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¿Violencia policial sin control o sólo más visibilizada?

Si bien la brutalidad policial en Norteamérica data de principios del siglo pasado, es a partir del nuevo milenio que comenzó a exponerse de forma masiva en los medios de comunicación. Gracias a las cámaras que traen integradas los smartphones más básicos del mercado, filmaciones de esta aberrante conducta por parte de oficiales de policía han inundado los noticieros y las redes sociales. Pero, a pesar del indudable valor que tiene este tipo de registro en video, también tienen la capacidad de generar un círculo vicioso de violencia que puede crear más problemas que soluciones a largo plazo.

La discriminación racial y la brutalidad (tanto física como mental) que ha estigmatizado a la policía estadounidense encuentra sus comienzos en los primeros años del siglo XX. Y, si bien es cierto que un gran número de casos involucraron a las minorías raciales de este país, la comunidad caucásica no fue la excepción. Sin embargo, el acoso policial no se limita a la cuestión racial: homosexuales y personas transgénicas históricamente han sufrido el permanente maltrato policial. Se trata de una consecuencia que, según los expertos, deriva de una “cultura de lealtad” que se nota principalmente en aquellos departamentos de policía que son integrados principalmente por personas de raza blanca.

La llegada de la internet le brindó al público masivo la oportunidad de interiorizarse de estas y otras cuestiones que, de acuerdo al ambiente social al que pertenecen, podían o no haber presenciado en persona. Es sabido que una imagen vale más que mil palabras, por lo cual la llegada de YouTube le dio a la sociedad la posibilidad de conocer con mayor precisión una infinita variedad de temáticas, muchas veces, desconocidas para la mayoría de la gente. En este sentido, la transmisión de videos caseros captados con la cámara de un celular se convirtió tanto en objeto de entretenimiento como en un medio para visibilizar situaciones de la vida cotidiana de personas de todo el mundo.

Específicamente en el caso de la brutalidad policial, las filmaciones de testigos que han presenciado estos actos de abuso o violencia han adquirido una relevancia impensada antes de la llegada de los smartphones. Si bien buena parte de la sociedad norteamericana ha sido consciente del maltrato que muchas veces sufren las minorías de su país de manos de la policía, gracias a sus teléfonos celulares les han podido mostrar al mundo -con irrefutable claridad- este tipo de injusticias. Por otro lado, estas filmaciones sólo muestran el costado violento de una policía que, en muchos otros casos, se conduce de manera ética y profesional. Una consecuencia negativa de estos videos es que se logra estigmatizar a todas las fuerzas de seguridad, generando una nociva crisis de confianza en ella.

Debido a la creciente cantidad de videos que muestran aberrantes hechos de brutalidad policial, muchos piensan que ésta aumenta cada vez más. Sin embargo, las estadísticas demuestran que el número de muertos en manos de la policía estadounidense se mantiene en un constante número: alrededor de mil por año. Es por ello que puede especularse que la violencia policial no ha ido en aumento, sino que las personas se animan cada vez más a registrarlos con sus teléfonos y publicarlos en Internet.

Este tipo de filmaciones amateurs no parecen generar demasiados cambios en la actitud de las fuerzas de seguridad estadounidenses. Desde el año 2013 al 2019, el 99% de los asesinatos perpetrados por oficiales de policía de ese país no han tenido consecuencia alguna para los uniformados que participaron del hecho. Las pocas circunstancias en las que los policías han sido desafectados por las autoridades se debieron a la notoriedad que ganó el caso, así como la lucha de los familiares de las víctimas para que estos crímenes no quedasen impunes. Sin embargo, estos desenlaces siempre fueron la excepción y no la regla.

Fue en el año 1991 cuando George Holliday filmó con una cámara Sony Handicam la brutal golpiza que recibió el afroamericano Rodney King de manos de la policía de Los Ángeles. Es muy probable que, de no ser por el video capturado por Holliday, aquel aberrante hecho haya pasado inadvertido por la sociedad estadounidense. Sin embargo, tan sólo un año después, los policías involucrados en la golpiza fueron puestos en libertad, lo cual desató una serie de desmanes a lo largo de Los Ángeles que dejó un saldo de más de 50 muertos, cerca de 2 mil heridos y cientos de edificios quemados.

¿Cambiaron en algo los índices de brutalidad policial en los EEUU a partir de los numerosos videos que la muestran gracias a los smartphones modernos? Lamentablemente, la respuesta definitivamente es negativa. El racismo y la violencia que sufren regularmente las minorías de este país por parte de sus fuerzas de seguridad se mantienen a un ritmo constante. Por otro lado, existe un aceptable número de casos en los que, gracias a estos videos, las víctimas lograron presentar una evidencia irrefutable ante la justicia.

Existe un peligro adicional para aquellas personas que deciden capturar el accionar de la policía cuando ésta se encuentra ejerciendo la violencia contra la población civil. Muchos ciudadanos norteamericanos afirman haber sido acosados, amenazados, golpeados y encarcelados por haber filmado hechos de brutalidad policial. Tal fue el caso del neoyorquino Ramsey Orta, quien en el año 2014 filmó el asesinato de su amigo Eric Garner en manos de la NYPD. A partir de entonces, y hasta su arresto un año más tarde por posesión de armas y drogas, Orta sufrió una permanente persecución por parte de la policía. Dentro de la cárcel de Rikers, el joven asegura que fue constantemente intimidado por los guardias y que hasta envenenaron su comida.

Muchos departamentos de policía de los EEUU cuentan con pequeñas cámaras portátiles para que utilicen sus uniformados, una cuestión que trajo gran alivio para las organizaciones de derechos humanos. Sin embargo, sumado al hecho de que muchos de estos oficiales las encienden y apagan a discreción, cuando estas filmaciones son presentadas por los abogados de las víctimas como evidencia, por lo general son simplemente ignoradas y no colaboran a generar un castigo significativo para los policías involucrados.

Si bien gracias a los smartphones la población civil ha logrado visibilizar la brutalidad policial, ésta es un arma de doble filo. La Justicia actualmente tiende a desestimar aquellas denuncias que no cuentan con una evidencia en video y, aun cuando ésta se halla presente, son las víctimas las que en la mayoría de los casos sufren las consecuencias negativas por haber grabado el hecho. Los videos que captan la brutalidad policial en Norteamérica simplemente representan una realidad que siempre existió y que padecen a diario cientos de personas en todo este país.

Por lo pronto, estos videos muchas veces generan violentos desmanes que terminan siempre con más muertos y heridos, los cuales no logran producir cambios significativos para esta lamentable situación. A pesar de ello, para las víctimas pertenecientes a las minorías que son objeto de estos constantes abusos a su integridad física y moral, estas grabaciones son al menos un testimonio del acoso y brutalidad con la que son tratadas por una fuerza de seguridad que debería protegerlos.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
‘A Crisis That Began With an Image of Police Violence Keeps Providing More. (https://www.nytimes.com/)
Smartphones Have Transformed the Fight Against Police Violence. (https://jacobinmag.com/)
Mapping Police Violence. (https://mappingpoliceviolence.org/)
Did the Rodney King video change anything?. (https://edition.cnn.com/)

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