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Fiestas COVID: ¿hay algo que celebrar en una pandemia?

Parece que el distanciamiento social ha despertado un mayor deseo de interacción social pues, incluso en medio de una crisis de salud que ha repercutido en el tejido social de la humanidad y en la economía mundial, las congregaciones de personas se están volviendo más frecuentas. Las denominadas fiestas COVID dejan muchos saldos, sin embargo, continúan teniendo lugar.

El pasado agosto, una masa de gente se reunió en lo que, inesperadamente, se convertiría en uno de los eventos más trágicos de sus vidas. De las vidas de los sobrevivientes, claro está, porque la fiesta clandestina que se realizó en un local mal acondicionado de los Olivos culminó con 13 muertos.

La gran polémica que levantó este acontecimiento se debe a los dimes y diretes entre la policía y los asistentes a la fiesta. Entre todo lo que se ha dicho, Infobae recoge varias de las declaraciones de ambas partes, además de evidencia audiovisual. Los asistentes a la fiesta dicen que los policías les lanzaron bombas lacrimógenas y cerraron la puerta del local; por su parte, la policía dice que ese no fue el caso y que la puerta estaba abierta, aunque luego corrigieron su narrativa y decir que estaba pegada.

Pero apeguémonos a los hechos y no a las manifestaciones de los involucrados.  Según Correo, había unas 120 personas en el local de los Olivos, cuyas angostas escaleras y puertas metálicas que se abrían hacia adentro constituían ya una situación de riesgo. Además, entre los 120 había también requisitoriados, un hecho que explica por qué, cuando la policía enfiló a la mayoría de las mujeres para que descendieran por las escaleras, el pánico por escapar de los que se encontraban en el segundo piso desató una estampida.

La BBC informa que, de los 23 ciudadanos que fueron detenidos, la mitad, aproximadamente, estaba infectada con Coronavirus. Se presume que todos los asistentes que lograron escapar también están infectados en una proporción similar, lo que preocupa a la salud pública pues extienden el contagio.

El toque de queda en Perú va, en la actualidad, desde las 10 pm hasta las 4 am, con inmovilización los domingos. Las fiestas están prohibidas, sin embargo, Gestión comenta que, según el PNP Jorge Caya, desde el 15 de marzo la policía ya ha intervenido 321 eventos clandestinos.

OjoPúblico lanzó un artículo sobre la escandalosa impunidad con la que se dan estas reuniones masivas. Una red de productores, recabada en base a los nombres recuperados de los dueños del local de los Olivos, organiza eventos en pleno estado de emergencia. Se contratan bandas para que toquen en vivo y los asistentes suelen rondar la veintena, centena o más. Thomas Restobar, el establecimiento de los Olivos donde murieron 13 personas, albergó muchas otras fiestas y, lastimosamente, la última fue la voz de alarma que despertó a la nación.

Pero este no es un caso exclusivo de Latinoamérica, parece ser que el viejo continente también tiene problemas tratando de hacer que se cumpla la ley. De acuerdo con Sky News, un día antes de que la Ley de los 6 (Rule of 6) entre rigor en el Reino Unido, la policía de Gran Mánchester atendió 56 reportes. En las siguientes 24 horas, estadistas de UK resolvieron que informaron que había 3,497 nuevos infectados. Se prevé que las cifras aumentarán debido a la entrada de varias partes del país a temporadas más cálidas, donde el alcohol y las vacaciones pueden jugar un papel determinante para propagar el contagio.

La Ley de los 6 pretende limitar las reuniones a no más de 6 personas, con unas cuantas excepciones concretas. Las reglas difieren en algunas ciudades en cuanto al número permitido dentro y fuera de casa, así como la aplicación de la ley en menores de edad. Los locales ahora están obligados a testear a su público y a mantener un registro de su actividad para poder ser de utilidad en caso de que se confirme algún caso de virus. En caso de desobedecer la ley por primera vez, los ciudadanos tendrán una multa de £100 (alrededor de $128); si se trata de reincidentes, la multa ascenderá a £3200 (alrededor de $4105).

