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Ladrón, falsificador y artista: la increíble vida de Erik, el Belga

Su verdadero nombre era René Alphonse van der Berghe, pero todo el mundo lo conocía como Erik el Belga. Durante muchos años fue famoso por falsificar y robar obras de arte, sin embargo, durante la última etapa de su vida, después de pasar un tiempo en la cárcel, participó en obras de caridad, sobre todo en ayudar a la Iglesia Católica.

Erik vivía en el barrio de El Palo, en Málaga, y recientemente murió en un hospital a la edad de 81 años, tras un ataque al corazón por complicaciones de la diabetes que padecía desde hacía años.

Erik el Belga alcanzó su fama en los años 70 por falsificar obras de arte, lo que le llevó a la cárcel en tres ocasiones. Su vida, inmortalizada en su autobiografía “Por amor al arte”, parece sacada de una película.

 

De soldado a ladrón

Erik se unió al ejército belga cuando era joven, y allí conoció a alguien de España que le enseñó el idioma. A los 25 años, tras su salida del ejército empezó a robar obras de arte. Sus clientes le decían qué obras querían y dónde estaban, y le encargaban a Erik que fuera a buscarlas. Algunas estaban en muy mal estado, así que Erik también aprendió a restaurar pinturas.

Entonces descubrió otro gran talento, la falsificación de obras de arte, y empezó a robar obras de unos 50 museos de todo el mundo, reemplazándolas por falsificaciones que él mismo había diseñado. Eran tan buenas que muchas de sus víctimas nunca se dieron cuenta de que sus originales habían sido robados. Incluso se dice que algunos museos todavía exhiben copias pintadas por Erik el Belga sin saber que los originales ya no están en su poder.

En su momento, Erick justificó su accionar diciendo que las obras no estaban siendo cuidadas forma adecuada y por eso merecían estar en mejores manos. 

 

Una carrera delictiva sin parangón

Apasionado del arte español, Erik fue arrestado por primera vez en Soria en los años 60, cuando intentaba robar en una iglesia. Años más tarde fue detenido en Bélgica, pero logró escapar y volver a España, de donde nunca más salió. Se especializó en robar en pequeñas iglesias de zonas rurales de Cataluña, Aragón y Castilla y León, y así obtuvo al menos 40 cuadros. 

Su tercer arresto, en 1982, llegó después de que se entregara voluntariamente. Quería dejar su vida clandestina y salir de su escondite. Con los pocos delitos que pudieron probarle, pasó tres años en una cárcel de Barcelona. Le ayudó el hecho de haber devuelto mucho de lo que había robado: unas 1.500 piezas que estaban en mejor estado cuando fueron devueltas a sus legítimos dueños que cuando las había tomado. Por supuesto, él mismo las había restaurado.

Con el tiempo, Erik dejó de copiar obras de arte y comenzó a crear sus propias obras. Donó muchas de ellas a conventos, iglesias y organizaciones benéficas religiosas.

 

Magritte y Van Gogh

La abogada defensora de Erik, de nombre Nuria Gutiérrez de Madariaga, fue quien logró la libertad condicional para el ladrón artista. Pero además se convirtió en su séptima esposa. Se dice que Erik tuvo seis hijos de siete madres diferentes. También se dice que nunca mató a nadie en el curso de sus innumerables golpes hechos con un toque artístico. Después de todo, Erik era un verdadero artista que estudió en la Academia Real de Bellas Artes de Bruselas, a la que asistían artistas tales como Magritte y Van Gogh.

 

¿Existe el arte falso?

Según un informe de la agencia AFP[1], se cree que el 50% de las obras de arte que circulan en el mercado son falsas. Pero hay quienes dicen que ese número llega hasta el 70 o 90%. Eso quiere decir que la mayoría de las obras que vemos no son realmente las obras. Pero ¿eso importa realmente?

Los especialistas cobran hasta 15.000 euros para verificar las pinturas mediante una serie de técnicas. Entre ellas se incluyen los rayos X, los escáneres infrarrojos y la datación por radiocarbono. A veces, las falsificaciones se pueden detectar fácilmente: muchas de ellas han sido pintadas sobre otras obras por la necesidad de utilizar un lienzo adecuadamente envejecido o pintado con pigmentos que no coinciden con su supuesto artista o período de tiempo. Otras requieren pruebas más complejas y costosas.

Para la mayoría de los mortales no hay manera de saber si una obra es falsa o no. En cierto punto esto irrelevante. El falsificador, como bien lo muestra la vida de Erik, puede ser tanto o más talentoso que el artista original. El tema se ha debatido por décadas, y excede claramente los límites de esta nota, pero alcanzará con decir que la falsificación pone al descubierto lo mecánico del arte.

Se suele atribuir a los artistas un talento natural o cierto aura de misticismo en su obra. Sin embargo, el artista es antes que nada un trabajador, un estudioso, y a su modo también un falsificador. Ninguna obra de arte es, de alguna manera, pura u original. Esto lo sabía bien Erik el Belga, y por eso su legado es tan o más importante que el de los artistas muchas veces anónimos que fueron víctimas de sus robos.

 

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en

[1] https://artdaily.com/index.asp?int_sec=11&int_new=73562#.VDt7bhYZUsA

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