Written by 12:01 am ciencia y tecnologia

El estudio científico de un viajero espacial

La caída de un meteorito en un área selvática de Costa Rica ha generado conmoción en la comunidad científica. Si bien se trata de un acontecimiento mucho más usual de lo que la mayoría cree, en este caso, la diferencia es que esta roca cósmica posee un gran número de moléculas orgánicas. Mediante un minucioso estudio, los científicos pueden tener una mejor idea de la manera en que estos viajeros espaciales han posibilitado el desarrollo de vida sobre nuestro planeta.

Mientras los seres humanos actualmente nos preocupamos por colonizar otros planetas y descubrir si existen formas de vida como la nuestra en algún rincón del espacio exterior, la caída de un meteorito en Aguas Zarcas, una zona rural de Costa Rica, puede ayudarnos a entender los eventos que se dieron durante la creación del Sistema Solar. Tanto el buen estado de la roca como los elementos orgánicos que la componen, les ha posibilitado a los científicos especializados recabar una gran cantidad de información acerca de los bloques moleculares que ayudaron a generar la vida en el planeta Tierra.

De acuerdo al Dr. Bill Cooke, jefe de la Meteoroid Environment Office (NASA), cada año caen al suelo terrestre miles de pequeños fragmentos de roca espacial. Sin embargo, la gran mayoría de ellos pasan desapercibidos debido a que aterrizan en lugares deshabitados e inhóspitos, cuestión que no resulta extraña teniendo en cuenta que los seres humanos ocupan sólo un 0.13% de la superficie total del planeta. Estos fragmentos (los cuales son llamados meteoritos una vez que tocan el suelo) se desprenden de cometas o asteroides que viajan a través del espacio y a los que, una vez que ingresan a nuestra atmósfera, se los llama meteoros.

Afortunadamente, la velocidad y la temperatura con la que ingresan a nuestra atmósfera logran desintegrar gran parte de estos trozos de roca espacial, reduciendo considerablemente su tamaño. A este hecho se le suma la escasa presencia humana sobre un planeta que se encuentra cubierto más de un 70% por océanos y que, además, elige congregar sus poblaciones en pequeños puntos de su superficie terrestre. A pesar de que se han dado reportes de daños ocasionados por caídas de meteoritos en zonas urbanas, la ocurrencia de estos fenómenos es tan esporádica que prácticamente no presenta un peligro para nuestra especie. Sin embargo, para la comunidad científica, la posibilidad de estudiar a estos viajeros espaciales ofrece una gran oportunidad para entender más acerca de nuestra presencia sobre este planeta.

El 23 de abril del año 2019, los escasos habitantes de una villa enclavada en la selva de Aguas Zarcas -Costa Rica- se sorprendieron al ver el cielo nocturno surcado por una multitud de bolas de fuego y rocas que terminaban impactando contra el suelo. Al otro día, un gran número de “cazadores de meteoritos” comenzaron a llegar para comprar los fragmentos recolectados por los habitantes locales, llegando a pagar más de U$D100 el gramo, superando así el precio del oro. Uno de los coleccionistas donó varios gramos a la Universidad Estatal de Arizona, localizada en la ciudad de Tempe, y allí fue donde comenzó un minucioso estudio de este viajero espacial.

La importancia de Aguas Zarcas (tal como se lo conoce a este meteorito) para la comunidad científica es inmensa. Mientras reportes detallados aún se encuentran en progreso, las investigaciones preliminares han podido dar cuenta de la presencia de bases nucleótidas, las cuales se encargan de construir moléculas genéticas como el ARN. De esta manera, se respalda la teoría de que meteoritos como Aguas Zarcas pudieron contribuir a generar la vida en este planeta, billones de años atrás.

Gracias al buen estado en que se encontraban los fragmentos –y, sobre todo, al contenido químico en ellos-, los científicos pueden determinar las condiciones y evolución del Sistema Solar a lo largo de billones de años de existencia. Aguas Zarcas ha sido testigo de eventos espaciales de tremenda importancia para el desarrollo de la vida en la Tierra, como la estabilización solar luego de un período de caóticas explosiones durante su concepción.

Los estudios preliminares certifican que este meteorito llevaba al menos 4.5 billones de años viajando a través del espacio, aunque es posible que, al igual que Murchinson (un fragmento similar caído en Australia en 1969), puede haber sido parte del polvo estelar emitido tras la explosión de una supernova más de 7 billones de años atrás.

Tal como sucede al estudiar los anillos de un tronco de árbol cortado a la mitad para determinar su edad, los científicos examinan las partículas que cada evento espacial ha ido acumulando sobre Aguas Zarcas a lo largo de toda su existencia. Al igual que Murchinson, esta roca espacial posiblemente se haya originado durante la formación de nubes interestelares que existieron billones de años antes que nuestro Sistema Solar.

Durante el nacimiento del Sol, esta nube se concentró alrededor del gran astro, primero calentándose y luego congelándose, lo cual le otorgó su solidez final. Luego de que el asteroide viajara sin rumbo a través del espacio, acumulando todo tipo de sustancias sobre su superficie, alcanzó la órbita terrestre e ingresó violentamente dentro de su atmósfera.

Aguas Zarcas es un meteorito que pertenece a la clase llamada condrito carbonáceo, ya que su composición es rica en carbón y complejos compuestos orgánicos. Entre éstos últimos los científicos han encontrado moléculas de aminoácidos, los cuales son parte de los bloques que construyen a las proteínas. Este hecho demuestra que las reacciones químicas espaciales han sido esenciales para la formación de los procesos precursores de la vida.

Durante su travesía estelar de billones de años, los procesos químicos dentro de Aguas Zarcas fueron cambiando y activándose gracias a la luz, el calor y el agua. Phillip Heck, curador de la colección de meteoritos del Fields Museum de Chicago, asegura que estos meteoritos “…son como bitácoras de vuelo. Podemos contar los elementos que los forman y conocer la actividad del Sol”. Modelos científicos de asteroides carbonáceos similares indican que sus impactos contra la Tierra han producido una atmósfera rica en vapor de agua y dióxido de carbono.

Actualmente, la comunidad científica espera el arribo de Hayabusa2, una nave espacial japonesa que trae consigo polvo cósmico del asteroide Ryugu, el cual posiblemente esté compuesto por condritos carbonáceos. De igual manera, en el año 2023, la aeronave OSIRIS REx –la primera misión norteamericana encargada de traer muestras de un asteroide a la Tierra- estaría aterrizando sobre nuestro planeta con una carga de 60 gramos de polvo cósmico provenientes del asteroide Bennu.

Además de proveerles a los científicos de un material de estudio puro que los ayude a comprender los orígenes de la vida en nuestro planeta, el examen de su composición es vital para desarrollar una misión de mitigación de impacto. Debido a que existen grandes probabilidades de que Bennu impacte sobre la Tierra a fines del siglo XXIII, el estudio de éste y otros asteroides y meteoritos no solamente es crítico para darnos una mejor idea sobre cómo fue posible la vida terrestre en un comienzo, sino también para que podamos preservarla en el futuro.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
An unusual meteorite, more valuable than gold, may hold the building blocks of life. (https://www.sciencemag.org/)
Meteors & Meteorites. (https://solarsystem.nasa.gov/)
Mission Objectives. (https://www.asteroidmission.org/)

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Seguir leyendo

Close