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Cómo evolucionó el cuerpo femenino en el arte

A lo largo de los siglos, los artistas desempeñaron un papel importante en la investigación y representación de lo femenino, a menudo logrando grandes resultados. Sin embargo, durante mucho tiempo, el cuerpo de la mujer fue un tabú y solo algunos de sus matices más profundos cobraron vida en el arte. Más que un conjunto estable de contornos, su belleza física es una construcción en constante transformación, eventualmente una musa, un sueño colectivo con el que los artistas se comprometen tarde o temprano. La mayoría de las veces, la forma en que se representa el cuerpo quiere transmitir un mensaje.

La representación del desnudo del hombre y la mujer en la Historia del Arte ha sufrido una constante evolución, ya que el ideal de belleza y proporción a lo largo de los siglos han sido conceptos muy variables. Podría hacerse así un estudio de la sociedad y de los gustos estéticos de la misma, basándose en la investigación de los desnudos y cuerpos representados en el arte. Llevaremos a cabo un breve recorrido a través de los siglos que nos permitirá conocer el tratamiento del desnudo en las diferentes culturas.

Ya desde la aparición de los primeros pueblos prehistóricos, el hombre sintió la necesidad de plasmar aquello que le rodeaba y por lo que sentía especial interés. En este periodo, en que la supervivencia no estaba asegurada y donde la muerte acechaba por cualquier rincón, no nos resultará extraño encontrarnos con representaciones artísticas que tengan como protagonista a la mujer, pues es ésta quien asegura la perpetuación de la especie, la continuidad de la raza. De sobra son conocidas las Venus paleolíticas donde la idea de fertilidad va en estrecha unión con la imagen de la mujer. Por ello sus senos, caderas y vientre están profundamente marcados, exagerados, en un cuerpo que, por supuesto, se presenta desnudo. Se ha querido ver en estas figurillas, elaboradas con marfil, hueso o piedra la personificación de la Diosa Madre o Diosa de la Fertilidad a la que se atribuirían poderes mágicos y a quienes se acudía en los rituales de fecundidad.

Pero sin duda, la cultura antigua con mayor dedicación al culto del cuerpo fue la griega. Será en la Grecia clásica donde se forje el ideal de belleza que ha perdurado hasta nuestros días. El arte griego, en especial la escultura, se obsesionó por encontrar un canon de proporciones perfectas para el cuerpo humano. En esta ocasión y en un principio, los modelos serían masculinos (efebos, jóvenes atletas), y sólo en ellos se mostraría el desnudo completo. Así, en el caso de las representaciones femeninas, la mujer va a aparecer desprovista de su feminidad y de las características propias de su sexo, dando lugar a figuras robustas y masculinizadas. Pero a partir del siglo V, momento en que Atenas vive su mayor esplendor, habrá una evolución importante de las formas y un cambio en el concepto de lo bello. Nacerá el mito de Afrodita bajo el atributo de diosa de la belleza, del placer y del amor, y con ella, el canon ideal de belleza. Surge un mayor interés en torno al cuerpo de la mujer, que traspasará los siglos y las culturas, llegando hasta Roma y a su homónima diosa Venus. Las formas y las composiciones escultóricas se perfeccionarán y se mantendrá el gusto por la proporción.

Peor suerte correrá la representación del cuerpo durante los diez siglos que ocupó en la Historia la Edad Media. En estos momentos, los artífices parecen ignorar la belleza del cuerpo y la despreciarán en sus trabajos y estudios. Y aun con más motivos rechazarán el desnudo, símbolo del pecado para una sociedad movida por un profundo teocentrismo. El arte medieval, interpretado como instrumento de Dios y aplicado siempre con sentido religioso, sólo admitirá el desnudo humano en Juicios Finales o como alegoría del pecado. De esta forma el espectador, o lo que es lo mismo, el fiel que acudía a la iglesia, observaba desnudos grotescos que lo hacían alejarse del mal y de sus posibles errores.

Más adelante, a partir del siglo XIV, aparecerán desnudos alejados del ámbito religioso en las miniaturas. Se trata de ilustraciones en que la imagen del cuerpo se aleja del prototipo ideal, apareciendo mujeres poco agraciadas, muy delgadas, raquíticas. La representación de estos desnudos se realizaba a propósito de temas más comunes, que relegaban a la mujer a lugares de placer o al momento del baño.

