado el concepto propagandístico de naciones invasoras o revoluciones para ser representados como benefactores y expandir la idea de que se realizaban en aras del interés común. Podemos observar como en la Antigua Roma, esta línea de la propaganda era vital para intentar incluir a los diferentes pueblos sometidos bajo el auspicio del imperio.

La ciudadanía romana fue extendiéndose gradualmente a través de los siglos hasta que finalmente, el Edicto de Caracalla otorgó la ciudadanía a todos los habitantes libres del imperio.

 

La propaganda actual

Nacionalismo, adoración de un líder, propaganda política… Los romanos definieron muchas de las civilizaciones que surgieron tras su caída y aunque éstas fueron construidas sobre religiones y culturas muy diferentes, su influencia llega hasta nosotros.

Solo necesitamos comparar cómo funcionaba la vida política en tiempos del imperio y cómo funciona la política en una sociedad occidental del siglo XXI. Todos somos hijos de la historia. Por eso es tan importante comprender el pasado para construir un futuro y sobre todo, para no repetir los errores.

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en: 
http://www.bbc.co.uk/history/ancient/romans/romanpropaganda_article_01.shtml
https://es.wikipedia.org/wiki/Ciudadan%C3%ADa_romana#Obtenci%C3%B3n_de_ciudadan%C3%ADa

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