The Atlantic presenta 4 posibles explicaciones por las que la gente no puede resistir la tentación de reunirse a pesar de que el mundo entero se encuentra en una crisis de salubridad. Las dos primeras explicaciones son la ignorancia y el egoísmo. Quizá ambos sean enfoques un poco simplistas para explicar por qué tantas personas, a pesar de la mayor cantidad de información, las leyes y los riesgos, deciden involucrarse en eventos que, como informa la Organización Mundial de la Salud, tienen altas probabilidades de contagio.

Otra de las explicaciones que ostenta The Atlantic, en base al pensamiento del filósofo Peter Singer, es que las personas están más dispuestas a hacer sacrificios para ayudar a alguien en apuros si están expuestos a su sufrimiento directamente. Vemos en la televisión y en los periódicos el sufrimiento ajeno pero, como no es palpable, como no conocemos a quienes están luchando contra las adversidades provocadas por este virus, no sentimos la obligación de hacer el sacrificio, por pequeño que sea, de no aglomerarnos en espacios públicos o privados.

La cuarta explicación apunta a las normas sociales que ya hemos internalizado y a la nueva normalidad a la que tenemos que ajustarnos. De un día para otro, acciones normales se convirtieron en delitos. Acostumbrarse a un nuevo orden no es fácil. The Conversation analiza la psicología de la pandemia en base a la interpretación del comportamiento humano, que se rige en gran medida por un sistema de recompensas.

La recompensa, de momento, es no contraer el Coronavirus; sin embargo, a medida que el tiempo avanza, la recompensa parece menos atractiva para quienes no han tenido que enfrentarse a la realidad de vivir con COVID-19 en sus propios hogares. Así, es más difícil internalizar las nuevas reglas puesto que no hay una recompensa percibida que justifique el desligarse del anterior orden y asumir uno nuevo.

Es posible que, hasta que la ciencia no descubra un remedio definitivo para el Coronavirus, continuemos escuchando sobre más fiestas COVID alrededor del mundo, así como sus inesperados finales. Para aceptar el cumplimiento de las recientes normas, podría ser útil contar con el apoyo de celebridades de la televisión y el deporte. Sin embargo, no basta con su testimonio: su ejemplo es lo que podría motivar a la sociedad a adaptarse a la nueva normalidad. No obstante, parece poco probable ya que incluso deportistas tan bien rankeados como el tenista Novak Djokovic contrajo el virus en una fiesta en junio.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
Lima: Tragedia en Los Olivos: Algunos detenidos eran requisitoriados, según | NOTICIAS CORREO PERÚ en https://diariocorreo.pe/
Al menos 11 de los 13 muertos en una fiesta clandestina en Perú tenían coronavirus en https://www.infobae.com/america/
Qué se sabe de la estampida en un club nocturno de Perú que dejó al menos 13 muertos en medio del estado de emergencia por el coronavirus en https://www.bbc.com/
Tragedia en Los Olivos: red de productoras promueve fiestas ilegales ante la ausencia de fiscalización en https://ojo-publico.com/
Más de 320 reuniones clandestinas fueron intervenidas por la Policía en Lima en https://gestion.pe/
Four Theories for Why People Are Still Out Partying en https://www.theatlantic.com/world/
Coronavirus: Large parties shut down overnight by police as people enjoy blowout weekend before new COVID rules en https://news.sky.com/
Coronavirus: What are the latest rules on meeting people in the UK? en https://news.sky.com/
Preguntas y respuestas sobre las concentraciones multitudinarias y la COVID-19 en https://www.who.int/es
The psychology of lockdown suggests sticking to rules gets harder the longer it continues en https://theconversation.com/us
Four Theories for Why People Are Still Out Partying en https://www.theatlantic.com/world/

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