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El buen pastor africano: Edward Manasa

La vida de un refugiado está llena de sinsabores, de injusticias, están en esa condición no por voluntad; sino por necesidad. Cuando alguien supera todos los obstáculos y al conseguir una nueva vida ayuda a otros, eso vale la pena destacarlo.

Según datos de Naciones Unidas, África es el continente con mayor número de refugiados en el mundo. Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo, Nigeria y República Centroafricana han visto el desplazamiento de 15 millones de sus pobladores a otros lugares.

Aimjgle Nusimga, ahora se llama Edward Manasa, ahora es el buen pastor africano y es uno de los tantos que han salido, en su caso, de la República Democrática del Congo, donde nació en 1977. Ha transitado por un camino muy doloroso. Vivió por más de 20 años en Tanzania y Malawi, su hogar los campos para refugiados, él sabe lo que eso significa y por tal razón decidió ayudar a otros, que, como él, buscan abrirse camino en un mundo de costumbres e idiomas diferentes.

Aclarando el panorama

Los migrantes son personas que se van a lugares más allá de las fronteras de sus países de origen, con la intención de mejorar su calidad de vida. Para la mayoría es una aventura que se aleja por mucho de la romántica idea de ir a conocer otros mundos.

El caso de un refugiado es distinto y por eso hay una marcada diferencia entre estos y un migrante. Bien vale la pena apegarse a la definición de refugiado según la Convención de 1951, estatuto sobre refugiados de la ONU. Que dice:  que toda persona “Que, como resultado de acontecimientos ocurridos antes del 1.º de enero de 1951 y debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él”.

De África a Estados Unidos

Manasa, es el buen pastor africano que está hoy en Estados Unidos y ayuda a otros refugiados e inmigrantes organizando clases comunitarias de inglés, porque sabe que es fundamental hablar el idioma nativo del país en el que se está, para poder conseguir mejores oportunidades de empleo.

Llegar a América no fue nada fácil para él. El asesinato de sus padres, en uno de los cincuenta y cuatro países que forman el continente africano, la República Democrática del Congo, lo llevó a tomar la decisión de irse a Tanzania, luego de estar allí viviendo en un campo de refugiados, pasó a otro en Malawi donde duró 15 años.

Difícil es para alguien de la ciudad, incluso para alguien del campo, pensar en lo que significa vivir en un refugio, en donde la escasez está a la orden del día y donde es muy fácil perder la esperanza. Solo Manasa, como otros tantos refugiados, saben lo que se siente.

Los refugios grandes son miniciudades, hay escuelas, pequeños negocios, pero la vida es muy dura. Aunque se llega a uno de manera temporal, se pasan años para poder conseguir asilo o alguna protección internacional. Según se desprende de informes de ACNUR, el brazo de la ONU para los refugiados, una persona puede pasar una media de 17 años.

Estando en Malawi fue donde consiguió la energía que le permitiría vivir, soportar todo aquello, pudo ver con claridad cuál sería ahora su camino.

Fue al seminario, a la escuela bíblica y continuó haciéndolo por 4 años. Ya con una base consolidada, se lanzó en la búsqueda de una iglesia bíblica, así llegó a Odessa, Texas en los estados Unidos, luego de haber estado en Tennessee y Lubbock.

Para refugiados y migrantes los trabajos son, en su mayoría, los que otros no harían. La mayoría no tiene idea de qué harán para sobrevivir, dónde vivirán, la incertidumbre es la regla y la esperanza de que en cualquier parte les irá mejor que en su país de origen, lo único que los hace andar.

Manasa trabajó en varios campos petroleros, hasta que decidió dejar ese trabajo para dedicarse al ministerio con otros refugiados, en quienes veía una enorme necesidad y sabía que podía ayudarlos. Lo primero que haría sería ayudarlos a hablar el idioma inglés como segunda lengua, él estaba muy claro que eso era fundamental para integrarse mejor a la sociedad americana.

El ministerio

Ahora Edward Manasa, como pastor de la Primera Iglesia Metodista Unida, tiene la oportunidad de ayudar a muchos. Sabe que la integración comienza por el idioma y que el sustento económico prosperará de forma más rápida hablando inglés. Los miembros de su congregación tendrán mayores oportunidades para conseguir lo que tanto han anhelado, una mejor calidad de vida, aunque sea fuera de su propio país.

Los 30 refugiados a quienes ayudaría debían aprender inglés desde cero. Buscó ayuda con organizaciones de caridad católica y con la Iglesia Bíblica de Odessa. Al no conseguir ayuda para la cantidad que necesitaba, se dio cuenta de que era urgente una ubicación y los materiales para hacer el trabajo. Era primordial llevarlos hasta el primer nivel del idioma, así sería más fácil comenzar a ser productivos.

Para la reverenda Karin Carlson, este proyecto que lleva adelante Manasa, va en la misma línea de la Primera Iglesia Metodista Unida y como pastora considera que es una oportunidad estelar de estrechar lazos y conocimientos entre dos culturas, es una relación en la que todos ganamos.

El trabajo de Manasa sigue para lograr que estos refugiados consigan un modo de vida que les permita integrarse a la sociedad americana. Mientras trabaja de lunes a viernes, siempre consigue tiempo en sus ratos libres y fines de semana para conseguir la ayuda necesaria.

Estas iglesias metodistas han tenido un gran crecimiento mundial, aunque en Estados Unidos la tendencia no ha sido la misma, existen personalidades muy destacadas en todos los ámbitos que forman parte de su congregación. Destacan, el expresidente George W. Bush, Hillary Clinton y John Edwards, por citar algunos.

Escapar del infierno que significa una guerra que ha contado con la misión de paz más grande y costosa conocida y en donde el 73% de la población vive en extrema pobreza, según indica el Banco Mundial, deja profundas heridas en lo más profundo del ser. A pesar de eso y afortunadamente, hombres como Edward Manasa, se levantan y no solo salen adelante; sino que aprovechan su experiencia y condiciones para ayudar a otros que también han pasado por iguales o peores circunstancias.

Las tierras de la República Democrática del Congo, de hermosos lugares como el Parque Nacional Virunga, que sirve de hogar al 25% de los gorilas del mundo, un país con toneladas de oro, tantalio, diamantes, con el 70% de las reservas de coltán en el planeta y la mitad de las de cobalto ¿Cómo su gente esta buscando refugio en países con menos de la mitad de sus riquezas?

Este país es parte de una guerra en la que las muertes llegan a más de 4 millones, según las cifras más conservadoras. Un lugar lleno de minerales de sangre, de injusticia, corrupción, este es un conflicto que ha sido llamado la Guerra Mundial Africana.

Para saber más sobre el trabajo de Edward Manasa puede ir al sitio web de Primera Iglesia Metodista Unida (FUMC).


En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en “Personajes que ayudan a otros desinteresadamente y que sus vidas son un ejemplo de valentía y dignidad ante la adversidad”. Fuentes consultadas: elpais.com, BM y http://www.oaoa.com

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