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El misterio de la Gripe Rusa

La Humanidad ha sufrido muchas pandemias, pero la más importante es también la menos conocida. Surgida en 1889, la Gripe Rusa es casi un retrato del actual coronavirus y por eso es importante que volvamos a estudiarla.

Es probable que pensemos que no hubo nada igual a la pandemia por el coronavirus, que el mundo ya no será igual y que estamos en el fin de los tiempos. Las exageraciones abundan, incluso las acertadas. Pero lo cierto es que los humanos hemos atravesado muchas pandemias, algunas mucho más letales y horribles que la actual.

En noviembre de 1889, en San Petersburgo apareció un brote de casos por una enfermedad similar a la influenza en San Petersburgo, Rusia. Pronto, la “Gripe Rusa” se extendió por toda Europa.

Durante el brote de 1889, los medios de comunicación se vieron abrumados por los informes sobre la propagación de la gripe. En estas primeras etapas, la enfermedad se propagaba rápidamente y el nerviosismo abundaba. La información era escasa, conflictiva y a veces exagerada. Los anteriores brotes de gripe habían provocado. Por lo tanto, los informes de los periódicos tendían a ser de naturaleza alarmista o sensacionalista. ¿Te recuerda a algo?

Al principio de la epidemia, muchos periódicos imprimieron una lista con todas las grandes ciudades europeas. Describían tanto el lugar donde se había extendido la gripe como las estadísticas de mortalidad y morbilidad. Además de los errores numéricos en los informes, también había confusión en el campo de la medicina. Los médicos no estaban seguros si clasificar la enfermedad como dengue o gripe, y a veces se equivocaban al diagnosticar una en vez de la otra.

Una cosa estaba clara: mucha gente se estaba enfermando. Sin embargo, a medida que los médicos de toda Europa comenzaron, a mediados de diciembre, a disipar el misterio que rodeaba a la enfermedad, el tono de los periódicos pasó de alarmista a cauteloso y tranquilizador. Una vez que quedó claro que la enfermedad era muy rara vez mortal, muchos informes afirmaban que la enfermedad tenía “un carácter benigno” y que no había nada de qué preocuparse.

¿Pero esto fue realmente así?

 

La importancia de la Gripe Rusa

Los virus que “saltan” de los animales a los humanos han causado varias pandemias a lo largo de la Historia. Y si bien la “gripe española” es la más conocida, en el siglo XX hubo otros dos brotes pandémicos de gripe: el “asiático” (1957-58) y el “hongkonés” (1968-69).

Pero la primera gran pandemia del siglo XIX es la Gripe Rusa. Hay quienes afirman que mató a un millón de personas, aunque no hay cifras oficiales y el debate sigue abierto. Sin embargo, los científicos la consideran la primera “verdadera epidemia” en la era de la bacteriología. Por eso piensan que estudiarla es importante.

Se debe tener en cuenta que el virus de la gripe necesita evolucionar continuamente para evadir su mayor amenaza: nuestro sistema inmunológico, que produce anticuerpos para deshacerse de él. Las pandemias, como la “gripe rusa” o la actual Covid-19, se producen cuando una cepa diferente emerge con nuevos genes de un virus animal que “pasa” a las personas.

Todas las pandemias de gripe que se han producido a lo largo de la historia están asociadas sólo a unas pocas cepas virales, que toman su nombre de dos proteínas: H (hemalulutanina), para adherirse a las células, y N (neuraminidasa), para liberarse de las infectadas e infectar a las nuevas.

 

Cuando comenzaron a investigar la “gripe rusa”, los científicos pensaron que se originaba de una cepa del virus de la gripe A, identificada como H2N2. Entonces supieron que en realidad era el virus H3N8

Pero uno de los datos de la “gripe rusa” que más desconcertó a los científicos y a la población de la época fue la rapidez con que se propagó: sólo se necesitaron seis semanas para propagarse por Europa, y otras seis para extenderse por todo el mundo.

Los primeros casos se observaron en tres lugares separados y distantes: Bujara, en Asia Central (Turquestán), Athabasca, en el noroeste del Canadá, y Groenlandia.

El rápido crecimiento demográfico del siglo XIX, especialmente en las zonas urbanas, contribuyó a la propagación de la gripe. Se cree que las líneas de ferrocarril fueron clave en esa propagación.

Ante el aumento del número de muertes, algunos gobiernos comenzaron a tomar medidas para prevenir la propagación de la enfermedad, desde el cierre de colegios y empresas, hasta la reducción de los servicios de transporte. También se cancelaron las celebraciones y los funerales.

En cuanto al origen, más de 130 años después todavía no está claro.

 

Una historia misteriosa

Una de las dificultades para poner fin a la “gripe rusa”, al igual que en las pandemias posteriores, fue la dificultad de detectar los síntomas, similares a los de un resfriado común. Tampoco había un tratamiento eficaz.

El fracaso de la medicina convencional, que no sabía cómo abordar el problema, estimuló a químicos inescrupulosos a vender píldoras o pociones sin eficacia comprobada. Los curanderos promovían remedios que en algunos casos eran iguales a la enfermedad.

Finalmente, se optó por recomendar el reposo en cama y el aislamiento, pero la recomendación llegó tarde y no siempre se aplicó. Tres décadas después, la historia se repitió con la pandemia de la “gripe española”.

La “gripe rusa” fue en gran parte olvidada y fue eclipsada por la mucho más devastadora “gripe española”. Pero permitió dar a un mundo cada vez más interconectado una lección que muchos ignoraron.

Hoy, más conectados que nunca, sufrimos por el Covid-19. ¿Será momento de que aprendamos de una vez y para siempre?

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones

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