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El algoritmo del amor: Tinder al desnudo

Judith Duportail es una periodista francesa que trabaja de manera independiente y que al ir buscando ideas para sus artículos semanales en Le Figaro, se topó con un artículo que publicó el portal Fast Company titulado “Me arrepiento de haber descubierto mi puntuación secreta de deseabilidad en Tinder” en el que un periodista contaba cómo por casualidad, hablando con Sean Rad, el fundador y CEO de Tinder, llegó a saber que en la aplicación todo el mundo tiene un “Elo”.

¿Qué es un ELO?

Es un sistema estadístico que inventó el físico y jugador de ajedrez, Aprad Elo. El funcionamiento es muy simple: si juegas al ajedrez y ganas a un tipo muy bueno, te hace ganar muchos puntos, y si en cambio pierdes contra alguien malo recibes el efecto contrario. En Tinder pasa lo mismo. Si eres elegido por un usuario muy deseable, te sube la puntuación. Por otra parte, si alguien considerado poco deseable no te hace un me gusta, pierdes puntos. Sin embargo, esto no es u simple indicador de belleza, de hecho, Sean Rad en una entrevista sobre su algoritmo dice: “Es un sistema muy complejo para evaluar la deseabilidad de un perfil. Construir este algoritmo nos ha llevado dos meses y medio porque tiene en cuenta muchos factores”. Nada extraño: ese fue de hecho el germen de Facebook, una web que permitía puntuar a las chicas del campus de Harvard y establecía un rating. ¿Porque Tinder no podría hacer lo mismo?

El conocimiento es poder

A partir de ese momento la periodista se obsesiona por saber más acerca de la aplicación, de la que ella era una asidua usuaria. Le escribe al equipo de Tinder pidiéndole su puntuación. Tras muchos mails dejados en visto, la periodista logra comunicarse con ellos y Tinder le dice que no puede brindarle esa información. Es entonces que empieza una tira y afloja sobre la información que Tinder tenía sobre Judith y que ella reclamaba justamente. Al final de la disputa, no logra acceder a su puntuación Elo, sin embargo, Tinder le envía 800 páginas de información sobre ella misma. Desde el primer “Hola” en la aplicación, pasando por cuantos likes ha dado, los archivos compartidos y ya que uno tiene la opción de vincular sus cuentas a Tinder, pues mucha más información venida de otras redes sociales como Facebook o Instagram. Duportail descubre que la aplicación sabe más de ella que muchos de sus íntimos amigos. Pero no solo descubre eso. De hecho, se enfrenta a darse cuenta de sus propios patrones y el cómo aborda de la misma manera a tantísimas personas.  Todo esto la cuestiona y empieza a vislumbrar la idea de escribir un libro sobre todo lo que está conociendo sobre la aplicación. El algoritmo del amor (Contra, 2019), es el ensayo que la periodista francesa Judith Duportail escribe sobre Tinder, la aplicación que te busca pareja y, al mismo tiempo, te clasifica según tu belleza, género, estudios y condición social sin que lo sepas.

En una de las tantas entrevistas que ha dado ella habla sobre la importancia de saber que Tinder al fin y al cabo es un negocio, de hecho, está entre las apps más rentables que existen hoy en día. La periodista dice: “Debemos tener en cuenta que hablamos de una empresa que gana mucho dinero, es de las aplicaciones más rentables de Apple Store. Estamos confiando una tarea tan vital como es encontrar un compañero de vida a una app que no tiene especial interés en que lo consigamos. Lo que busca Tinder es que siempre acabemos volviendo y, si es posible, pagando. Es importante recordar a todos los que utilizan o han utilizado este tipo de aplicaciones de ‘dating’ que la soledad es una parte importante de su plan de negocio”.

Mientras la periodista continuaba con su investigación, se daba cuenta de más aristas que uno no tiene en cuenta al usar la aplicación. Encontró que no solo categorizan a los usuarios por apariencia física, sino que también están categorizados por clase social. Se reservan el derecho a clasificarnos a partir de nuestro nivel de ingresos. Esto se puede llevar a cabo porque los usuarios se conectan a través de Facebook. Tinder puede acceder a datos y, de paso, averiguar dónde trabajamos y cuál es nuestro nivel de estudios. También nos clasifican por clase y género: los hombres con más ingresos y nivel de estudios tienen una gratificación, y en cambio a las mujeres con los mismos atributos se las penaliza. Esto es porque quieren construir parejas desiguales en las que el hombre siempre sea superior: con más estudios, más ingresos y más edad.

Durante la investigación Duportail también se topó con la patente de Tinder y en otra entrevista explica que es y cómo se usa dicha patente. “Una patente es un documento que una persona o compañía rellena para tener la propiedad intelectual de un invento. No es una descripción precisa de lo que está haciendo Tinder ahora en sus servidores, pero es algo así como una declaración de intenciones. Según los especialistas a los que entrevisté, la patente es como una hoja de ruta para la compañía. Y en este documento, firmado por los cofundadores de Tinder, se descubre un sistema de calificación de los usuarios muy sofisticado. Tinder puede calificarnos según nuestro atractivo, pero también (escaneando nuestros mensajes y nuestra forma de comunicarnos) nuestra inteligencia, nuestro nivel de estudios o nuestra posición económica. Además, Tinder puede evaluar a hombres y a mujeres de forma distinta. En la patente se describe un sistema que promueve que el hombre sea superior a la mujer: mayores, con mejor sueldo y probablemente, con mejores estudios. Encontré bastante perturbador que Tinder se publicite como una aplicación moderna, progresista, que defiende los derechos de las mujeres, pero cuando lees los documentos que firmaron los propios fundadores, se describe un sistema de valores completamente diferente”.

La cantidad de información que brindamos hoy en día por medio de nuestras redes sociales es impresionante y no siempre sabemos para qué se usa. Puede que a muchos no los importe su privacidad o algunos otros se hayan dado por vencidos sabiéndose escuchados y vistos por medio de sus teléfonos celulares, así como también están los que se mueren de nervios de saber que esto es una posibilidad muy real, pero por lo que deberíamos luchar antes que nada es por exigir que se nos diga con claridad a que estamos accediendo por medio de todas estas apps de la era digital. Solo así seremos realmente libres sobre nuestros actos y podremos evaluar con mayor conocimiento que entregamos y cambio de que, y si ese intercambio vale la pena o estamos siendo estafados por la otra parte.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.ara.cat/es/cultura/Jordi-Garrigos-Judith-Duportail-Tinder-queiere-construir-parejas-desiguales_0_2285171565.html
https://smoda.elpais.com/feminismo/ligar-dificil-era-tinder/
https://www.vogue.es/living/articulos/libros-novedades-2019-el-algoritmo-del-amor-tinder-judith-duportail

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