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Cyberbulling en Audrie y Daisy

El documental narra la historia de dos adolescentes agredidas sexualmente y que posteriormente sufrieron un acoso desorbitado en las redes sociales. De hecho, los realizadores dijeron que la unión de las dos historias se debe a una misma frase que las dos víctimas repitieron tras la agresión. “La violación no fue lo peor, lo que vino luego fue el verdadero infierno”.

La directora estadounidense Bonni Cohen y su esposo, el también cineasta Jon Shenk, se han atrevido a filmar un documental que muchos califican de:  “el documental más duro de nuestra vida”.

Cohen y Shenk se implicaron desde los años 90 en buscar la historia adecuada para trasladar estos temas de relevancia al cine. Un documental previo, The Hunting Ground tomó el año pasado las violaciones sistemáticas en los campus universitarios del país como punto de partida. Durante décadas, una de cada cinco estudiantes era forzada a realizar actos sexuales mientras veía cómo su institución se posicionaba a favor de los agresores. El filme denunciaba que varios centros privados como Harvard, Yale y Columbia entregaban ese indulto a los alumnos por razones económicas y el importe millonario de la matrícula.

Pero antes de la universidad están los institutos, donde se producen el 44% de las agresiones denunciadas. Los dos cineastas decidieron trasladar el foco a las escuelas impulsados por este dato, donde muchas veces la minoría de edad sirve de coartada suficiente. Fue entonces cuando encontraron a Daisy Coleman y su lucha constante desde que los amigos de su hermano mayor la violaron en 2012 cuando tenía 14 años.

Seis meses después, en la otra punta del país, unos compañeros de clase agredían a Audrie Pott en una fiesta cuando ella estaba totalmente inconsciente. Las dos adolescentes se referían a todo lo que sucedió después de la violación, el acoso en redes, el maltrato en el instituto y el blindaje de su comunidad a los agresores, como lo más duro en todo este que les ha sucedido. A diferencia de Daisy, Audrie no pudo soportarlo y se colgó con la manguera de la ducha. Tenía 15 años.

Audrie y Daisy -disponible en Netflix- arranca con la voz de Bonni Cohen sobre la imagen de una silueta. “No te llamaré por tu nombre y usaremos una animación para ocultar tu identidad”. La directora se dirige a uno de los atacantes de Audrie Pott, obligado por la fiscalía a aparecer en el documental junto al otro acusado como parte de su condena. La charla se produce tres años después del suicidio de la chica.

Aunque la expresión de sus rostros no es más que un trazo en pantalla, se puede percibir el laconismo al recordar aquella noche. Ambos admiten que tenían un grupo de mensajes donde intercambiaban los desnudos de sus compañeras, cedidos o robados. En el caso de Audrie Pott no solo compartieron fotografías online, sino que se aprovecharon de que estaba inconsciente para desnudarla, violarla, pintar obscenidades en su cuerpo con un rotulador e incluso introducirlo después en su vagina.

Lo escalofriante es que hoy en día los agresores siguen sin tener muy claro qué fue lo que hicieron mal. “Lo que he aprendido de todo esto es que los chicos y las chicas pensamos de forma muy diferente. Ellas cotillean mucho. Los tíos somos más relajados, nos da igual”, dice uno de ellos a modo de conclusión.

Según Rainn, el 33% de las víctimas de violación contemplan el suicidio en Estados Unidos y más del 13% lo llevan a cabo. Daisy Coleman, la otra protagonista del documental, admite que intentó quitarse la vida tras el acoso y que su hermano tuvo que salir corriendo al hospital con ella en brazos en más de una ocasión.

Cuando tenía 14 años, su madre la encontró en la entrada del porche en coma etílico y azul por la hipotermia. Horas antes se había escapado con una amiga para ir a casa de los compañeros de equipo de su hermano mayor, estrellas de fútbol americano del instituto de Maryville, Misuri. Allí ambas fueron violadas por dos chicos de 17 años. En el caso de Daisy, mientras uno forzaba su cuerpo inmóvil, los otros grabaron un vídeo. Sin embargo, dicen que nunca se pudo encontrar pruebas del mismo.

“No subestimemos la necesidad de llamar la atención de las chicas jóvenes”, dice el sheriff de Maryville en el documental. Uno de los acusados, Matthew Barnett, era nieto de un ex representante de Estado y eso lo libró a él y a sus compañeros de cumplir condena. “Todo el mundo está obsesionado con la palabra violación. Es muy popular”, añade el funcionario. Una postura que al poco tiempo revela la prioridad de estos pueblos en las declaraciones de uno de los profesores de la escuela: que los chicos deportistas vayan a la universidad y hagan buena prensa. No en vano, “son los héroes locales, la gente no quiere verles metidos en problemas”.

El cyberbulling está directamente relacionado aquí con el “slut shaming” al volcar todos los prejuicios sexuales y la culpa en las mujeres. Para los directores se trata de una suerte de letra escarlata moderna y terriblemente hipócrita.

Los directores esperan que estos testimonios abran un debate tanto entre padres y adolescentes como en el mundo educativo, algo que Shenk ilustra con un ejemplo. “En los 50 y los 60 no estaba mal considerado conducir bajo los efectos del alcohol, pero en los 80 ya se consideraba algo irresponsable y peligroso. Tenemos la esperanza de que muy pronto esté mal considerado dejar a una chica ebria en una fiesta o compartir fotos de alguien sin su permiso”, concluye.

Una lección extraña y aterradora sobre la cultura de la violación, el consentimiento y la posterior inculpación. Audrie y Daisy es mucho más que Audrie y Daisy, es un grito desesperado para impedir todos esos casos evitables, porque siempre lo son.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://www.rogerebert.com/reviews/audrie-and-daisy-2016
https://www.nytimes.com/2016/09/23/movies/audrie-daisy-review.html

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