El Renacimiento es el resurgir de la cultura grecorromana que se vivió durante los siglos XV y XVI y afectó a todos los campos, y muy sensiblemente al ámbito artístico. Los artistas tomarán como modelos los cuerpos escultóricos griegos y romanos y los reinterpretarán dando lugar a una galería amplísima de obras de arte donde el desnudo es el protagonista. Renacerá la diosa Venus mostrándose como una joven tímida y virginal, imagen que nos ofrece Botticelli en El Nacimiento de Venus, pero también como la mujer seductora y voluptuosa que pintará Tiziano, por ejemplo, en su Venus recreándose en la música. Púdicos o tentadores, pero todos ellos desnudos femeninos con los que nos deleitarán Bordone, Tintoretto o Correggio, conocido como el pintor de la desnudez femenina.

La ferviente religiosidad que se dará en los años siguientes con el Barroco, donde las cosas mundanas nunca podrán superar a la fe en Dios, no impedirá que el desnudo siga cultivándose. Y de nuevo, los desnudos barrocos nos sirven de muestra para conocer el gusto de la época. Uno de los artistas más destacados de estos momentos será Peter Paul Rubens, quien es capaz de imprimir en las mujeres de sus pinturas la belleza carnal, despertando el deseo y la sexualidad. En otra línea distinta se moverá su contemporáneo Rembrandt, cuyos desnudos se alejan de la voluptuosidad para dotarse de un halo de espiritualidad.

El gran genio español de la pintura, Diego Velázquez, se dejará llevar por las representaciones sensuales del cuerpo bajo la influencia de los italianos. Dará a luz una de las imágenes más populares para la Historia del Arte, la elegancia de su Venus del espejo. Será continuada por el versátil Goya que retrata a su vez la belleza humana (y también la fealdad) y hará del desnudo un tema frecuente.

Llegados a este punto podemos afirmar que el desnudo no ha sido un tema aislado en el arte, sino todo lo contrario, nos resultará complicado encontrar algún artista que no haya participado de él. El estudio del desnudo es la mejor forma para captar la belleza del cuerpo, el movimiento, la carne, los pliegues o las texturas.

El artista del XIX parte del conocimiento de esta historia del desnudo que le precede y creará una imagen nueva. La protagonista como viene siendo habitual será la mujer, si bien, se trata de una mujer asimismo nueva. En dicha imagen no influirá el gusto de la sociedad decimonónica, cada artista modela a la mujer con unas características propias, por lo que cada mujer representada será independiente, distinta a todas las demás. El artista seguirá celebrando la belleza femenina, exaltando su gracia, pero además y por vez primera en la Historia del Arte, el cuerpo de la mujer va a ser deshumanizado para convertirse en un mero objeto de deseo sexual.

Avanzando rápidamente hacia la modernidad, Les Demoiselles d’Avignon de Pablo Picasso evoca tanto malestar como atrae la vista hacia él. Fuertemente influenciado por ejemplos anteriores del arte africano, Picasso descompuso y ensambló por completo el cuerpo humano y las Señoritas de Avignon son uno de los resultados. Luego de múltiples bocetos y dibujos preparatorios, la idea de cuerpo que presentan fue vanguardista para la época e imprevista. Picasso se centra en la geometría de los cuerpos, convirtiéndolos en construcciones complejas pero simples.

En años más recientes, debido a la creciente democratización del consumo de imágenes y los cambios en los ideales de la belleza femenina y el cuerpo por igual, las propias mujeres comenzaron a delinear sus propios ideales a los que aspiran. La artista contemporánea Tracey Emin llevó la abstracción del cuerpo humano aún más lejos. Los contornos y las curvas se encuentran y se fusionan entre sí y juntos forman el cuerpo con bordes suavizados. En el caso de Emin, el cuerpo representado es su propia figura. Ella se involucra con su cuerpo usándolo como una expresión orgánica de su propia realidad vital en su creación artística, a veces implícitamente otras veces explícitamente.

Ahora hay disponibles múltiples nociones de belleza. Los ideales físicos son cambiantes, manifestaciones de las culturas de las que provienen, pero algunos aspectos cambian más fácilmente que otros. En definitiva, el cuerpo femenino como sujeto en el arte se utiliza menos como manifestación de la vida real que como retrato de ideales de belleza y su evolución sirve como espejo cultural de la época.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://sevillamagicayeterna.es/el-papel-de-la-mujer-en-el-arte/
https://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/vista/detalle_articulo.php?id_libro=458&id_articulo=9291
https://www.eldiario.es/canariasahora/canarias-opina/mujer-arte-naturaleza_132_2787183.html

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