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Ota Benga, el hombre que fue exhibido con monos

Dos días después de su primera exhibición, el 10 de septiembre de 1906, el prestigioso diario The New York Times titulaba: “Un bosquimano comparte jaula con los monos en el recinto de los monos del Bronx”.

Unas 500 personas al día iban a ver el espectáculo, terminado el mes de septiembre, los ingresos duplicaban lo que el Zoológico del Bronx había hecho en el mes de agosto.

Se trataba de un hombre africano que era exhibido con animales y vivía en la llamada, “Monkey Home”. Su nombre era Ota Benga, un pigmeo Mbuti que provenía de lo que se conocía como El Congo Belga ¿Cómo podía exhibirse un hombre en una jaula viviendo con monos? Cuánta humillación por ser diferente.

BBC publicó un artículo reciente (septiembre de 2020), en el que se habla del tema y se hace desde la voz de una periodista que ha estudiado por años el caso, se trata de Pamela Newkirk. En el escrito da a conocer su posición respecto a las disculpas, que desde su perspectiva resultan incompletas y que recién ha presentado el Zoológico del Bronx, por haber sido partícipe y promotor de la exhibición deleznable del africano Ota Benga, encerrado en una jaula de monos como un atractivo del zoológico y una forma de hacer dinero.

La disculpa llega en momentos en los que la sociedad norteamericana está despertando ante la sucesiva e indignante cantidad de afroamericanos muertos en hechos motivados por el odio racial.

La vida de Ota Benga cambió en el momento en el que fue capturado en su tierra. Fue vendido por un saco de sal y algo de tela al Dr. Samuel P. Verner, un darwinista y ambicioso hombre de negocios, cuya idea era llevarlo a la Exposición Universal de Saint Louis, corría 1904.

Desde el siglo XVI, Inglaterra, Francia, Países Bajos, España y Portugal, apalancaron su progreso humillando a los más débiles, los secuestraron de sus tierras, los encadenaron, torturaron y los hicieron esclavos. Estados Unidos, siguió el modelo, igual que lo hicieron las tierras conquistadas de Latinoamérica y El Caribe, según lo describe Kenneth Morgan, profesor de Historia en la Brunel University de Londres.

Entre 1501 y 1867 unos 10 millones de esclavos, fueron transportados por barcos negreros a América. En Estados Unidos, en el centro de entrada de esclavos era Rode Island y se podían cambiar por ron. Un esclavo sano y joven, podía costar entre 18 y 20 libras esterlinas.

El sur de Estados Unidos recibió más de un millón de esclavos, las plantas de algodón requerían mano de obra y los esclavistas hacían grandes negocios.

Pese a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos en 1865 y de estar establecida en la Decimotercera Enmienda de la Constitución de ese país. La libertad de los negros parecía no haber sido bien entendida, una situación que lastimosamente aún puede percibirse en el trato que reciben los afroamericanos hoy en día.

La idea del Dr. Verner, había funcionado. Cientos de personas acudían a diario a verle y pagaban 5 centavos. Tal era la depravación, que pagaban un adicional por tocar sus dientes, que eran afilados, tenían forma puntiaguda. Benga era exhibido junto a otros africanos.

La Exposición acabó, y el “científico” comenzó una gira por el país para sacarle todo el dinero que pudiera. Una vez que lo logró, hizo lo necesario para enviar a Benga al Congo. Pasó poco tiempo para que volviera después a Estados Unidos y lo haría en compañía del Dr. Verner, quien esta vez, tenía otros planes.

El Museo Americano de Historia Natural fue el lugar al que fue llevado con la misma intención que antes. Cuando el museo ya no fue más una fuente de dinero, decidió llevarlo al Zoológico del Bronx. Nuevamente fue visto como un gran negocio.

Se diseñó una jaula, con huesos alrededor para darle un toque más dramático y allí junto a los animales era parte del gran espectáculo del zoológico, era una muestra de la evolución del hombre, según decía el Dr. Verner.

En algún momento dejaron que Benga les diera comida a otros animales, y transitara por el parque. Eran más de 100 hectáreas y el ambiente era lo más parecido al hábitat natural de los animales salvajes.

Las críticas, ante un evento tan bochornoso e inhumano no se hicieron esperar. Un movimiento religioso cristiano presionó y Ota Benga fue liberado. Los medios internacionales también tuvieron que ver con la liberación, dado que no era buena publicidad, ni para el zoológico, ni para el país.

Un reverendo de nombre James Gordon lo recibió en Howard, un asilo para huérfanos negros en Nueva York. Años más tarde fue a vivir a una escuela en Virginia y en 1916 tuvo un final tan trágico como lo fue su vida desde que fue capturado, se suicidó.

Dice la periodista Pamela Newkirk, que el zoológico nunca tuvo buena disposición para explicar al mundo lo que en realidad sucedió y que inventaron historias para disfrazar el hecho. En 1906 inventaron que el africano era un empleado del zoológico.

Newkirk recoge la vida del joven congolés en su libro “Espectáculo: la asombrosa vida de Ota Benga” que fue publicado en 2015.

Un siglo ha pasado y la verdad se conoce a medias. Está la historia que cuenta la periodista Pamela Newkirk y el cuento que hace el nieto del Dr. Verner y que publica en 1992, que relata incluso que el joven congolés se hizo amigo del Dr. Verner y disfrutaba las exhibiciones. Un hecho absurdo para la periodista.

Al saberse la noticia de su muerte, una “leyenda urbana”, sería el trato que le darían en el New York Times, al tema sobre la exhibición de Ota Benga en el Zoológico del Bronx. Diez años antes, el mismo diario había publicado “Hombre del bosque comparte jaula con simios del Parque Bronx” ¿Fue verdad o no que exhibieron a Ota Benga junto a monos en una jaula en el zoológico en cuestión?

El actual director del zoológico que en 1906 vejó a Benga, el Dr. Cristian Samper, dice que recientemente se ha disculpado por lo que hizo la institución en el pasado, al haber exhibido a Benga por varios días; pero en realidad fueron tres semanas, señala Newkirk, quien afirma que las falsas narrativas han acompañado el discurso del zoológico hasta estos tiempos. Justo es que la verdad salga a la luz pública, ese reconocimiento le ganará más respeto a la institución y abonaría en favor de un verdadero y profundo rechazo a lo que en el fondo es, una conducta racista.

El triste y vergonzoso episodio racista de Ota Benga en la historia post esclavitud en Estados Unidos, es una muestra de lo que es capaz de hacer el hombre cuando cree que es superior.

En 1865 se abolió la esclavitud en Estados Unidos, en 1964 se aprobó la Ley de los Derechos Civiles ¿Se acabó la segregación racial? En el 65 fue aprobada la Ley del derecho al Voto y en el 68 el Acta de Igualdad de la Vivienda.

Pero lo que sucede aún en Estados Unidos, parece estar recogido en la desgarradora frase “Separados pero iguales”, usada para segregar de igual manera a los de otras razas, después de haber sido abolida la esclavitud. Eran las llamadas leyes de Jim Crow ¿Cuánto más hay que esperar por justicia?


En este escrito expreso mis ideas y opiniones inspiradas en la desgarradora historia de Ota Benga, el africano que fue exhibido en una jaula de monos en el Zoológico de Nueva York en 1906. –

Fuentes consultadas:  BBC News, larazón.es y elmundo.es

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