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¿Por qué los norteamericanos no discuten el racismo con sus hijos?

A pesar de que el racismo en EEUU es una de las grietas sociales que más problemas le acarrean a su sociedad, resulta sorprendente que sea una temática que los padres blancos rara vez tratan con sus hijos. Las investigaciones afirman que aquellos niños y adolescentes que discuten el racismo con sus progenitores son más propensos a hacerlo con su propia prole. A pesar de ello, esta tendencia parece convertir a la discusión del racismo entre padres e hijos en una inexplicable anomalía.

Un aspecto que se refleja comúnmente en la manera en que los padres blancos de los EEUU abordan el tema del racismo con sus hijos es no generar distinciones entre los diferentes colores de piel de las personas. Si bien puede tratarse de una bienintencionada estrategia por no inculcar una diferenciación racial en los niños y adolescentes, este enfoque no tiene en cuenta que la sociedad norteamericana vive diariamente una realidad completamente diferente. No caben dudas de que, lamentablemente, el racismo forma parte de la vida cotidiana de millones de personas de diferentes etnias que son continuamente discriminadas por la clase blanca dominante estadounidense.

Es comprensible que las familias blancas de los EEUU se muestren reacias a admitir el hecho de que el racismo se encuentra muy arraigado en su país. Después de todo, una discusión completa del tema involucraría el repaso histórico de la formación de su nación, la cual incluye a la esclavitud de afrodescendientes, los linchamientos del Ku Klux Klan y la segregación que ocasionaron las Leyes Jim Crow, entre otros tantos desafortunados hechos de su pasado. Y, si bien estos terribles episodios pueden referirse a un pasado lejano, los niños y adolescentes blancos de Norteamérica son conscientes de que, actualmente, el racismo está más vivo que nunca.

Existen investigaciones que afirman que, aquellos padres blancos estadounidenses que les han inculcado a sus hijos un activo rechazo del racismo, han logrado que éstos posean una actitud solidaria con respecto a las minorías que ha sido víctimas del Covid-19. Lo contrario sucede con los padres que jamás han discutido el tema de las desigualdades raciales con sus hijos, quienes generalmente sienten indiferencia o, peor aún, consideran que los ciudadanos de color poseen un grado de culpa al ser afectados por la actual pandemia.

Proteger a los hijos de influencias negativas es un instinto natural que poseen la mayoría de los padres. Abordar el tema del racismo -un tema muy complicado hasta para los adultos- puede ser percibido por muchos padres blancos estadounidenses como una innecesaria carga psicológica para un niño o adolescente. Pero intentar escudarlos de una realidad que éstos últimos pueden percibir tanto en sus vidas cotidianas como en los medios de comunicación sólo logra que ellos busquen respuestas en otros lugares menos adecuados.

Cuando se analiza al racismo en Norteamérica, es inevitable considerar al orgullo nacionalista de la mayoría blanca –más del 60% de la población- que caracteriza a su sociedad. Aun cuando este nacionalismo no se trate de aquel extremismo adoptado por los conservadores más radicales, la desigualdad racial (sangrienta en el pasado y discriminadora en el presente) es una oscura mancha en la cultura norteamericana. En este sentido, resulta lógico y comprensible que muchos padres elijan evitar discutir el tema del racismo con sus hijos ya que sienten que eso podría derivar en generarles un sentimiento antipatriota.

Los niños hacen preguntas todo el tiempo acerca del mundo que los rodea y, naturalmente, aquellos que pertenecen a la mayoría caucásica de los EEUU cuestionarán al racismo en algún punto de su crecimiento. De no encontrar a un padre dispuesto a proveerle respuestas satisfactorias a esta temática, lo más probable es que terminen buscándolas ellos mismos a través de terceros o dentro de la Internet. En este punto, existe el peligro de que su visión se forme por medio de la lógica y los argumentos de aquellas personas o grupos que poseen una postura racista con respecto a las minorías de su país.

De acuerdo a Caryn Park, profesora de la Antioch University de Seattle, los niños de tres años ya son plenamente conscientes de que existen diferentes razas y colores de piel. Debido a la necesidad que tienen los niños por identificar la realidad que los rodea, es muy importante que puedan recibir respuestas de sus mayores acerca de las características raciales que diferencian a las personas. Sin embargo, es diferente que un padre discuta acerca de las diferentes etnias que componen a la sociedad estadounidense a que se enfoque en el problema del racismo, el cual implica una explicación mucho más elaborada y complicada.

No caben dudas de que el racismo, al igual que cualquier otra temática que los padres decidan abordar junto a sus hijos, se encuentra ligado a un proceso generacional. Los estudios afirman que aquellos padres que han recibido, por parte de los suyos, una educación temprana sobre las inequidades raciales, son más propensos a abordar este tema con sus hijos. De la misma manera, aquellos que no han podido discutir sobre racismo con sus padres han hecho lo propio con su prole.

Los profesionales en educación aseguran que los padres deberían discutir abiertamente la cuestión del racismo con sus hijos a la primera oportunidad que se les presente. A pesar de ser un tema tan importante, un reporte llevado a cabo por Sesame Workshop indica que tan sólo el 10% de los padres encuestados (6.070, todos estadounidenses de raza blanca) ha hablado de las diferencias raciales con sus hijos.

Una de las principales razones que los encuestadores han recibido ante esta reticencia comunicacional es el miedo de estos adultos de que, al discutir sobre ello, estén colaborando a crear un pensamiento racista en sus hijos. Es por ello que muchos padres blancos norteamericanos adoptan una educación que apunta a enseñarles a su descendencia a ser “ciegos al color”.

Actualmente, la sociedad norteamericana atraviesa una grieta racial muy pronunciada que comenzó este año con el asesinato de George Floyd en Minnesota y continúa con la violencia de blancos hacia las marchas anti-racismo como Black Lives Matter. Resulta inevitable que los niños de familias caucásicas realicen cuestionamientos a sus padres con respecto a la problemática racial que sufre su país.

Es una pregunta complicada que resulta igualmente difícil de responder, aunque los profesionales aseguran que el silencio, aun cuando se lo justifique como una medida de protección, no es la solución sino una excusa. Lo más probable es que la comprensión y aceptación, tanto de padres como de sus hijos, de que la sociedad de los EEUU continúa conviviendo cotidianamente con el racismo puede ser el primer paso para resolver este problema.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
There’s a right way to talk about racism with kids — and most white parents in the US aren’t doing it. (https://ideas.ted.com/)
Most white parents don’t talk about racism with their kid. (https://theconversation.com/)
The Top 5 Reasons Well Meaning White Parents Do Not Discuss Race With Their White Children. (https://strivingparent.com/)
Too few parents talk to their kids about race and identity, report finds. (https://hechingerreport.org/)

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