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¿Puede la ira ser una fuerza positiva?

La cuarentena impuesta por la pandemia de Covid-19 naturalmente ha exacerbado los sentimientos de frustración en muchas personas que, por lo general, terminan derivando en una extrema irritabilidad. Pero la ira, cualquiera sea su desencadenante, no necesariamente debe considerarse como una fuerza negativa. Según investigaciones recientes, lo importante es saber cómo canalizar la energía nacida de nuestros sentimientos de ira y enojo de manera productiva. Los expertos en salud mental la clasifican como un signo de que algo no anda bien en nuestras vidas, lo cual puede transformarla en una fuerza generadora de cambios positivos.

Definitivamente, la ira no es una de las emociones más populares dentro de la compleja variedad de sentimientos que poseemos los seres humanos. Actualmente ésta se ve potenciada ante la impotencia y el miedo que nos provoca atravesar una pandemia que no sabemos cuándo va a terminar. El crecimiento de reportes de casos en los que los sentimientos de ira se transforman en violencia familiar o actos de autodestrucción hacen suponer que se trata de una fuerza inherentemente negativa.

Pero los expertos aseguran que esto es así debido a que elegimos mal la manera en que expresamos nuestro enojo y, peor aún, cuando no lo exteriorizamos en lo absoluto. Del mismo modo en que los sentimientos de felicidad son más satisfactorios cuando los compartimos, la ira puede volverse una fuerza negativa si no buscamos junto a otras personas la manera de solucionar las causas que la han generado. Según David Lebel, investigador de conductas proactivas de la Universidad de Pittsburgh, la clave es saber en dónde se direcciona la energía proveniente de esta emoción.

Un buen ejemplo de los beneficios que podemos obtener al canalizar apropiadamente nuestra ira lo podemos encontrar en el deporte y no se limita únicamente a aquellos que involucran golpes. Muchas veces los competidores que van perdiendo una competencia se sienten extremadamente frustrados –generalmente con ellos mismos-, lo cual desencadena un impulso extra que muchas veces logra dar vuelta el partido. Si bien en las cuestiones del aprendizaje intelectual no cuenta con grandes ventajas, en el aspecto físico puede transformarse en un gran potenciador de nuestra capacidad física.

Una investigación llevada a cabo por científicos británicos en el año 2009 analizó el rendimiento de varios individuos los cuales, antes de comenzar el estudio, fueron inducidos a imaginar una situación de gran frustración. Luego se les indicó que pateen una máquina que se encargaría de medir su fuerza muscular. En comparación con los resultados obtenidos de aquellos participantes que no fueron motivados para experimentar un sentimiento de enojo, la energía de sus patadas se vio significativamente potenciada.

Aquellas personas que demuestran su enojo son consideradas como más dignas de respeto, siempre y cuando lo exterioricen de una manera controlada. Sin embargo, si la ira se transforma en una emoción crónica que es generada ante los inconvenientes más insignificantes, entonces se transforma en una fuerza negativa. Sólo cuando utilizamos nuestra frustración como un catalizador para mejorar nuestra situación o resolver algún problema puede ser considerada como una emoción positiva.

Existe una utilidad tanto biológica como psicológica para entender la razón por la cual el ser humano posee la capacidad de experimentar sentimientos de ira y enojo. En el primer caso se trata de la fuerza motivadora que activa nuestros instintos de defensa ante un ataque injustificado o que atente contra nuestras vidas. En el segundo es el resultado de una situación que nos genera indignación, como puede ser un agravio hacia nuestra persona o algún ser querido. Resulta difícil que alguna vez en nuestras vidas no hallamos atravesado situaciones en los que nos invade un sentimiento de ira y buscamos la manera de mitigar sus efectos negativos.

Es en este punto en el que los científicos determinan la importancia de saber canalizarlos en algo positivo. Sea cual fuere el desencadenante de esta poderosa emoción, es fundamental entender que su exteriorización no justifica descargarlo violentamente en terceros o en nosotros mismos. Sin embargo, aquellos que deciden encarar las inevitables situaciones que provocan nuestro enojo mediante una actitud pasiva sólo conseguirán quedarse con un constante sentimiento de opresión interior. Peor aún, esta acumulación de emociones frustrantes generalmente termina por ocasionar incontrolables “explosiones” emocionales que resultan ser mucho más perjudiciales.

En este sentido, si el generador de nuestra ira fueron las acciones de otra persona, la mejor opción es ir a hablar con ella para tratar de llegar a una solución. Cuando utilizamos la razón para mitigar nuestros sentimientos de ira, estamos estableciendo un control maduro de la situación, por lo cual el beneficio psicológico de encarar de manera responsable y sosegada el problema es inmenso. El hecho de que les hagamos saber a los demás que sus acciones hieren nuestros sentimientos les indica que su presencia nos importa y nos afecta personalmente.

Sin embargo, muchas veces la fuerza generadora de nuestro enojo no son las acciones o actitudes de otras personas, sino eventos que no podemos controlar. La pandemia de Covid-19 ha demostrado ser un masivo catalizador de los sentimientos de ira en todas las regiones del planeta. La cuarentena impuesta alrededor del mundo ha generado masivos cierres de negocios, despidos, pérdidas económicas y una extendida vida doméstica a la que no estábamos acostumbrados.

El profesor norteamericano Ernest Harburg, de la Universidad de Michigan, sugiere que aquellas parejas que suprimen sus sentimientos de ira están destinadas a fracasar. Irritarnos ante ciertas actitudes de la persona con la que convivimos en matrimonio es una cuestión, muchas veces, inevitable. Pero elegir el camino de no hablar de nuestros problemas acarrea una falta de comunicación que, eventualmente, resulta no sólo perjudicial para la continuidad de la pareja sino hasta para su salud. Resolver las causas de nuestra ira mediante una conversación es lo que determina la posibilidad de que un matrimonio logre perdurar en el tiempo.

En última instancia, debemos tener en cuenta que la ira es una emoción natural del ser humano. Lo contrario sería sentir indiferencia por aquellas situaciones en las que se justifica sentirnos indignados o heridos, por lo que puede decirse que el enojo es una característica fundamental que destaca a nuestra especie del resto de los animales. Demostrar indignación ante los actos de injusticia que padecemos nosotros o terceros es lo que promueve una acción positiva que nos motive a interceder en favor de una resolución más justa de un conflicto.

Lo importante es entender que sentirnos enojados o frustrados es una condición inevitable de nuestro paso por este mundo, por lo que lo único que nos queda por hacer es buscar los mejores medios para poder sobrellevarla. Muchas personas la utilizan como una fuerza movilizadora para potenciar su creatividad o su capacidad física. Cuando esta emoción se transforma en un catalizador de cambios a favor de nuestro crecimiento como seres humanos, entonces la ira definitivamente puede ser considerada como una fuerza positiva.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
How anger can be put to good use. (https://www.bbc.com/)
Can getting angry be good for you?. (https://science.howstuffworks.com/)
The Coronavirus Has Made Me a Rage Monster. Help!. (https://www.menshealth.com/)
Anger is a Positive Emotion – At Least for Those who Show it. (https://emotionresearcher.com/)

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