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¿Game over para el nuevo documental de Netflix?

High Score es un torrente de clichés. Desde su primer capítulo, esta serie documental sobre la historia de los videojuegos producida por Netflix va disparando cual pistola de Duck Hunt uno tras otro. La serie está llamada, pese a su naturaleza aparentemente inocua, a despertar cierta polémica. Sus virtudes y sus problemas son tan obvios e innegables que cada espectador deberá valorar qué esperar de un documental sobre videojuegos, específicamente sobre sus orígenes. Y, aun así, es poco posible que hasta el más arisco de los críticos y el más complaciente de los fanboys no concedan a ‘High Score’ que, como mínimo, se ha metido en camisa de once varas.

El principal y más obvio de sus problemas, del que se derivan todos los demás, es que en seis episodios de menos de 50 minutos cada uno es imposible abarcar toda la historia del videojuego. Sus episodios son levemente temáticos, a veces tratan acerca de momentos históricos, a veces de cuestiones técnicas (el 3D), a veces de géneros (juegos de rol, juegos de lucha). Solo leyendo la temática de cada uno, el jugador mínimamente avezado podrá darse cuenta que hay ciertas lagunas.

Se ha construido una historia con enfoque made in USA y se ha querido añadir algo sobre lo que sucedía en Japón, pero con intentos muy tímidos. Este es el principal temor que las personas aficionadas al estudio de los orígenes del videojuego tienen cada vez que se anuncia una producción de estas características y, aun así, a pesar de caer en tópicos y de navegar sobre lugares comunes, merece la pena sumergirse en la propuesta de la realizadora France Costrel.

Uno de los motivos por los que High Score lleva semanas haciendo ruido es el hecho de que Netflix forme parte de todo el tinglado. Cada vez más las grandes productoras están mostrando un mayor interés por el mundo del videojuego, y esto es algo que no tan solo se traduce en una mayor visibilidad, sino en la posibilidad de hacer algo grande, con presupuesto, valores de producción y un acabado con el que pocas veces se ha podido contar la historia de Bushnell, Iwatani y demás sospechosos habituales. En este sentido, la serie recientemente estrenada cumple con aquello que promete; en lo puramente formal es el documental más ambicioso que se haya visto en los últimos tiempos, pero eso no le suma puntos en lo más mínimo, sino todo lo contrario. Al ser un tema tan querido y esperado, quien se atreva a tocarlo estará bajo la estricta supervisión de los críticos más fieros, los fans. Aun así, y sin haber colmado expectativas, hay cosas que rescatar.

Ver a Akira Nishitani, el diseñador de Street Fighter II, tomándose un respiro en un baño público japonés cual Edmond Honda es un espectáculo. Como también lo es ver a Richard Garriott interpretando a Lord British mientras juega una partida de rol; o a Tomohiro Nishikado pasando las páginas del GDD de Space Invaders. Son imágenes que, más allá de todos los clichés del mundo, aquellas personas que amen la historia del videojuego sabrán apreciar, porque, en el fondo, son más una celebración que un intento de plasmar los orígenes del décimo arte de la manera más fidedigna posible.

High Score no resume la historia del videojuego, la sobrevuela. Su contenido apenas llega a rascar la superficie y además está sustentado por el tan sesgado punto de vista norteamericano; y, sin embargo, en su aproximación a esta temática consigue posicionarse, presentar fuentes originales y, lo más importante, elaborar un discurso propio. Aparte de hablar con las estrellas de siempre, Costrel también da voz a figuras no tan habituales pero cuyos testimonios merecen ser escuchados. Es el caso de Gail Tilden, una de las mayores responsables de marketing de Nintendo America durante los 80 y cuyo trabajo ha quedado en la sombra. También hace justicia a la importante pero poco conocida contribución de Jerry Lawson, el ingeniero afroamericano responsable de la primera consola con cartuchos. El documental subraya su origen en un intento de reflejar la falta de diversidad racial dentro de la industria del videojuego. Como también lo hace cuando pone el foco en la diversidad LGBTQ y nos habla de desarrolladores como Ryan Best, el creador del juego de rol GayBlade; o Gordon Bellamy, el máximo artífice en la inclusión de jugadores afroamericanos en Madden.

Más allá de la tremenda calidad de sus imágenes, High Score destaca por sus historias olvidadas. Esa es la mayor contribución de esta serie documental dirigida a todos los públicos y cuyo enfoque pretende encontrar el equilibrio entre la divulgación y el entretenimiento. Su mayor lastre es, como decía al principio, apoyarse demasiado en clichés, pero lo que de verdad rebaja la calidad general de la obra es su limitada visión respecto a todo lo que pasaba fuera de Estados Unidos. El documental obvia por completo las particularidades de la historia del videojuego en Europa, América Latina, Rusia y otras regiones donde esta industria también tuvo mucha importancia.

Durante muchos años las crónicas canónicas del videojuego eran las que recogían su historia en Estados Unidos y, aunque esto ya hace tiempo que está cambiando, con libros como el estupendo Replay (2010) de Tristan Donovan, parece que todavía quede algo de esa visión monolítica. Por otro lado, también es verdad que no me imagino algo tan complicado como intentar resumir la historia de este medio en seis únicos episodios. Uno puede ponerse un poco puntilloso por algunos errores provocados por la excesiva simplificación, o podríamos preguntarnos por qué no se menciona a figuras clave como Ralph Baer o Gunpei Yokoi, pero, sinceramente, creo que es preferible y más constructivo centrarse en lo que muestra que en lo que deja de mostrar.

Hacer un documental para televisión no es tan fácil como muchos creen. Conseguir cada imagen requiere de esfuerzo, planificación y, a veces, suerte. En High Score han dispuesto de muchos recursos, pero igualmente las imágenes siguen mandando y, si no tienes imagen para ilustrar aquello que quieres explicar, probablemente no lo incluyas. En este sentido hay que reconocer todo lo bueno que ha conseguido France Costrel y su equipo.

Creo que a pesar de todo merece la pena ver High Score, eso sin duda alguna. Hay que remarcar su valor de celebración, el espectáculo y la alegría de sus imágenes, su discurso sobre la diversidad o su voluntad a la hora de ofrecer algo propio con la aparición de figuras olvidadas. Evidentemente, hay aspectos que podrían haberse trabajado mejor. Además de todos los citados en esta reseña, su guion quizá podría enlazar mejor los temas, o su intento de reflejar la cultura del videojuego podría ir más allá de las competiciones, pero a pesar de ello, en general, el visionado es agradable y ameno. ¿Consigue su objetivo de explicar la historia del videojuego al gran público? No estoy seguro, pero sabe entretener y fascinar. Es un documental que nos deja momentos memorables y anécdotas que cualquier gamer que se precie de serlo las va a agradecer.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.hobbyconsolas.com/reviews/critica-high-score-mundo-videojuegos-serie-documental-netflix-701125
https://hipertextual.com/2020/08/high-score-mundo-videojuegos-france-costrel-netflix-critica
https://www.vidaextra.com/analisis/high-score-bueno-malo-que-echamos-falta-documental-historia-videojuego-netflix

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