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Una historia de amor

El amor es un sentimiento noble, cargado de emociones y pensamientos positivos. Puede tenerse amor a las cosas que se hacen, a varias personas, a los animales, no es un sentimiento exclusivo de 2 personas.

¿Pueden amarse dos personas que nunca se han tocado o visto personalmente? ¿Puede haber amor sin sexo? ¿El amor está limitado a dos personas de diferentes géneros?

Cuando se piensa en una historia de amor, por lo general se piensa en dos personas, lo primero que viene a la mente no es un niño y su perro, o un artista y su pintura. A menos que se sea gay, no se piensa en dos personas del mismo sexo.

Si un hombre deja a su mujer y se va con otra, eso es algo considerado común, “normal”; pero si la deja para irse con otro hombre se convierte en un hecho más relevante para su entorno social, porque eso no es considerado común, ni “normal”. Pero si es una mujer la que deja a su marido para irse a vivir con otra mujer, eso, es aún más escandaloso. Es que aún en la comunidad de homosexuales, las mujeres también son discriminadas.

Elizabeth Gilbert y Rayya Elias, son las protagonistas de una historia de amor con una vida corta y un triste final. Elizabeth Gilbert es una famosa escritora. Es ha escrito muchos libros, historias cortas y ensayos; pero hay un libro que es considerado por algunos críticos, como casi una autobiografía, tiene por título Come, reza, ama, fue un best seller, fue llevado a la gran pantalla y generó un increíble movimiento mundial que movilizó 350 millones de dólares.

Rayya y Elizabeth se conocieron en una peluquería, Rayya trabajaba como peluquero a medio tiempo, en una oportunidad declaró a The New York Times Magazine, que el cabello de Elizabeth se parecía al de Art Gurfunkel (del conocido dúo Simon and Garfunkel), un cabello algo difícil de trabajar, para un estilista.

Rayya, era una mujer gay que nació en Siria y partió de allí a los 7 años, era escritora, músico y también cineasta. En 2013 publicó su historia como mujer gay que venía del Medio Oriente y que vivía en Estados Unidos, donde entró al mundo musical en plena era del punk.

Ambas llevaban una magnífica relación, Rayya era la gran aliada de Elizabeth para todo. Se habían conocido en el 2000 y en 2006 llegó el éxito Come, reza, ama. Con una vida tan cercana, la relación se fue alimentando con el pasar de los años.

Elizabeth, como muchas personas, aman a otras y no lo saben. Ella era heterosexual, es seguro que no distinguía entre la gran admiración, respeto, cariño, la necesidad y lo agradable que era estar al lado de Rayya.

¿A cuántos no les ha pasado, que tienen a alguien a quien aman y jamás les ha pasado por la mente que es eso lo que sienten por esa persona? Cuando se piensa en eso, si es que se piensa, se asume que es cariño de un amigo o amiga.

En el libro Comer, rezar, amar, Elizabeth, la protagonista, ha sufrido un divorcio muy doloroso, con emociones encontradas, con dinero y una gran necesidad de alimentar su espíritu, busca hacer algo que siempre quiso y nunca había tiempo.

En su plan estaban tres lugares, Italia, India y También Indonesia. Quería vivir en cada lugar y disfrutar una experiencia diferente a la de ir por turismo. En Italia aprendería italiano y comería mucha comida italiana. Su lado espiritual se fortalecería en India, viviendo en un ashram, una especie de monasterio en donde los visitantes viven con maestros espirituales que comparten sus modos de vida y cultura con los huéspedes.

Bali es el destino final, allí en una oportunidad conoció a un maestro que le dijo que volverían a verse y en esa oportunidad él le enseñaría a meditar, mientras aprendía inglés que ella le enseñaría. Las experiencias vividas harían que Elizabeth redescubriera el verdadero amor, el más grande, el amor de sí misma.

En la última etapa de su viaje conoció a quien sería su nuevo amor, se casó con uno de sus personajes que en la vida real era un comerciante brasileño, José Nunes. Por años su vida transcurrió al lado de su amor, su esposo, su éxito profesional y su mejor amiga Rayya, Elizabeth no había descubierto que estaba verdaderamente enamorada de ella.

Rayya, estaba a la sombra, hasta que un día, dos meses después de Elizabeth anunciara en Facebook que se separaba de su esposo, con quien convivió por 12 años, a través del mismo medio hizo saber que llevaba una relación sentimental con su mejor amiga Rayya.

Elizabeth comunicó que su relación con José terminó porque había descubierto su amor por Rayya, quien había sido diagnosticada con cáncer de páncreas e hígado, un tipo muy agresivo de la enfermedad.

Era 2016, Elizabeth y Rayya se mantuvieron juntas durante el tratamiento y se casaron. Fueron momentos en los que su amor creció, se compenetraron más. Elizabeth decía, que tener a la muerte esperando, desarrolla en las personas la capacidad de desechar todo lo que no es real. Elizabeth sufría mucho por no haberle dicho nunca a Rayya lo tanto que la amaba, ni siquiera ella misma lo sabía y ahora la muerte se estaba llevando a su amor de este plano.

Esto estaba lejos de ser una novela, era la vida real, eso les decía a sus seguidores en redes sociales. Les pedía que entendieran la situación que estaban viviendo y que por favor la respetaran.

Instagram y Twitter fueron las vías a través de las cuales se supo el desenlace. “Ella era mi amor, mi corazón, mi mejor amiga, mi maestra, mi rebelde, mi ángel, mi protectora, mi retadora, mi compañera, mi musa, mi maga, mi sorpresa, mi regalo, mi cometa, mi libertadora, mi roca estrella, mi no cooperador completamente imposible, mi visitante de otro mundo, mi portal espiritual y mi bebé. Te amaba mucho, Rayya. Gracias por dejarme caminar contigo hasta la orilla del río. Ha sido el mayor honor de mi vida. Te diría que descanses en paz, pero sé que la paz siempre te aburrió. Que descanses emocionado. Siempre te querré”. (IG Elizabeth Gilbert 2018).

¿Qué diferencia hace si la pareja protagonista de esta historia “real” era heterosexual o era homosexual? ¿No puede haber amor genuino entre dos seres sin importar su género? El amor no es un sentimiento que tiene que ver con género, los sentimientos no son masculinos, ni femeninos, el auténtico sentimiento no tiene sexo, ni color, ni condición social o nacionalidad o religión, el amor es para todos, por lo menos es lo que creo.

Este es el mensaje escrito por una seguidora de Elizabeth, en un momento de tanto dolor por la pérdida de un ser amado:

“tan amada comer rezar amar y estoy completamente desilusionada. Encontró EXACTAMENTE lo que estaba buscando y luego lo arruinó por completo. Hablas de Dios, pero la mujer fue creada para el HOMBRE, como en el hombre. Quédese en casa y lea lo que la Biblia dice que Dios inspiró acerca de las relaciones apropiadas e inapropiadas. ¿Cómo sugiere que la población continúe creciendo? Totalmente desilusionado, amaba el libro y la película, odia sus decisiones de la vida real en posproducción”.

¿Cómo le parece?


En este escrito reflexiono sobre la historia de dos mujeres, amigas que se amaron en silencio y una enfermedad terminal las unió en matrimonio. Fuente: revistavanityfair.es.

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