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El legado de Rafael Sanzio: arte y carisma del Renacimiento

Pintor y arquitecto italiano del Renacimiento, Rafael Sanzio ha pasado a los libros de historia como uno de los humanistas más relevantes y uno de los artistas más venerados de todos los tiempos.

El humanismo que transmitió en sus veinte años de carrera no tiene parangón y su arte aún puede iluminarnos nuestro día a día.

La personalidad de un artista

Rafael Sanzio también era conocido como Rafael de Urbino o simplemente Raffaello. Es uno de los artistas que se ha recordado durante siglos no solo por su arte extraordinario, sino por su propia personalidad.

El artista italiano es recordado frecuentemente como un hombre noble y empático, amado por los suyos y sus mecenas. La grandeza del don de Rafael en la pintura se une de esta forma a su gran carisma.

Esta simbiosis entre talento y personalidad a menudo logra alcanzar una mistificación del personaje que, después de la muerte de este, resulta en informaciones contradictorias o páginas en blanco. Ocurre por ejemplo con la fecha de su nacimiento. Según la narración de Giorgio Vasari, también artista (e historiador), Rafael habría nacido en Viernes Santo del año 1483. Esto correspondería al 28 de marzo. No obstante, el cardenal Pietro Bembo escribió que su muerte sucedió el mismo día de su cumpleaños, el 6 de abril.

Esta segunda fecha es la que se ha aceptado de manera oficial. Se estipula que la mencionada mistificación del personaje quiso coincidir su nacimiento con la muerte de Jesús de Nazaret.

Una adolescencia que apuntaba muy alto

La madre de Rafael murió cuando este tenía ocho años y su padre cuando tenía once. Esta desgracia hizo que el joven heredase el negocio del padre, quien a su vez entró en contacto con el mejor maestro pintor de la bella Italia: Pietro Perugino.

El talento de Rafael dio muestras a conocerse desde muy joven. Trabajar estrechamente con Perugino le proporcionó grandes conocimientos artísticos y sus primeros encargos se realizaron con tan solo 16 años.

Comenzó a realizar trabajos en solitario en el año 1499 y desde entonces, su fama no hizo más que crecer. Viajó por ciudades en las que el arte estaba en plena ebullición.

Aprendió de los mejores y se empapó de su arte. Su personalidad amable le granjeó amistades y mecenas tan importantes como Pinturicchio, quien le abriría las puertas a un futuro prometedor.

Lo cierto es que a Rafael no le faltaron oportunidades y esta es una muestra inequívoca de los beneficios de cultivar una personalidad equilibrada, en consonancia con los filósofos de la Antigua Grecia.

El alumno supera al maestro

Uno de sus primeros trabajos importantes fue precisamente encargado por Pinturicchio, quien en 1503 le pidió que le ayudara en la decoración de la Librería Piccolomini, ubicada en la Catedral de Siena y con la misión de conservar los manuscritos del papa Pío II.

El alumno superó al maestro, o a los maestros. En 1504 mostraría al mundo que su talento al realizar la pintura de Los desposorios de la Virgen, casi idéntica a la que había pintado Perugino y con una gran tridimensionalidad, era algo excepcional.

Fue en su estancia en Florencia cuando conoció el arte de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. Da Vinci se diferenciaba en la búsqueda de la perfección en la composición de sus figuras, mientras que Miguel Ángel perfeccionó el uso del claroscuro y el dinamismo en el movimiento.

25 años, y Rafael seguía absorbiendo conocimiento de sus contemporáneos, mejorando su propia técnica y abriendo las puertas a ser recordado como uno de los mejores pintores de la historia.

Un artista eterno

Ciertamente, la reputación del joven Rafael no le era desconocida a los parientes de Urbino. El nuevo papa, Julio II, inauguró su pontificado con un gran proyecto de renovación urbanística en Roma, así como del Vaticano. Era el inicio de lo que sería la fundación de los Museos Vaticanos.

Por consiguiente, el papa llamó a Donato Bramante, el supervisor de la Basílica de San Pedro, y este le sugirió la ayuda de Rafael, cuya reputación viajaba de boca a boca entre los parientes de Urbino.

Un sueño hecho realidad, Rafael llegó a Roma en el año 1508 y le fueron encargados los frescos de las cuatro salas que hoy día se conocen como «las estancias de Rafael»: la del Sello, la de Heliodoro, la del Incendio del Borgo y la de Constantino.

Tan asombrado quedó el papa con los primeros trazos de Rafael, que acabó despidiendo al resto de artistas, encargándole en exclusiva la decoración de estas cuatro salas. El siguiente papa, León X, mantuvo a Rafael en sus encargos actuales y le encargó también la supervisión de los trabajos de la Basílica de San Pedro y de una colección de diez tapices de la Capilla Sixtina.

La última gran obra del pintor sería la Logia de Cupido y Psique, donde se explayaría con todos los conocimientos adquiridos hasta ese momento. Trabajó en ellas entre 1511 y 1518 junto con sus trabajos en el Vaticano. Desgraciadamente, Rafael muró muy joven, debido a unas fiebres, con apenas 37 años.

Se rumoreaba que las fiebres estaban relacionadas con alguna enfermedad venérea como una sífilis aguda, ya que el artista también era conocido por su buen trato y éxito con las mujeres. Finalmente, su cuerpo se enterró en el Panteón de la ciudad eterna.

Dualidad

Sin duda alguna, la historia de Rafael nos abre la mente a entender la importancia de cultivar una personalidad afable, amén de perfeccionar las técnicas de nuestro oficio.

A veces se nos olvida que ambas son parte de un mismo todo. La técnica tiene más impedimentos para perfeccionarse con una personalidad poco equilibrada, y la felicidad interior de una persona, sea artista o no, depende de lo útil que se sienta en la sociedad, del valor de su trabajo y de la constancia diaria.

En una época en la que estamos obsesionados con nuestro currículum vitae, los títulos y las largas horas de trabajo, quizás es hora también de cultivar la mejor versión de nosotros mismos. Una cosa difícilmente funciona sin la otra.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/rafael-sanzio-artista-universal_15212

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