Written by 6:45 pm reflexiones, semana

¿Por qué es tan necesario desarrollar la empatía?

Es cierto. A veces es muy complicado ser empáticos en una sociedad que nos exige ser competitivos al máximo con la promesa de prosperar en la escala social.

Los seres humanos somos individuos sociales y como tal, necesitamos de la comprensión de los que nos rodean; no solo de aquellos que amamos sino también de aquellos con los que necesitamos entendernos.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto? ¿Qué hay detrás de la empatía que nos resulte un enigma a descifrar?

La empatía y la búsqueda de la felicidad

Los psicólogos aseguran que las personas empáticas son generalmente más felices y productivas en el trabajo que aquellos que no lo son. Aunque la división y la segregación haya sido una norma constante en los tiempos recientes, esto no puede ser más cierto y es algo que necesitamos resaltar.

La verdad es que si dejásemos de juzgar tan rápidamente a todo lo que nos parece incomprensivo o diferente y entendiésemos las razones detrás de las acciones de muchos de los que nos rodean, nuestro día a día podría beneficiarse de una mayor salud mental, traduciéndose en una mejor calidad de vida y un equilibrio mayor.

No se trata de no reaccionar a las influencias externas ni tampoco de ignorar al resto. Se trata simplemente de comprender y de actuar en consecuencia y con la madurez necesarias para que nuestra calidad de vida no se vea deteriorada por las acciones de los demás, pero poniéndose a la vez en el lugar de la otra persona.

Sin embargo, la evidencia del declive de la empatía también está ahí. Muchos creen que el sentimiento de empatía hacia los nuestros ha ido decayendo en las últimas décadas, sobre todo en los últimos 30 años.

¿Tendrá algo que ver la evolución de nuestra sociedad?

Un individualismo extremo

La década de los 70 supuso un cambio más importante de lo que muchos quieren admitir y es que significó el comienzo de una nueva forma de ver las relaciones interpersonales, sobre todo a lo que trabajo y economía se refiere.

Por ejemplo, al estadounidense medio en el año 1979 obtenía una puntuación empática de un 4 sobre 5, mientras que en el año 2009 esta puntuación bajó a un 3 sobre 5.

La economía ha ido progresando a un ritmo vertiginoso hacia el individualismo. Ya en la década de los 70 comenzó un proceso de desregularización financiera con el que las empresas comenzaban a invertir en nuevos campos y se abrían al comercio internacional como nunca hasta ese momento.

El equilibrio formado desde la Segunda Guerra Mundial, sobre todo desde los Acuerdos de Bretton Woods para el equilibrio de las divisas más poderosas del mundo fue relajándose poco a poco. El mundo comenzaba a evolucionar hacia una nueva era. La competencia extrema aumentaba y las relaciones personales evolucionaban junto a ella.

Por si esto fuera poco, la crisis del 2009 y la tímida respuesta tanto de los gobiernos como de los organismos internacionales para detener la sangría del paro juvenil, agravaba la sensación de lucha por el «pedazo de tarta». No es difícil ser algo empáticos precisamente y entender la situación de un joven recién salido de la universidad, donde tiene que luchar con cientos de candidatos para conseguir un empleo precario y temporal.

La empatía mueve el mundo

La lucha por labrarse un futuro digno define la psicología de toda una generación. Si los jóvenes tienen la percepción de que su camino va a ser prácticamente una batalla campal, es muy difícil que crean que la empatía, y no la competencia, sea la solución.

No obstante, la empatía es conexión. El dolor y el estrés que experimentamos en la vida por la falta de oportunidades o un incremento constante de la dificultad de nuestro día a día, se reduce conectando con los demás. La conexión humana no solo proporciona una sensación de alivio y de pertenencia a un grupo, sino mayores oportunidades para el desarrollo.

Por supuesto, necesitamos unas condiciones materiales mínimas para sentirnos satisfechos, pero la empatía puede acercarnos a ello. Al sustituir la competencia sin escrúpulos por la cooperación, todo cambia, incluso en los momentos más difíciles, ya sea provocados por una crisis económica como por una crisis social. Ambas van irremediablemente unidas en la mayoría de las ocasiones.

De hecho, se está viendo como la pandemia del coronavirus ha ocasionado que los países con mayor sensación de colectivismo han conseguido resistir el azote con mayor eficiencia que aquellos que se basan en una concepción más individualista de la sociedad.

Más abrazos y menos pantallas

Internet cuenta con un potencial enorme y resulta también un peligro igualmente importante. Las personas nos fijamos más en las malas noticias que circulan a nuestro alrededor y esto es completamente normal, ya que nuestro cerebro actúa automáticamente al detectar amenazas que nos ayuden a sobrevivir.

La comunicación con nuestros seres queridos es ahora más fácil que nunca, ya que podemos utilizar nuestros móviles en cualquier parte del mundo a cualquier hora; una auténtica revolución. Sin embargo, esto no es suficiente ni puede funcionar como un sustitutivo de nuestras relaciones sociales.

Volviendo al tema de la pandemia, muchos de nosotros nos hemos dado cuenta o hemos reafirmado que la comunicación online no produce el mismo efecto que la comunicación en persona. Las interminables horas de nuestro trabajo y de nuestros quehaceres diarios antes de la pandemia nos ofrecían la excusa perfecta para no socializar en persona y sustituirla progresivamente por una comunicación por texto. y en menor frecuencia, por llamada o videollamada.

Esto puede ser una herramienta temporal, pero no es suficiente. Necesitamos hablar cara a cara con los nuestros, observar las reacciones de la otra persona en tiempo real, mirar a los ojos, comprender, estudiar, responder en consecuencia. Es muy difícil desarrollar la empatía aislados, extremadamente individualizados y únicamente mediante las redes sociales o los servicios de mensajería.

En definitiva, la empatía mueve el mundo y necesitamos conectar con los demás en carne y hueso. Tenemos que dejar de escuchar a los demás únicamente para responder nosotros. Es hora de hacer un esfuerzo y construir un mundo más empático en el que nos preocupemos por los demás, a la vez que nos desarrollamos como personas íntegras e independientes. Ambas son compatibles.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.kqed.org/mindshift/54497/why-intentionally-building-empathy-is-more-important-now-than-ever

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