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Cultura de cancelación: el acto de tirar la primera piedra en el mundo online

Pareciera que vivimos en un siglo donde predominan las libertades. No solo las formas artísticas se han desatado de los márgenes que en otros tiempos determinaban qué podía considerarse como tal, sino que la población puede expresar una sexualidad o género diferente y verse representada a través de los medios. Grupos étnicos tienen acceso a puestos más influyentes y mucha información es de dominio público. Y, sin embargo, ¿podemos comunicarnos sin censura o es necesario definir meticulosamente nuestro discurso primero? En pleno siglo XXI, reina algo llamado la cultura de la cancelación.

La cultura de la cancelación es un fenómeno que existe prácticamente a la par de la sociedad, pero que ha sido extrapolado a las redes sociales y maximizado por las mismas. El eje central de la cultura de la cancelación se basa en cancelar a quienes sean ofensivos, usualmente contra un grupo que se considere una minoría vulnerable. Desde celebridades hasta personas sin ningún tipo de afiliación con la farándula, así como marcas de diversas industrias y políticos, la cultura de la cancelación no hace excepciones.

Este fenómeno, según la profesora de sociología y criminología en la Universidad de Villanova, Jill McCorkel, sirve a la sociedad para sancionar y reprimir aquellos comportamientos que se salen de las normas establecidas para conservar la convivencia pacífica y la retribución en la comunidad. Si bien es un mecanismo útil, también puede caer en el extremismo. Cuando esto sucede, la vida de una persona o muchas personas puede verse grandemente afectada.

Tal es el caso de Emmanuel Cafferty, hijo de inmigrantes mexicanos, quien trabajaba en San Diego, California. Pasó de laborar una jornada completa al día, inspeccionando redes subterráneas de gas y electricidad, a estar desempleado y sin posibilidad de ser contratado. Su vida cambió el 3 de junio de 2019, cuando conducía la camioneta de la empresa para la que trabajaba, cuyo logo estaba plasmado justo en la puerta del chofer. Debido al calor, Cafferty decidió abrir la ventana completamente y sacar el brazo, juntando distraídamente dos dedos de la mano.

En un semáforo, el conductor de otro auto empezó a hacerle gestos y a cuestionar por qué hacía eso con los dedos. Cafferty no comprendía a qué se refería el otro conductor, pero, pocas horas después de este incidente, lo comprendió al recibir una llamada de su jefe que le informaba que acaba de ser despedido. Según la entrevista que le hizo la BBC, Cafferty no estaba enterado de que el símbolo que había estado haciendo con los dedos podía ser interpretado como un símbolo usado por los supremacistas blancos. La Liga contra la Difamación había hecho de dominio público en 2017 que ese era el signo que dicho grupo usaba. 

El conductor del otro vehículo interpretó el signo como tal y le tomó una foto, donde también aparecía el logo de la empresa, y la publicó en Twitter. Inmediatamente, SDG&E, la empresa que contrataba a Cafferty, se manifestó pidiendo disculpas públicas y despidiendo al inspector. Una de las grandes ironías que Cafferty dejó entrever en su entrevista es que, mientras que tanto el hombre que denunció el evento como su jefe eran blancos, él tenía raíces mexicanas. Para él, no tendría sentido ser un supremacista blanco cuando ni siquiera es blanco, cosa que intentó explicar a su jefe, quien no le creyó a él pero sí a un conductor desconocido que se manifestó por redes.

De hecho, la cultura de la cancelación tiene gran apogeo en Twitter. Como se mencionó anteriormente, los medios sociales han agrandado exponencialmente el alcance de la cultura de la cancelación ya que son masivos, permiten el anonimato, guardan registros, y tienen una enorme cobertura que une a miles de millones de personas en interacciones que no carecen de involucramiento emocional. El hecho de que las redes sociales tengan canales de comunicación de doble vía, que permiten la retroalimentación instantánea, han hecho posible la viralización de diversas piezas de contenido.

Twitter es la plataforma abanderada de la cultura de la cancelación porque su comunidad, como informó el New York Post, cuenta con la capacidad y la voluntad de realizar investigaciones profundas en la web. La gran mayoría de las cancelaciones a personajes famosos o de reclamos a marcas se realizan a través de Twitter. El formato de dicha plataforma, que involucra imágenes pero que le otorga preponderancia al texto corto, permite que los tuits tengan una naturaleza informativa.

Bajo el hashtag “doyourthing”, se anima a los usuarios a usar sus habilidades para desenterrar información. Así, cantantes como Lana del Rey y Camila Cabello han sido censuradas por la comunidad online debido a comentarios interpretados como racistas. En el caso de Cabello, Usa Today informa que se trataban de tuits hechos años atrás. Sin embargo, al salir a la superficie en el 2019 tuvieron un impacto sobre la carrera de la intérprete, el cual fue capaz de mitigar al ofrecer disculpas públicas alegando que era ignorante en aquella época.

Aunque en cierta manera la cultura de la cancelación es útil para defender a los grupos vulnerables cuya narrativa es manipulada por grupos dominantes de diversas formas, se plantea que este fenómeno está llegando muy lejos. La línea entre lo correcto y lo incorrecto cada vez está empujándose más, dejando poco espacio para la libertad de expresión. El Doctor Anthony Lambert, académico de la Macquarie University, reflexionó sobre el tema.

Uno de los problemas que destacó con respecto al extremismo en la cultura de la cancelación es que, al censurar aquello que se considera incorrecto, se quita la oportunidad de abrir un debate y generar consciencia real. Por ejemplo, la clásica película Lo que el Viento se llevó fue retirada del servicio de streaming de HBO; sin embargo, el hecho de que ya no se reproduzca por este medio no quiere decir que la película ya no exista. Sigue existiendo y la humanidad aún puede acceder a ella a través de otras plataformas. Sin embargo, sin un debate que explique por qué dicha película no representa bien a la figura de la mujer y de la mujer negra, realmente el público no está internalizando una lección moral.

Lo mismo puede extenderse al caso de Cafferty en redes sociales. El hecho de que haya sido despedido, censurado de su propio trabajo, no resuelve el problema. Existen verdaderos supremacistas blancos que no aparecen en fotos, sino que se organizan a puertas cerradas y actúan en la sociedad.

¿Cómo puede la cultura de la cancelación introducir un cambio más significativo en la sociedad? No puede basarse simplemente en una suerte de borrón y cuenta nueva, debe de crear consciencia a partir de la deliberación pública. Si no estimula el juicio crítico, puede incluso convertirse en bullying cibernético.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
Has cancel culture gone too far? en https://www.adnews.com.au/
“Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales”: los peligros de la “cultura de la cancelación” en https://elcomercio.pe/
Qué es la cultura de la cancelación que sufren famosos como J.K. Rowling en https://www.huffingtonpost.es/
La cultura de la cancelación, la práctica de eliminar a un artista de tu vida tras sentirte decepcionada en https://www.cnnchile.com/
The Psychology of Cancel Culture en https://www.psychologytoday.com/us
Head Cases: The Psychology Behind the Cancel Culture Debate en https://www.politico.com/
The Science of Making Things Go Viral en https://www.visualcapitalist.com/
‘I was uneducated’: Camila Cabello issues apology for ‘horrible and hurtful language’ en https://www.usatoday.com/
Twitter’s cancel culture: A force for good or a digital witchhunt? The answer is complicated. en https://www.usatoday.com/

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