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El arponero del aire, Maximiliano Costagliola

arponero

Para una persona, viajar supone emprender nuevos horizontes aquellos que sean capaces de evocar nuevas sensaciones, trascendentales para lograr un cambio en la forma de ver el mundo, y que son capaces de reformar estilos de vida. En el arponero del aire, el autor describe a un protagonista que se descubre a sí mismo, abrazado a su pasión por los vuelos.

La narrativa dentro de las novelas tiende a tomar un estilo de comprensión donde los personajes son el punto focal de las circunstancias: sin embargo, en esta muy bien elaborada novela “El arponero del aire”, Maximiliano Costagliola logra enfocar la atención de la trama a las circunstancias, responsables de cada uno de los acontecimientos que vivirá el protagonista.

Los viajes usualmente tienden a fomentar en el ser humano sentimientos de trasformación, aquellos que son capaces de transmutar la base más pura de la vida, en esta novela veremos cómo un hombre logrará cambiar su forma de ver la vida.

Al comenzar a leer la novela el lector podrá transportarse  al año 1975, período donde nuestro protagonista llega al mundo, así como su inmediata ligadura a los viajes en avión; no obstante, este amor por los vuelos serán los responsables de definir su personalidad solitaria, desprendido de cualquier apego terrenal, como si de un ser abandonado se tratara.  

Abordando la comprensión del tiempo

Para Costagliola, autor del libro, tratar las definiciones que buscan comprender el tiempo y la conciencia representa uno de los focos primigenios de la obra, cómo una persona logra interconectar el acontecimiento del pasado para transformar los posibles hechos del futuro.

Para otros autores, como es el caso de John Berger, las personas de la sociedad moderna se encuentran siendo víctimas de su naturaleza positivista, sin conocer que el origen de esta corriente parte de la negatividad o supresión del tiempo, que se origina a partir de un hecho en la conciencia.

Por este motivo, el autor de El arponero del aire ha sido seriamente alagado por la comunidad de críticos, pues logra abordar de manera exuberante y poco tradicional esta problemática dentro de la cultura. El uso de la sátira y el humor, que no se preocupa en rozar lo absurdo, serán los cómplices usados por el autor para lograr que cualquier lector se enganche a la trama perspicaz.

Construyendo inteligentemente una narrativa que busca asomar un profundo tema filosófico, percibiendo entre letras a un autor que pareciera restarle importancia a su personaje, pero no descarta resaltar en grandes proporciones las circunstancias que lo llevaron a establecer una verdadera relación íntima consigo.

Sin embargo, al comenzar a incursionar en esta trama, nos damos cuenta que el personaje principal, y todas sus acciones forman parte del alter ego del escritor, cuestión que afirma durante el prólogo de la novela.

“Lamento defraudarlos pero la historia de mi álter ego no es un policial. […] A pesar de que existan algunos tópicos del mismo: una gran estafa, una pesquisa porfiada e insomne, incontables lanzamientos de misiles, el proyecto de hacer volar por los aires todos los aeropuertos del mundo […]. Quedan advertidos.”

Desde el principio, el arponero del aire promete traer consigo una serie de acontecimientos que reflejarán varias situaciones humanas, todas direccionadas a reflejar la singularidad de las relaciones sociales.

Tiempo perdido

El alter ego de Maximiliano se escenifica en un joven llamado Franc Tireur, quien desde su nacimiento en 1975 desarrolla inmensurables ligaduras con los vuelos; quien tras realizar un viaje desde su natal Argentina hacia España en 1999, descubre que su destino se ha visto modificado por la diferencia horaria.

La narrativa se realiza mayormente en primera persona, por lo que muchos lectores perciben la historia como si de ellos mismo se tratara. El joven protagonista es un politólogo, que se encuentra atravesando una no muy generosa etapa de desempleo por lo que decide probar suerte en Madrid.

El carácter de  nuestro personaje tiende a ser un hombre con dotes adolescentes, siendo percibida por los colores de inmadurez e impulsividad que muestra en ciertos fragmentos de la trama, por lo que podría llegar a tomar malas decisiones.

Otro elemento que no se puede dejar a un lado es la sensación de abandono, un hecho que no le deja hallarle sentido a la vida, por lo que se sumerge en el mundo de los videojuegos; otras de las circunstancias que lo llevan a viajar hacia otro continente para reencontrarse consigo.

La idea de haber perdido gran parte de su vida en videojuegos de aeronaves lo carcome, y como si de una rehabilitación se tratase, emprende un viaje hacia el nuevo continente, “El bebé de Aerolíneas Argentinas”,  será el nombre con el que lo conocerían en el mundo aeronáutico, pues nació en un vuelo a mediado de los 70s, por ello disfrutaría de vuelos gratis de por vida.

Epifanía, eternidad

Al llegar al aeropuerto de barajas, Tireur experimenta un tipo de epifanía:

“Me quedé estupefacto al  ver su dictamen: las 04:15hs. En un acto reflejo sacudí mi brazo izquierdo para liberar la pantalla del Citizen oculto bajo el suéter y poder corroborar la hora que marcaba: las 23:15hs. No lo podía entender. Por supuesto, que sabía que en España regía otro uso horario, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta vivirlo”.

Es en este punto de la trama donde se percata que ha perdido la oportunidad de vivir la madrugada del 11 de julio de 1999, esta situación lo lleva a tomar la decisión de no entrar a España, obsesionándose por viajar a todos los destinos posibles.

194 serían los viajes que realizaría nuestro personaje principal en el lapso de un año, en todos estos, nunca saldría de los aeropuertos, conociendo y relacionándose con personas de múltiples nacionalidades y profesiones; destacando entre todos estos vuelos e itinerarios, el autodescubrimiento espiritual.

El arponero de la trama

Máximo Costagliola es un escritor que logró con el Arponero del aire, posicionarse como uno de los escritores más aclamados del momento, siendo ganador del Premio Fondo Nacional de las Artes, gracias a un perfecto manejo de la sátira y el humor, planteando como trasfondo, la búsqueda filosófica del yo en el tiempo y espacio.

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