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¿Se debe separar al artista de su obra?

Este es un debate de muchas generaciones. ¿Es posible separar al artista de su arte? ¿Qué pasa cuando nos enteramos que tal o cual artista y sus obras son parte de una polémica debido a las decisiones que esa persona toma en el ámbito privado?

Tenemos ejemplos en abundancia, tanto a nivel histórico, como actuales. ¿Qué pasa con los artistas que son contemporáneos y que de alguna forma al apoyarlos o al consumir su arte les estamos dando beneficios en el presente?

¿Es posible admirar el arte sin tener en cuenta la vida personal de quien la crea? Y aquí cabe hacer una diferencia, ya que una cosa es no estar de acuerdo con declaraciones o formas de pensar de artistas, como el reciente caso de J.K. Rowling en el que ella fue rápida y duramente criticada por fans y otros artistas acerca de sus comentarios sobre la gente trans género. Pero otra cosa es las denuncias que hay sobre muchos famosos que incluyen violación o acoso sexual. ¿Qué se le debe perdonar a un artista?

Esta reflexión que no es nueva, se muestra tan necesaria cada tanto debido a las constantes denuncias que poco a poco van saliendo sobre diversos artistas. ¿Qué se hace o cual debería ser nuestra postura cuando nos enteramos que detrás del creador de Pulp Fiction hay denuncias sobre acoso? ¿Escuchamos o no seguimos escuchando los discos de Michael Jackson luego de los documentales que se publicaron sobre él y su supuesta pedofilia? Kavin Spacey es un gran actor, eso nadie lo duda, pero ¿Está bien que continúen sus proyectos a pesar de las múltiples acusaciones de acoso sexual? ¿El cine debería darle la espalda? ¿Se le debería vetar ejercer su carrera? ¿Qué se hace?

La respuesta parece muy sencilla, ya que por lo menos con los artistas que siguen vivos, lo más razonable sería decir: que se les procese y que paguen su condena, ya que han cometido delitos penados por cárcel. Pero al parecer ser alguien famoso o con poder te salva de mucho, entre tantas cosas, el ir a parar a la cárcel y que pagues todo cuanto has hecho de daño a la sociedad o sus miembros. Si los estados o la ley no los condenan, ¿qué podemos hacer nosotros?

Creo que el primer impulso es separar al artista de su arte, sin embargo, es muy cuestionable calificar esta postura como congruente. ¿Se puede criticar ciertos delitos y al mismo tiempo admirar a quienes los cometen? Quienes defienden esta postura citan muchos ejemplos, como el de Picasso, acusado de misógino y maltratador de sus amantes. También recuerdan a Caravaggio, quien era un matón, pero sigue siendo admirado hasta el día de hoy. Es verdad que muchos artistas son transgresores y de personalidades muy particulares y todo eso juega en parte al darles nuestra admiración, pero la pregunta siempre surge no por aquellos que son parte de la historia del arte y que ya no viven el presente, sino por aquellos que han cometido crímenes en nuestros tiempos y siguen viviendo nuestro presente.

Sin duda podemos juzgar el arte en diferentes términos. Se puede ver una pieza bajo criterios estéticos y por otro lado las acciones del artista bajo un criterio legal. Pero ¿cómo tratar a nuestros contemporáneos en esta situación? ¿Compramos sus libros, pinturas o música sin importar que sean acosadores o violadores? ¿Los seguimos nominando a premios? ¿Se les debe retirar los ya otorgados? ¿Se debe seguir exhibiendo sus obras en espacios públicos? ¿Qué va primero? ¿Talento o ética?

Nadie por talentoso que sea debe estar por encima de la ley. Puede que no haya nada que hacer acerca de Picasso o Caravaggio, pero definitivamente estamos implicados en lo que respecta a la vida de artistas como Polanski, Spacy o Tarantino.

Creo que queda en cada uno de nosotros saber qué consumir con respecto al arte. Pues hay que recordar que al elegir aquellos artistas polémicos que hemos decidido seguir consumiendo a pesar de sus “errores” (crímenes en muchos casos) en su vida personal, les estamos dando más poder, tanto económico como de influencia en la sociedad.

Hay que señalar también que puede haber una diferencia en la forma de consumirlo, ya que esto puede ser un problema del consumidor final. Creo que es licito preguntarse si este conflicto corresponde en la misma medida al ejercicio intrínseco de consumir el producto cultural de un artista, o bien al poder de influencia, prolongado en el tiempo, que éste ha ejercido o mantiene dentro del circuito artístico en el que opera.

Creo que no existe un “deberíamos” cuando se trata de intereses personales y de lo que cada cual hace con su vida privada, creo que puedes escuchar a Michael Jackson mientras limpias la casa un domingo por la mañana o mirar Cinema Paradiso  frente al televisor con un balde de pop corn, sin embargo, cuando se trata de la esfera pública de la vida, no deberíamos dar a los personajes cuestionables más poder o privilegiarlos con más plataformas de las que ya tienen, ya que de esa forma solo ayudamos a que el abuso continúe y sus crímenes queden impunes.

Me parece válido no censurar, quienes están fuertemente cuestionados pueden seguir ejerciendo y haciendo su arte, pero al mismo tiempo me parece que no es necesario que esas mismas personas sigan subiendo a escenarios o podios a recoger premios, dar discursos o ser respaldados por entidades artísticas o gubernamentales. Que aquel que quiera seguir haciendo su arte lo haga, pero al ser moralmente cuestionable y al cometer delitos contra la sociedad, es preciso tomar medidas al respecto para que su poder de influencia no se siga extendiendo y generando más posibilidades de abuso de poder gracias a su influencia.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones

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