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El eterno (y renovado) misterio de la Mona Lisa

Quizás no haya una pintura más conocida que la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci. Explicar a qué se debe tanta fama es probablemente imposible, pero muchos dicen que el misterio y la atracción de la obra se debe a la sonrisa o mejor dicho al gesto de su protagonista.

Recientemente, un grupo de científicos reveló que los ojos súper rápidos de Da Vinci podrían haberlo ayudado a capturar mejor esa enigmática sonrisa. Según parece, el genio italiano poseía este poder sobrehumano, compartido con, por ejemplo, los mejores jugadores de tenis o béisbol.

Gracias a su vista rápida, Da Vinci logró capturar con precisión las expresiones fugaces de pájaros y libélulas mientras vuelan. Esto no es una novedad absoluta. Desde hace tiempo los historiadores de arte hablan y discuten sobre los ojos rápidos de Da Vinci. Pero un nuevo estudio, encabezado por el profesor David Thaler, de la Universidad de Basilea, ha tratado de demostrar cómo el artista del Renacimiento le dio a sus pinturas una profundidad emocional inaudita.

Thaler afirma que el ojo de Da Vinci era tan preciso que pudo detectar que las alas delanteras y traseras de una libélula están fuera de sincronía, un descubrimiento confirmado cuatro siglos después con la invención de las cámaras fotográficas.

Da Vinci, que vivió entre 1452 y 1519, logró capturar en un dibujo cómo las alas delanteras de las libélulas se elevan cuando las traseras bajan. Este don del artista fue, según Thaler, lo que le permitió capturar los secretos de la Mona Lisa.

“La sonrisa de la Mona Lisa es tan enigmática porque representa el momento de la ruptura de una sonrisa. Y el ojo rápido de Leonardo la captó y la sostuvo”, dijo Thaler en una entrevista[1].

 

Una habilidad extraordinaria

Para Thaler, la mayoría de los humanos tenemos recuerdos formados por imágenes fijas, no en movimiento. Pero Da Vinci fue capaz de captar el momento justo antes de que una sonrisa se evapore.

Para medir esto, Thaler y un grupo de científicos aplicaron la “frecuencia de fusión de parpadeo”, una función similar a los fotogramas por segundo de una película. Debido a que nuestra frecuencia de parpadeo es lenta, sólo podemos construir una imagen en tres dimensiones con el rejunte de muchas imágenes mal enfocadas.

Leonardo se dio cuenta de que podía congelar las imágenes separadas con las que construimos nuestra percepción. Para ver claramente la diferencia en el movimiento de las alas de la libélula, el artista tendría que haber tenido un rango de frecuencia de 50 a 100 cuadros por segundo. El promedio de una persona está entre 20 y 40 por segundo.

 

Los retratos nocturnos de Da Vinci

 

Thaler también afirma que el artista usó la psicofísica, todavía un misterio hoy en día, para comunicar belleza y emoción. El dominio de Leonardo de la técnica del sfumato, que sutilmente difumina los bordes de las imágenes y crea un efecto 3D, le permitió hacer expresiones realistas y le dio una mirada íntima a sus retratos.

Thaler cree que Da Vinci logró un enfoque suave selectivo en los retratos al pintar con luz nublada o nocturna, donde las pupilas de los ojos se agrandan para dejar entrar más luz. Esto parece confirmarse por lo que el propio artista escribió en su cuaderno: “Por la noche y cuando el tiempo está apagado, qué suavidad y delicadeza se puede percibir en los rostros de hombres y mujeres…”

 

Los incontables enigmas de la Mona Lisa

La Mona Lisa está llena de misterios. ¿Quién es esa mujer de ojos embrujados? ¿Es realmente una mujer? ¿Qué significa su sonrisa? ¿Surgió en los sueños de Da Vinci? Incluso se han descubierto varias Giocondas…

La suposición más aceptada sobre el origen de la obra es que la modelo fue una tal Lisa Maria Gherardini, que se convirtió en Lisa del Giocondo después de casarse con un rico mercader llamado Francesco di Bartolomeo di Zanobi del Giocondo.

Otra hipótesis en boga sugiere que el rostro de la Mona Lisa sería el de Catalina Sforza, princesa de Forli. También se dice que el retrato fue encargado por Julien de Medicis y reprodujo una de sus amantes: Pacifica Brandini de Urbino o Isabella d’Este. Hasta se ha dicho que la Mona Lisa era sólo un recuerdo de la madre de Leonardo da Vinci, o una representación divina de una persona que nunca existió.

Además, por supuesto, está la sonrisa. Durante siglos se ha discutido si la Mona Lisa sonríe, si está feliz o si está triste. Con el desarrollo de los programas informáticos de “reconocimiento de emociones”, se supo que con precisión que está un 83 por ciento feliz, un 9 por ciento asqueada, un 6 por ciento temerosa, un 2 por ciento enfadada, menos de un 1 por ciento neutra y un 0 por ciento sorprendida. Sin embargo, muchos han dicho que la sonrisa cambia dependiendo de dónde se mire y en qué ángulo y distancia. En un primer plano, el detalle fino da la impresión de una expresión recatada. Pero desde lejos, parece sonreír sin ataduras.

Gracias a la utilización de microscopios, también se ha descubierto la presencia de una serie de letras y números pintados en el lienzo. En el ojo derecho de la Mona Lisa, aparecen las letras “LV”, que representan el propio nombre del artista. En el ojo izquierdo, se pueden ver los contornos poco claros de las letras “CE” o posiblemente una “B”. El puente del fondo tiene el número “72” o la letra “L” seguida de un “2” pintado en su arco. Todavía nadie sabe bien qué significan.

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en

[1] https://www.20minutos.es/noticia/4296848/0/secreto-da-vinci-libelula-mona-lisa/

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