Written by mundo, oceania

Las libertades del extremismo de derecha en Australia

La brutal masacre ocurrida en marzo de 2019 en las mezquitas Al Noor y Linwood de la ciudad Christchurch, Nueva Zelanda, puso de manifiesto que el terrorismo de derecha en el continente australiano es una amenaza real. A pesar de que el acusado -Brenton Harrison Tarrant, nacido y criado en Australia- integró a una de las tantas organizaciones de extrema derecha de su país, su gobierno no está tomando las medidas necesarias para controlarlas. La representante opositora del Ministerio de Asuntos Internos australiano, Kristina Keneally, insiste en que se incluyan a estos grupos en la lista nacional de organizaciones terroristas.

El asesinato en masa que llevó a cabo el australiano Brenton Harrison Tarrant a principios del año pasado fue un hecho que conmocionó al mundo entero, tanto por la crueldad con la que se desarrolló la masacre como su calculado planeamiento previo. 51 musulmanes perdieron la vida debido al despiadado tiroteo que Tarrant desató en ambas mezquitas, a la que se hubiera sumado una tercera de no haber sido éste interceptado por la policía cuando se dirigía hacia ella. Este joven australiano de 29 años de edad fue sentenciado en agosto de este año a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional, una condena sin precedentes en el circuito judicial de este continente.

Sin embargo, en Australia existen numerosos grupos radicalizados que se nutren de la misma ideología que empujo a Tarrant a cometer un acto de odio semejante y a los cuales las leyes de este país aún no consideran como terroristas. De acuerdo a las regulaciones del Ministerio de Asuntos Internos australiano, para que una organización ingrese a la misma lista en la que se encuentran Al-Qaeda, ISIS y Jemaah Islamiah, deben existir pruebas satisfactorias de que ésta se encuentra planeando, asistiendo o divulgando un acto terrorista específico. Para la representante del Partido Laborista, Kristina Keneally, estos lineamientos le otorgan una gran libertad de acción a los grupos de extrema derecha de su país.

El terrorismo de derecha es un fenómeno que, gracias a la globalización digital, se encuentra en su máximo apogeo. A través de foros online como 8chan (el cual fue visitado asiduamente por Tarrant), aquellos individuos que buscan radicalizarse en la ideología supremacista pueden hacerlo desde cualquier rincón del planeta. A pesar de ello, el único país integrante del servicio de inteligencia internacional Five Eyes que no incluye a ninguno de sus grupos extremistas locales dentro de su lista de organizaciones terroristas es Australia.

Si bien Mike Burgess, Director General de la Organización de Inteligencia y Seguridad Australiana (ASIO), considera que la amenaza del terrorismo de derecha en su país “es real y está creciendo”, da la impresión de que sus autoridades no la toman demasiado en serio. El gobierno de Australia mantiene una política de gran tolerancia con respecto a la proliferación de los grupos de extrema derecha, a punto tal que el Ministro de Asuntos Internos, Peter Dutton, considera que éstos son igual de peligrosos que los “lunáticos de izquierda”.

Pero, más allá de las opiniones personales de sus dirigentes, lo cierto es que Australia es el único país que se niega a considerar a esta amenaza lo suficientemente real como para incluirlos, como ya lo hicieron sus aliados de Five Eyes (Nueva Zelanda, EEUU, Inglaterra y Canadá), en su lista de organizaciones terroristas. El analista político Henry Storey cree que una de las razones por las cuales el gobierno de su país se muestra reacio a adoptar esta medida es debido a que podría generarle votos en contra al partido dominante.

Ya que estos grupos radicalizados de derecha no sólo enfocan su odio en personas de otras razas, sino también en inmigrantes, organizaciones de izquierda y sectores que apoyan a la comunidad LGBT, esto habla claramente de que el gobierno australiano considera a gran parte de su población como pasivamente intolerante. Si bien ésta última no adopta activismos de ningún tipo, su silencioso apoyo a la ideología que profesan las organizaciones de extrema derecha con respecto a, entre otros puntos, la migración asiática hacia Australia puede justificar la reticencia del gobierno por perseguir a estos grupos.

A las autoridades australianas se le presentan dos dificultades a la hora de detectar y combatir al activismo de extrema derecha de su país. Por un lado, estas organizaciones se interesan por reclutar a miembros que cuenten con un pasado militar, algo que les asegura que éstos posean conocimiento del uso de armas de fuego. Y por otro, buscan que a sus filas lleguen personas jóvenes, las cuales suelen pasar bajo el radar de los organismos de inteligencia sin ser detectadas.

Mientras que la Organización de Inteligencia y Seguridad Australiana se preocupa por monitorear a quienes ellos consideran las verdaderas amenazas terroristas de su país, los grupos de extrema derecha gozan de una libertad de acción casi total. El propio Director General de este ente estatal, Mike Burgess, aseguró tener conocimiento de reuniones llevadas a cabo por pequeñas células en las que sus integrantes saludan a banderas Nazis, inspeccionan armas y se entrenan en combate. Aun así, al no estar catalogadas como organizaciones terroristas, poco pueden hacer las autoridades para desarticular efectivamente sus operaciones.

Cabe reconocer la importancia de la tecnología como medio de propagación del mensaje de odio que promulgan estos grupos, conocidos como alt-right. Numerosos foros dedicados a diseminar su ideología abundan en Internet, de los cuales se nutren muchos grupos e individuos que se encuentran en diferentes partes del planeta. El hecho de que Tarran haya transmitido en vivo –por YouTube y Facebook- la masacre en las sinagogas de Christchurch, no sólo consiguió que se viralice su brutal asesinato en masa, sino que le confirió una enorme popularidad entre aquellos compatriotas australianos que comparten sus mismas ideas.

Según analistas políticos como Henry Storey, el partido conservador que actualmente gobierna Australia cree conveniente mantener una actitud pasiva con respecto a la amenaza local de los grupos de extrema derecha, cuestión que les permite a éstos continuar operando entre las sombras. La senadora Liberal Concetta Fierravanti-Wells llegó a sugerirle al mismo Burgess que no utilice el término “extrema derecha”, advirtiéndole que esto podría ofender a los conservadores. Será muy difícil que las autoridades australianas puedan hacerse cargo de la amenaza que presentan estas organizaciones si sus manos se encuentran atadas por la conveniencia política y la captación de votos para mantenerse en el poder.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
Labor calls for right-wing extremist groups to be listed as terrorists. (https://www.news.com.au/)
Is Australia Taking the Threat of Right-Wing Terrorism Seriously?. (https://thediplomat.com/)

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