Written by ciencia y tecnologia

Cuidar las generaciones venideras: ganar la batalla contra la extinción

«La buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres». Esta frase es parte del discurso de Charlie Chaplin en la película El gran dictador de 1940, un discurso en defensa de la ciencia, el progreso y la democracia que ha pasado a la historia y sigue siendo relevante a día de hoy.

Es cierto, la tierra es rica en recursos, pero eso no significa que no debamos tener un control sobre lo que consumimos ni a qué velocidad lo hacemos. La naturaleza se regenera con sus propios tiempos, pero parece ser que el ser humano se ha negado a respetarlos, imponiendo un dominio total sobre ella según sus propios intereses cortoplacistas.

Crecimiento infinito en un planeta finito

Una de las mayores críticas que surgen respecto al modelo de consumo en el que vivimos actualmente parte de una concepción certera de que los recursos son limitados, y nuestro sistema económico se basa en un crecimiento constante e infinito. ¿Cómo puede esto ser sostenible?

Si comparamos esta situación con unas bacterias dentro de un tubo con alimentos en un laboratorio de biología, veremos cómo las bacterias consumirán todo a su paso mientras crecen de manera exponencial hasta quedarse sin comida y morir irremediablemente.

La pandemia de coronavirus ha reducido el consumo global hasta niveles muy bajos o nunca vistos, pero no parece que vaya a ser una catalizadora de un cambio de modelo económico.

Es más, los gobiernos del mundo planean crecer como lo hemos estado haciendo hasta ahora, quizás con un enfoque más keynesiano y regulando la economía a partir de las ayudas que se han tenido que ofrecer a diversos sectores e individuos, evitando su caída y una crisis muchísimo más acentuada.

Sin embargo, en el largo plazo y ateniéndonos a la situación del cambio climático y recursos limitados, esto no es algo que vaya a variar demasiado el paradigma en el que vivimos. Todavía se tiene en cuenta el PIB como el factor principal del bienestar de un país, en vez de factores como la sostenibilidad o la felicidad de una nación.

Existen estudios que prueban que, a partir de cierto nivel de renta, la felicidad de una persona o grupo de personas no tiene una gran variación, por mucho que estas reciban cada vez más y más. Esto es extrapolable al nivel de sociedad.

¿Estamos únicamente basando nuestra prosperidad como raza humana mirando las cifras económicas y el crecimiento relacionado con el PIB? ¿No hay más?

Desarrollo tecnológico y comida rápida

Desde la Ilustración, las miras siempre han estado puestas en el desarrollo tecnológico de nuestra especie. Siguiendo con Keynes, él predecía allá por los años 30 que el progreso tecnológico iba a ocasionar que se redujera nuestra semana laboral a únicamente 15 horas.

Lo cierto es que el desarrollo tecnológico parece que ha motivado una expansión consumista que no parece tener fin, al contrario de lo que Keynes vaticinaba.

Todo tiene un coste. Incluso la obesidad ya no es sinónimo de riqueza como lo era antes, sino todo lo contrario. La comida rápida y ultraprocesada es más barata, pero contiene mayores agentes químicos y es mucho más perjudicial para la salud. El aumento de la productividad y el desarrollo tecnológico ha ocasionado que la comida se pueda fabricar a gran escala, pero sacrificando gran parte de sus beneficios nutritivos.

Si el desarrollo tecnológico puede suponer nuestra salvación, también puede ocasionar mayores complicaciones. El caso de la comida rápida y la hiperproductividad que la ocasiona no es más que un ejemplo, pero existen muchos otros.

Algunos esperan que un milagro tecnológico nos dé la solución rápida y definitiva al problema del calentamiento climático, al hambre en el mundo o a la limpieza de plástico de nuestros mares. Hay diversos proyectos en mente, no podemos negarlo, pero ninguno de ellos se ha lanzado como una solución concreta aceptada a gran escala.

Por ejemplo, varios de los proyectos relacionados con la absorción de CO2 de la atmósfera tienen sus propios riesgos, que podrían ocasionar desgracias relevantes entre la población más vulnerable. Recomiendo leer el libro de Naomi Klein, Esto lo cambia todo (2015), para entender más sobre esto último.

Cero crecimiento

No parece que el sistema económico vaya a evolucionar hasta una economía de cero crecimiento a corto plazo. Es razonable pensar que para poder preservar nuestro planeta en el largo plazo (ya sea investigando un milagro económico o no de mientras), tendremos que sacrificar varias de nuestras comodidades, algo que muy pocas personas quieren admitir.

Todos queremos que el cambio climático se detenga, cuyos efectos adversos estamos observando por todo el globo, pero admitir que nuestro nivel de vida se reduzca para ello, ¡ah! Eso ya es otra cosa.

Cuando ocurrió la cuarentena en tantos países del mundo, los ciudadanos asistieron estupefactos a que los bares abrieran antes que las bibliotecas, o que algunos eventos de ocio tuviesen prioridad sobre las escuelas. Fue una terapia de shock donde muchas personas entendieron que la prioridad de este sistema económico es el beneficio rápido, a expensas de lo que pueda resultar en el largo plazo.

El problema principal es que no existe un denominador en común para poder llegar hasta la sostenibilidad completa de nuestro planeta. Existen muchísimas iniciativas, cada una con sus propias ideas, pero más allá de la reducción de la emisión de CO2 de los países más contaminantes, no hay grandes ideas sobre cómo deberíamos empezar a pensar en el largo plazo y abandonar esta mentalidad del beneficio rápido.

En una época de estímulos rápidos y satisfacción instantánea, es preciso cambiar nuestros esquemas mentales y adoptar una visión de largo plazo que vaya más allá de nuestra esperanza de vida. Tenemos que adoptar una visión similar a los constructores de catedrales de la Edad Media, cuya finalización no se esperaba ver al iniciar su construcción.

The Long Time Project es un proyecto que nace con esta premisa, explorando cómo los humanos podemos sentirnos más emocionalmente conectados a nuestros nietos, a las generaciones venideras. Y quizás ahí está la solución, quizás deberíamos dejar de ver a nuestros nietos y bisnietos como extraños, y considerarlos parte de la familia. Quizás solo así consigamos atajar esta crisis, y también las futuras.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/aug/16/weve-got-to-start-thinking-beyond-our-own-lifespans-if-were-going-to-avoid-extinction

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