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Los zombies existen: el Ophiocordyceps unilateralis

La afirmación del título no es un capricho de la ficción, sino una verdad científicamente comprobada: en el Amazonas, un extraño hongo descubierto en 2011 es capaz de dominar el cuerpo y la mente de las hormigas para conducirlas a una muerte horrible.

Parece una película de terror, y de alguna forma lo es: el Ophiocordyceps unilateralis vive en amplias zonas de la selva de Brasil, y en silencio infecta a millones de hormigas hasta convertirlas en zombies. Cuando la pobre hormiga se da cuenta de que algo anda mal ya es demasiado tarde: con frialdad de asesino, el hongo la conduce por senderos marcados por ella misma; entonces la hormiga se desplaza sin auto control, trepa a un árbol y hunde sus dientes en el tallo de una hoja; luego, totalmente inmovilizada pero viva, aguarda por días y días mientras brota el propio hongo, primero por todo el cuerpo y por último en la cabeza de la hormiga, donde se asoma la misma “cabeza” del hongo. Para entonces la hormiga ya está muerta, petrificada y convertida en hongo en una hoja de árbol.

Este es, por supuesto, un relato no científico de un hecho asombroso, pero absolutamente natural. Veamos ahora la explicación científica. El hongo obliga a una hormiga de la especie Camponotus leonardi a conseguir un “agarre mortal” en la parte inferior de una hoja, una posición primordial para la transmisión del hongo. El insecto infectado, una vez adornado con una espora de aspecto inofensivo, hace que su tejido sea comido y reemplazado lentamente. Todo lo que queda de la hormiga en este punto es el exoesqueleto, una cáscara. Una hormiga muerta, excepto por los cuerpos fructíferos en espiral que ahora sobresalen de la cabeza y el cuerpo de la hormiga. Estos cuerpos eventualmente liberan esporas listas para comenzar el ciclo de nuevo.

Valga la doble explicación para este acontecimiento realmente llamativo: lo que la ciencia nos dice es nada más ni nada menos que la idea de “zombies” ya existe en la naturaleza. Pero eso no es todo: hay otras especies de Cordyceps que son igual de transformadoras, aunque no conviertan al huésped en un fiel sirviente. La Cordyceps Ignota, por ejemplo, infecta a las tarántulas. Sus esporas se introducen en la araña, extendiendo una legión de dedos finos, conocidos como micelio, por todo el cuerpo. Los dedos son la forma en que el hongo crece y la forma en que la araña muere. Una vez que el interior de la tarántula es reemplazado por el hongo, los cuerpos fructíferos vuelven a estallar.

El hongo es tan llamativo y hasta espectacular que se hizo “famoso” luego de que el popular videojuego “The Last of Us” lo utilizara en su trama. Allí, los humanos son contagiados por Cordyceps y, como no podía ser de otra manera, se desata el apocalipsis zombie. Pero tranquilos: en la realidad los humanos no pueden ser dominados por el hongo. Al menos por ahora…

Otros zombies

Por más sorprendente que haya sido su descubrimiento, el Cordyceps no es el único responsable de crear zombies. La naturaleza está llena de criaturas que hacen el trabajo sucio para sus inteligentes huéspedes parásitos, un fenómeno conocido como manipulación de parásitos adaptativos.

En América Central, las hormigas que comen excrementos de pájaros pueden terminar ingiriendo un nematodo parásito que pone huevos en el vientre de las hormigas, las convierte en rojo brillante y las “redondea”. El cambio de color y forma hace que las hormigas se vean como las bayas del lugar, que a los pájaros les gusta comer, y así el parásito pasa a otro pájaro.

Por otro lado, la avispa Ampulex compressa ataca a las cucarachas con un veneno que bloquea un neurotransmisor que permite al insecto controlar sus propios movimientos. La avispa es entonces libre de llevar a la cucaracha zombi caminante al nido de la avispa para que sirva como anfitrión y alimento de una larva de avispa.

Algunos parásitos causan cambios anatómicos aún más dramáticos en sus víctimas. El gusano plano Leucochloridium paradoxum es el temor de los caracoles norteamericanos y europeos que tienen la desgracia de comer los excrementos de las aves que contienen los huevos del parásito. Una vez dentro del cuerpo del caracol, los gusanos infestan los tallos de los ojos, convirtiendo los tentáculos en órganos pulsantes de colores brillantes que atraen a las aves. Cuando el pájaro se come esta parte del caracol infestado, los parásitos se reproducen dentro del pájaro y dejan sus huevos en su sistema digestivo. Por muy simples que sean, los parásitos han evolucionado para ser maestros de la manipulación.

Los científicos están empezando a estudiar cómo dos especies llegan a ocupar el mismo cuerpo y compiten por su control. Aún no está claro qué señales químicas alteran el comportamiento y la apariencia de las hormigas y otras víctimas. De alguna manera, los hongos y otros parásitos logran manipular los químicos del cerebro, y no hay que ser un científico para querer saber más al respecto.

Antes que en la ficción, los zombies tienen una larga historia en el mundo natural, que se remonta a decenas de millones de años. La naturaleza está llena de criaturas espantosas y escalofriantes, tan aterradoras o más que cualquier cosa que Hollywood pueda inventar. Sin embargo, incluso los hongos más temibles tienen una función en el ecosistema. El Cordyceps, por ejemplo, evita que haya una especie dominante en el Amazonas y de esa manera mantiene el equilibrio que los humanos nos empecinamos en romper.

Quizás, después de todo, el peligro verdadero no sean los zombies….


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
A fungus causes cicadas to lose their limbs…, en https://www.businessinsider.com/
How a parasitic fungus turns ants into ‘zombies’, en https://www.nationalgeographic.com/
Zombie ant death grip due to hypercontracted mandibular muscles, en https://jeb.biologists.org/

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