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Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman

Cuestionar lo existente, lo establecido, es lo que hace al ser humano racional; pero la urgencia y la confianza excesiva hacen que se tomen decisiones atendiendo más a la emoción que a la razón. ¿Se puede manejar esta parte de la naturaleza humana para hacer juicios más acertados?

PENSAR

Los seres humanos hemos desarrollado capacidades para hacer razonamientos cotidianos que nos han ayudado a hacer frente al dinamismo social en el que vivimos. Ya sea por referencias culturales o por estudios previos, nos fijamos unos comportamientos en relación a ciertos estímulos que parecen ser automáticos. Muchos son prejuicios cognitivos, son falacias y eso puede hacer ver al humano como un ser irracional.

¿Cómo pensamos para tomar decisiones?

Tomar decisiones es algo que se hace habitualmente, desde decidir si se levanta al sonar el despertador o tomarse unos 5 minutos más para hacerlo, hasta decidir si es momento de comprar acciones en Wall Street en vez de abrir un fideicomiso para cubrir los estudios de su hijo en la universidad. Ambas decisiones se ven afectadas por la forma como pensamos y saber cómo funciona el proceso podría ayudar en mucho para alcanzar los objetivos deseados.

Daniel Kahneman, connotado psicólogo y premio Nobel de economía en 2002, que logró por haber integrado los aspectos psicológicos como el juicio y la toma de decisiones en ambientes de incertidumbre a la economía, escribió un libro que es referencia mundial para economistas, políticos, médicos etc., su título es: “Piensa rápido, piensa despacio” y es una excelente herramienta para saber cómo tomar decisiones, si obedecer al hombrecito en nuestra cabeza que nos dice que pensemos rápido o escuchar al que dice que pienses despacio.

Los dos sistemas de kahneman

El divide el funcionamiento del cerebro en dos sistemas. El sistema 1, que es el rápido, es más intuitivo y responde a la emoción y el Sistema 2, que resulta más lento, más lógico, está sujeto a la deliberación. Mientras el primero responde de primera mano, el segundo duda, busca argumentos para soportar lo que parece obvio.

El pensamiento rápido tiene la facultad de influenciar al individuo y hacer que las impresiones rápidas, intuitivas, perduren en el pensamiento y en consecuencia en el actuar. Por eso se repiten los errores y se incurre en desviaciones.

La consciencia y la inconsciencia

¿Toma sus decisiones, pensando rápido o pensando despacio? Imagine que va conduciendo y un perro se atraviesa, si lo esquiva chocará de frente contra otro auto, si no, arrollará al canino. ¿Piensa rápido o piensa despacio?

No todas las decisiones ameritan un pensamiento despacio y no todas demandan un pensamiento rápido. No todo lo que se cree y en lo que muchas veces se basa una decisión es real, tal vez puede ser algo que se ha repetido por mucho tiempo y se asume como una ley. Muy lejos de eso está la realidad, a la que hay que entender, sometiendo cada situación, según el contexto, a un escrutinio, a un análisis.

Hay un problema cuando se tiene un juicio cognitivo inconsciente que desvirtúa la realidad y si un modelo trabaja sobre ese supuesto

¿Qué cree que ocurrirá?

El autor manifiesta que tenemos un exceso de confianza, que creemos que sabemos cómo funciona el mundo exactamente. Ese Sistema 1 puede ser perturbado por el Sistema 2, porque lo invita a detenerse a pensar, reduce la confianza excesiva, se analizan más las cosas y eso produce un estado de mayor alerta al hacer un juicio o al tomar una decisión.

El primero (la inconsciencia) propone y el segundo (la consciencia) dispone; pero ¿Es así como funciona en realidad? A entender del autor, no. El verdadero comandante de la acción es el sistema 1. Aunque no hay que dejarse llevar, hay que dudar, analizar, no importa que al final la orden sea inconsciente; pero luego del análisis. Ambos sistemas son ficciones útiles -así llamadas por Kahneman- para entender mejor a la mente.

En el libro conseguirá cuadros, descripciones y ejemplos con los que el autor documenta la obra. Encontrará, entre otras, una de las falacias conseguidas por medio de sus experimentos con su socio y buen amigo Amos Tversky, la falacia de la planificación. Explica, que “es solo una de las manifestaciones de un prejuicio optimista que se ha generalizado”. Indica, además, que el optimismo protege a las personas y a las empresas de otro prejuicio como la aversión a las pérdidas. Se tiende no valorar las ganancias por un mayor temor a las pérdidas que puedan darse.

Las dos caras de la felicidad

Kahneman, también aborda el tema de la felicidad y comenta de la poca fiabilidad de la memoria. Lo hace porque antes que él, la felicidad se medía desde el pasado. Sobre las experiencias que recordaba un individuo, él la llama “bienestar recordado”; pero ¿Qué pasaba con la experimentación de la felicidad o el dolor en el momento en el que se vive? ¿Se preguntó qué pasaría si se pudiera medir cada momento de estos y se hiciera un balance general? Él lo llama “bienestar experimentado” descubrió que las medidas de felicidad distaban una mucho de la otra.

En el bienestar recordado, se valoraba la experiencia en función del placer o dolor experimentado, la duración de la experiencia era irrelevante, todo lo contrario del que fue medido según el bienestar experimentado. ¿Quién es más feliz? Tal vez, dar por sentado algo tiene que ver en la forma como lo vemos, el Sistema 2 cuestiona y puede hacer que el rumbo de un proyecto de vida o empresarial cambie en razón del camino que se recorre para tomar una decisión.

Es un libro muy interesante, de profundidad aguda en algunos de sus pasajes. Cada minuto invertido en su lectura valdrá la pena.


En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en el libro “Piensa rápido, piensa despacio” de Daniel kahneman.

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