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Cuando ser gay es pecado capital.

La discriminación hace insufrible la vida de los gays, sobre todo, la de aquellos que pagan con sus vidas el tener una preferencia sexual no aceptada por algunas comunidades.

Las sociedades van creando reglas para poder convivir, para poder superar juntos los obstáculos que se les presentan. Esas reglas se generan a partir de un sistema de creencias que dicta el comportamiento que cada individuo tiene dentro de esa comunidad y pasan de generación en generación. Cada grupo tiene las suyas y también tiene castigos para quienes las incumplen.

BBC News, publicó el 31 de julio de 2020 un artículo con un título impactante: “No vuelvas a casa, te matarán por ser gay”. El título fue inspirado en la llamada que recibió Mohamed, nombre ficticio usado para proteger la vida del joven, en la que le decían: “No vuelvas a casa, se están preparando para matarte”.

Muerte al asecho

Desde niño, Mohamed tuvo que enfrentar la dura experiencia familiar de ser tratado diferente. Los esfuerzos de la familia para que fuera más masculino llegaron al punto de someterlo a drogas alucinógenas para liberarlo del espíritu femenino.

Él confiesa que desde muy pequeño se dio cuenta que le gustaban lo que a las niñas también. No jugaba con sus hermanos, lo hacía con las hermanas, era previsible que su madre se preocupara, en vista de la religión que signaba sus vidas. Era una familia musulmana y ella sabía que ser gay era un pecado capital ¿Debe ser la muerte un castigo? Y más aún, ¿Debe castigarse la homosexualidad?

Lo bueno y lo malo

Mohamed debía ser encauzado por el camino de Dios y la tarea recayó sobre su hermano mayor. “Dios castiga a los hombres que se hacen parecer mujeres. Y también a las mujeres que se hacen parecer hombres”, cada noche el joven debía repetir esas frases del profeta.

Maldecido por Dios y con el infierno como destino, Mohamed solo podía sentirse atormentado, era un niño de 10 años al que le decían todas esas cosas.

Las enseñanzas parecían funcionar; pero solo duró poco tiempo antes de que pudiera más lo que verdaderamente sentía.

¿Quién determina qué es bueno y qué no lo es?

Las religiones han jugado el papel de libro sagrado del comportamiento de las personas y en el caso del islam la homosexualidad va en contra de la ley islámica o la Sharía. No es un simple pecado es un delito que amerita pena.

El islam afirma que todos los seres humanos son heterosexuales por naturaleza, la homosexualidad es una desviación perversa.

En 2006 el Dr. Jeque Al Qardawy dijo en una entrevista para Al Yazira, canal catarí, que la homosexualidad debe ser castigada “Según la ley islámica hay que matarlos, si o sí, la diferencia está en la forma. Arrojarlos de un lugar alto o quemarlos como hizo Allah con el pueblo de Sodoma. Lo importante es tratar este acto como un crimen”.

Lo bueno y lo malo son conceptos abstractos, porque dependen del sistema de creencias de cada grupo, así lo que es bueno para unos, no lo es para otros y cada grupo tiene argumentos para defender su posición. El reto para la humanidad es que se respeten un mínimo de derechos mundialmente y es un largo camino que se sigue recorriendo y que va dejando una estela de grandes injusticias, desde la perspectiva de la declaración de derechos humanos de la ONU.

Según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero e Intergénero los países que tienen pena de muerte para los homosexuales son: Yemen, Mauritania, Arabia Saudita, Irán, algunos lugares de Nigeria, Somalia y Somalilandia.

Tierra de discriminación

Somalilandia es el país de donde es oriundo Mohamed, el protagonista de esta triste historia. Este país fue un protectorado británico hasta 1960 y en 1991 se declaró independiente, su situación legal actual está en el limbo; pero en ella siguen viviendo casi 4 millones de personas cuya religión predominante es el islam.

Un centro de rehabilitación fue la solución para el pequeño de 12 años. Son centros en donde la vida es muy difícil, hay muchos abusos y todo escudándose en falsas interpretaciones del islam, según indica Mohamed, quien, además, dice que era un lugar terrible. Se autodenominaban salvavidas, porque salvaban a los desviados del infierno.

En estos lugares, enseñan sobre cómo se debe comportar un hombre y debía hacer las lecturas diarias de los textos sagrados.

Pero algo despiadado estaba por ocurrir, a penas con 4 días en ese lugar lo violaron, lo hacían a media noche y en ocasiones dice que lo hacían en grupos. No solo era objeto de abuso de los salvavidas, sino de otros que como él estaban allí para ser llevados por el camino de la virtud.

Drogas alucinógenas eran suministradas a todos y sus efectos duraban días, no recordaban que hacían con ellos, algo espantoso e inhumano era lo que sufrían.

El encuentro final y la partida

Mimetizarse en aquella sociedad era necesario para sobrevivir, Mohamed aprendió a hacerlo y fingía ser un hombre, después de salir de aquel infierno. Y de pronto, todo cambió. Conoció a Ahmed y comenzaron a tener encuentros furtivos para dar riendas sueltas a sus deseos.

En algún lugar de Hargesia, la capital del país, estaba el nido de los encuentros de la pareja. Mientras era medio día, los jóvenes se dejaban llevar por su pasión. En un inesperado acto, la hermana de Ahmed abrió la puerta y los sorprendió, sus gritos advirtieron a todos y Mohamed alcanzó a huir. Ya oculto en casa de un amigo, recibió la llamada telefónica en la que le indicaban que en casa le esperaban para darle muerte.

No había otra salida para Mohamed, debía escapar y sin dinero suficiente y con pocos lugares para solicitar visa, puesto que legalmente su país, es reconocido solo por Sudáfrica, Etiopía, Kenia y Djibuiti.

Pero finalmente obtuvo los documentos y dejó atrás Somalilandia para ir a Malasia, un lugar donde ser gay también es ilegal.

La vida de este joven no ha dejado de ser muy difícil, espera por reasentamiento y sueña con poder viajar a Europa o América. Mientras, la angustia lo persigue porque puede ser delatado o su familia puede conseguirlo y llevarlo de nuevo a su país, con la intención de hacer cumplir la pena que según ellos merece.

De su amante no ha sabido nada y supone que pudo haber recibido el peor de los castigos, la muerte.


En este escrito reflexiono sobre una historia de un joven gay de Somalilandia y que se relata en el artículo “No vuelvas a casa, te matarán por ser gay” publicado en BBC News el 31 de julio de 2020

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