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Dos hombres opuestos, un destino común

A poco de cumplirse el 80 aniversario del nacimiento de John Lennon, su asesino Mark Chapman volvió a pedir perdón desde la cárcel y admitió que “merece” la pena de muerte. Pero más allá de las declaraciones, hay una historia dolorosa que merece ser contada: la de un hombre pequeño e insignificante que, sin motivo aparente, terminó con la vida de uno de los grandes artistas del siglo XX.

 

Los paralelismos entre Mark Chapman y John Lennon son más que los imaginados por la mayoría: dos vidas sufridas y marcadas por personalidad acostumbradas a no encajar en la sociedad. Chapman nació en 1955, quince años antes que Lennon; su padre era un sargento violento y su madre enfermera. A los catorce años, comenzó a abusar de las drogas y a faltar a clase, hasta que escapó de su casa para vivir en las calles. Ya en 1971, descubrió la fe religiosa y hasta consiguió una novia; fue sin dudas su época más feliz: comenzó a trabajar en campamentos y era adorado por los niños, que le apodaron Nemo. Sus compañeros de trabajo lo destacaron como un empleado ejemplar.

 

Tiempo después, por recomendación de un amigo, Chapman leyó la novela “El guardián entre el centeno”, del gran escritor J.D. Salinger, y entonces su vida cambió para siempre: la historia tuvo un significado especial para él, a tal punto que sus conocidos aseguraron que su objetivo era imitar la vida del protagonista de la novela. Al igual que Lennon, Chapman era músico, aunque con escasas cualidades: tocaba la guitarra en las iglesias y poco más. En cierto momento, y sin razones a la vista, abandonó su trabajo, dejó la religión y rompió con su novia. Entonces comenzó a tener pensamientos suicidas y hasta intentó matarse por asfixia.

 

Sus obsesiones sobre el arte en general, y la música y la literatura en particular, se juntaron con su incipiente alcoholismo, hasta que en 1980 le escribió una carta a una amiga donde decía, sin medias tintas, que se estaba volviendo loco. Poco tiempo después, sucedió lo que hoy todos sabemos: se acercó al edificio donde Lennon y Yoko Ono se hospedaban, los esperó con el último disco solista del músico, y cuando lo vio le pidió un autógrafo. Con humildad, Lennon se detuvo y se lo dedicó. Pero eso no le alcanzó a Chapman, quien se quedó allí hasta la noche, y cuando estuvo solo aguardó por el regreso de Lennon y le disparó hasta dejarlo tendido y sin vida.

 

El motivo oculto

 

La historia de vida de Lennon antes de los Beatles es diferente en los detalles, pero en especial es diferente por sus decisiones. Como Chapman, Lennon no nació en una cura de oro, y su sufrida adolescencia lo moldeó como una persona rebelde, inconformista, que sin embargo utilizó eso para transformar el mundo y ser querido por millones. Como cierta vez dijo: “siempre fui un rebelde, pero por otro lado quiero ser amado y aceptado por toda la sociedad y no este poeta y músico loco y gritón, pero no puedo ser lo que no soy”.

 

Con los materiales del sufrimiento y la alienación, Lennon creó belleza y dejó una huella profunda en el mundo. Su nombre es y será reconocido por todos y admirado por millones. Por otro lado, antes del asesinato nadie sabía nada sobre Chapman. Y de no haberse convertido en asesino, hoy no estaríamos hablando ni conoceríamos nada sobre su historia de vida. Lo cual nos lleva a pensar en los verdaderos motivos de su crimen.

 

Podría decirse que, en cierto momento, a Chapman lo atormentó la siguiente pregunta: ¿cómo puede ser que yo, un hombre insignificante, pueda arrebatarle la vida a un hombre tan importante? ¿Cómo puede Dios permitir eso? El libre albedrío mareó su mente trastornada, pero en especial lo hizo la sospecha, luego confirmada, de que la estupidez y una simple bala son suficientes para terminar con años de belleza. Después de todo, esa es la gran tragedia humana: alcanza un gramo de maldad y estupidez para derribar la construcción del bien común.

 

Las disculpas de Chapman

 

En la más reciente de sus audiencias de libertad, Chapman volvió a pedir disculpas por el asesinato de Lennon. Sin embargo, a los 65 años se le volvió a negar la libertad condicional. Durante su audiencia, calificó lo que hizo hace 40 años como un “acto despreciable”, y confesó que disparó y mató al cantante de “Imagine” sólo por la gloria.

 

“Sólo quiero reiterar que lamento mi crimen”, dijo Chapman. “No tengo excusa. Esto fue para la auto-glorificación. Creo que es el peor crimen que puede haber para hacerle algo a alguien que es inocente”.

 

Chapman permanece encarcelado en la Correccional de Wende, en el norte del estado de Nueva York, donde ha estado desde 2012. En varias ocasiones expresó su remordimiento y hasta se disculpó con Ono por matar a su marido.

 

“Era extremadamente famoso. No lo maté por su carácter o el tipo de hombre que era. Era un hombre de familia. Era un icono. Era alguien que hablaba de cosas de las que ahora podemos hablar y es genial”, dijo. “Lo asesiné porque era muy, muy, muy famoso y esa es la única razón… y yo estaba muy, muy, muy, muy en la búsqueda de la gloria propia, muy egoísta”.

 

“Quiero añadir eso y enfatizarlo mucho: fue un acto extremadamente egoísta. Siento el dolor que le causé a ella. Pienso en ello todo el tiempo”, añadió.

 

En dos años, Chapman podrá volver pedir por su libertad condicional, que seguramente le volverá a ser negada. Y así, como sociedad, deberemos cargar con la absurda pero eficaz búsqueda de fama de Chapman, que no es otra cosa que un modo retorcido y estúpido de alcanzar la trascendencia.

 

El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
John Lennon’s Killer Mark Chapman Says he Sought ‘Self-Glory’, en https://www.billboard.com
Mark Chapman Part Iii: the Killer Takes His Fall, en https://people.com

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