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El coraje de una joven abusada sexualmente

Chanel Miller es una joven artista y autora norteamericana de 28 años de edad que actualmente goza de un notable reconocimiento gracias a su libro “Know My Name”. Pero, más allá de su gran capacidad literaria, fue su valiente decisión por firmarla con su nombre real lo que le otorga mayor relevancia a esta obra. En ella, Miller describe el calvario que debió sufrir desde que fue abusada sexualmente, cinco años atrás y cómo, mediante la exposición pública de los hechos, ella logró conseguir seguir adelante con su vida.

El ataque sexual a Chanel Miller se dio a lugar la noche del 17 de enero del año 2015 en el campus de la Universidad de Stanford, California, cuando ella acompañó a su hermana menor, Tiffany, a una fiesta que se dio a lugar dentro del edificio de una fraternidad. En un momento dado, perdió completamente la consciencia y la recobró horas más tarde, cuando se halló a sí misma golpeada y ensangrentada en la cama de un hospital.

El joven que abusó de una indefensa e inconsciente Miller se llama Brock Turner, un muchacho blanco, rubio y de buena familia que en aquel entonces contaba con 19 años de edad. Además de ser bien considerado por la comunidad educativa de Stanford, Turner era un aclamado atleta que formaba parte del equipo All American de natación.

Como si exponer su doloroso caso frente a un grupo de extraños que la cuestionaban constantemente durante su testimonio judicial, la ridícula sentencia que recibió posteriormente Turner sólo sirvió para generar en Miller aún más humillación. A pesar de que la querella pedía seis años de prisión, Brook Turner solamente fue sentenciado a permanecer en prisión seis meses, de los cuales finalmente cumplió tres. Un año más tarde, Miller (quien prefería ser asociada con el caso a través de su seudónimo, Emily Doe) comenzó a escribir sus experiencias vividas a partir de la noche en que se dio a lugar el abuso sexual.

Durante el juicio de 2015 (People v. Turner) se sucedieron los hechos típicos en este tipo de situaciones, en donde el proceso legal se convierte en una humillante inversión de roles. Brock Turner no era un joven que abusó sexualmente de una indefensa Chanel Miller, sino que se trataba del simple error cometido por un excelente alumno de Stanford al que se le había ido la mano con el alcohol. Mientras tanto, Miller ya no era más la víctima: ahora pasaba a ser meramente “la muchacha borracha de la fiesta”.

De acuerdo a la psicoterapeuta Beverly Engel -una prominente investigadora, escritora y experta en casos de abuso sexual-, existen una gran variedad de factores que motivan el silencio de las víctimas. Dentro de ellas, la principal causa es la vergüenza, la cual produce una abrumadora sensación de humillación deshumanizadora. Esto conlleva incluso a interpretar al abuso como una consecuencia de sus acciones, como si la víctima hubiera sido la provocadora de esta situación. Inevitablemente, esto conlleva a un sentimiento de culpa que genera una negación y minimización del abuso, por lo que muchas veces ellas terminan por descartar el hecho de que haya sucedido algo malo.

Por otro lado, Engel ha sido testigo de innumerables casos en que el silencio es también motivado por el miedo a las consecuencias de reportar el abuso sexual. Esta sensación de temor ante la posibilidad de perder el trabajo, que las personas no les crean o ser calificada como una provocadora resulta tan intolerable que, en la mayoría de los casos, las víctimas prefieren no denunciar el hecho. Las mujeres saben bien que las víctimas de abuso son sujetas a exhaustivos interrogatorios y, además de la estigmatización social, se exponen a recibir amenazas tanto del perpetrador del hecho como de sus familiares y amigos.

Lógicamente, este silencio acarrea innumerables consecuencias psicológicas que resultan ser devastadoras para la víctima. Depresión, ansiedad, baja autoestima y hasta pensamientos suicidas son algunos de los problemas asociados a la decisión que toman muchas mujeres abusadas sexualmente de no reportarlos a las autoridades. Es por ello que el camino que tomó la joven Chanel Miller resulta ser un ejemplo de enorme coraje que seguramente ayudará a muchas otras víctimas a animarse a contar la verdad. Ella misma es la primera en admitir que la fuerza que inicialmente motivó su silencio y (durante los años posteriores a su denuncia) el uso de un seudónimo, fue el miedo tanto a represalias como así también al ostracismo social.

En su libro “Know My Name” (Conoce Mi Nombre), Miller detalla un episodio en el que se cruza con su agresor sexual en los pasillos del juzgado de Santa Clara, California. Si bien se trató de un encuentro fortuito al que la joven decididamente hubiera elegido que no haya acontecido, es un buen ejemplo del malestar interno que deben sufrir las víctimas de por vida. Mientras ella se hallaba parada en el pasillo, Brooks pasó caminando a su lado junto con su familia, quienes le dedicaron una mirada que la hizo “sentir 100 veces más chica, nada más que una tonta víctima, la mancha podrida en su vida”.

Esta anécdota resulta irónica actualmente ya que, como consecuencia del coraje de esta joven, la persona cuya vida y autoestima se han empequeñecido ha sido la del propio Brook Turner. Luego de alejarse de la universidad antes de que comiencen los procesos disciplinarios correspondientes, la organización nacional de natación, USA Swimming, emitió un comunicado en el que prohibía a Turner competir para su equipo.

Mientras Miller continúa recibiendo premios literarios y elogios en reconocimiento de la fortaleza de carácter que demostró al visibilizar públicamente su caso, Brook Turner actualmente vive con sus padres y gana U$D12 la hora trabajando para una empresa que fabrica accesorios médicos. Sus compañeros de trabajo lo describen como “un joven callado que mantiene la cabeza baja y hace su trabajo”.

Ganador no solamente de grandes y unánimes elogios por parte de los críticos literarios más importantes de los EEUU, “Know My Name” también alcanzó el prestigioso título de New York Times Bestseller y obtuvo el primer premio en la categoría Autobiografía del National Book Critics Circle Award. Pero, la transición que llevó a Miller desde el anonimato hasta conseguir fama mundial también le otorgó otra positiva e inesperada recompensa.

Gracias a su entrevista en el prestigioso programa 60 Minutes de la cadena CBS, la joven pudo finalmente encontrarse cara a cara con Peter Jonsson and Carl Arndt, los estudiantes suecos que detuvieron el ataque del joven Turner al reducirlo en el suelo hasta la llegada de la policía. A pesar de que los jóvenes se lamentaban por no haber llegado antes al lugar del hecho, Miller les aseguraba que tales suposiciones no tienen sentido. Ella sabe bien que, si bien muchas cosas no se pueden cambiar en la vida, la única manera de poder salir adelante es aceptarlas y, por sobre todo, enfrentarlas con nombre y apellido.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
I Thought Anonymity Was a Shield After My Sexual Assault. But Coming Forward Brought Me Back to Myself. (https://time.com/)
Why Don’t Victims of Sexual Harassment Come Forward Sooner? (https://www.psychologytoday.com/)
Chanel Miller on why she refuses to be reduced to the ‘Brock Turner sexual assault victim’. (https://www.theguardian.com/)
Where Is Brock Turner Now, Four Years After Sexually Assaulting Chanel Miller?. (https://www.distractify.com/)

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