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El racismo económico y de género en la lucha contra la pandemia

En la mayoría de los ámbitos laborales de los EEUU, las minorías deben contentarse con un sueldo menor al que perciben aquellas personas de raza blanca. Peor aún más injusto es el hecho de que esta falta de equidad se incrementa en el caso de las mujeres, cuyos trabajos actualmente las exponen diariamente a los riesgos que presenta la pandemia de Covid-19. Esta discriminación que se basa en el sexismo y el racismo se encuentra amparada por una regulación laboral que poco hace por otorgarles un sueldo equitativo a las mujeres estadounidenses pertenecientes a las minorías.

Las inequidades raciales que se relacionan con los ingresos económicos no son una cuestión nueva en Norteamérica. Según las investigaciones del Pew Research Center, se trata de una tendencia que viene incrementándose desde la década de los 70s. A través de los análisis de datos provistos por el Census Bureau de los EEUU, por cada dólar estadounidense que ganan los hombres blancos, las mujeres pertenecientes a las minorías raciales de este país cobran casi la mitad. Es así como, por realizar la misma tarea, las mujeres afrodescendientes cobran U$D0.62, las Nativo americanas U$D0.57 y las Latinas U$D0.54 con respecto a cada dólar pagado a una persona blanca de sexo masculino.

Si bien esta diferencia de tan sólo centavos puede aparentar ser poco significativa, cuando se comparan los sueldos anuales obtenidos por las personas de raza blanca con los de las minorías femeninas, la diferencia es abismal. En el caso de las mujeres afroamericanas, su sueldo anual promedio equivale a U$D38.036 dólares, mientras que el de un hombre caucásico es de U$D61.576. Esta diferencia de U$D23.540 dólares anuales podría ayudarle a costear a una mujer afrodescendiente de los EEUU:

  • El pago de más de dos años y medio adicionales en la matrícula y gastos de una carrera de cuatro años en una universidad pública.
  • Casi 31 meses más para la manutención de un niño.
  • Más de 16 meses adicionales de un seguro de salud Premium.

Esta inequidad en cuanto a los ingresos económicos que perciben las mujeres norteamericanas que no son de raza blanca es doblemente injusta debido a las tareas que ellas deben realizar al ser, en la gran mayoría de los casos, el único sostén de sus hogares. El 80% de las mujeres afroamericanas son la principal fuente de sustento para sus familias, por lo que a su magro salario debe sumársele el esfuerzo que demandan sus obligaciones domésticas. Sin embargo, desde el comienzo de la pandemia de coronavirus covid-19, a su precarización laboral se le agregó el riesgo sanitario al que estas mujeres se exponen diariamente.

De acuerdo al National Women’s Law Center, una organización defensora de los derechos laborales femeninos en los EEUU, 1 de cada 3 mujeres afrodescendientes se encuentran realizando tareas consideradas como esenciales en plena pandemia. A pesar de cumplir roles de importancia crítica como la enfermería, expendio de mercaderías, cuidado de personas o trabajar dentro de una planta procesadoras de alimentos –entre muchos otros-, su remuneración económica es proporcionalmente inequitativa a la que reciben las personas de raza blanca de su país.

Hay que tener en cuenta que las minorías raciales de los EEUU representan a una gran parte de la fuerza laboral considerada como esencial, es decir, aquellos que trabajan en los sectores de servicios, salud, gastronómicos, etc. Aun cuando su exposición al riesgo de contraer el virus del Covid-19 debería ser remunerado por tratarse de una cuestión de insalubridad, la discriminación existente en Norteamérica mantiene sus sueldos a la baja en comparación con la clase blanca dominante. Peor todavía es el hecho de que, dentro de los masivos despidos generados por la pandemia, aquellos trabajadores pertenecientes a las minorías son los primeros en recibir una carta de despido.

Según cifras de la organización Economic Policy Institute, la cual se encarga de auditar los impactos económicos de las medidas que toma el gobierno de los EEUU, las enfermeras, doctoras, maestras, camareras y cajeras afrodescendientes cobran entre un 11% y un 17% menos que aquellos hombres blancos que realizan sus mismas labores. Ésta injusta desproporción salarial es posible, de acuerdo a Valerie Wilson –directora del programa de Raza, Etnia y Economía de esta organización-, debido a una estigmatización que sufren las mujeres afroamericanas en cuanto a su raza y género sexual.

El 13 de agosto de este año se celebró el Black Women’s Equal Pay Day, una manera que tienen las mujeres afrodescendientes de Norteamérica de visibilizar las inequidades salariales que deben afrontar en su país. En este caso, se eligió esta fecha específica para simbolizar la cantidad de días que ellas hubieran tenido que trabajar durante el año 2019 para igualar el sueldo que cobraron los hombres blancos que se desempeñan en su misma función.

Sin embargo, no todos son simples reclamos y, desde el Economic Policy Institute, sus integrantes también ofrecen propuestas para cambiar esta histórica situación. Una de ellas es que el gobierno de los EEUU eleve el salario mínimo a U$D7.25 la hora, para que de esta manera las mujeres afrodescendientes que realizan trabajos básicos logren cobrar un sueldo más decente. Por otro lado, y para evitar contrataciones que se basen en el sexo o la raza de una persona, desde esta organización proponen que los empleadores publiquen estadísticas en donde se detalle las razones por las cuales se les da empleo a determinados individuos.

En cuanto a la segregación de género y racial que constantemente se generan en los espacios de trabajo estadounidenses, la directora Wilson cree que se deberían implementar con mayor fuerza las leyes anti-discriminación vigentes. En sus propias palabras “no existe razón alguna para que se den estas disparidades salariales cuando la ley demanda que las personas deben ser justamente remuneradas por realizar el mismo trabajo”. Cabe aclarar que, si bien el presente artículo se enfoca en las personas de raza negra, las mujeres pertenecientes al resto de las minorías estadounidenses padecen condiciones similares a las afrodescendientes.

El problema del racismo económico y de género que se vive en los espacios laborales de los EEUU es tan antiguo como la segregación de las minorías que ha acompañado a su sociedad desde su fundación como país. La pandemia de Covid-19 ha logrado profundizar aún más la brecha existente entre la remuneración que perciben las personas de color y aquellas de raza blanca. Mientras que buena parte de los norteamericanos pertenecientes a la clase blanca dominante pueden actualmente trabajar desde sus hogares, la responsabilidad de hacerle frente cara a cara a un peligroso virus recae en aquellas mujeres que pertenecen a las minorías de su país.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
More than 1 in 3 Black women are on the front lines of the pandemic, but they aren’t even close to equal pay. (https://www.cnbc.com/)
Racial Economic Inequality. (https://inequality.org/)
Why Black Women’s Equal Pay Day 2020 Is So Important. (https://www.forbes.com/)

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