Written by comunidades

El trágico final de Irina Slavina

“Les pido que culpen a la Federación Rusa por mi muerte”, éstas fueron las últimas palabras que publicó en su cuenta de Facebook la periodista rusa Irina Slavina antes de proceder a quitarse la vida. Se trata de una nueva víctima de la persecución sistemática que sufren los reporteros y opositores de toda Rusia, la cual realizan los servicios de seguridad bajo el mando del presidente Vladimir Putin. Tras años de continuas amenazas y hostigamiento, Slavina decidió inmolarse frente al edificio que funciona como Ministerio del Interior en la ciudad de Nizhny Novgorod, como un reflejo del nivel de salvajismo con el que el gobierno ruso trata a quienes lo critican.

A pesar de las recientes declaraciones de miembros del Kremlin –gobierno central de la Federación Rusa- en las que niegan haber tenido que ver en la muerte de la periodista Irina Slavina, lo cierto es que la persecución estatal a miembros de la prensa opositora es parte de una lamentable tendencia. A lo largo de la última década, decenas de reporteros rusos han sido asesinados o brutalmente golpeados como una clara represalia por haber criticado al actual gobierno de Vladimir Putin.

Si bien estos crímenes nunca pudieron atribuirse directamente a miembros del Estado o de las fuerzas de seguridad, resulta más que evidente su participación, debido tanto a los reportes realizados por los periodistas afectados como a la renuencia de las autoridades por investigar estos casos. Anna Politkovskaya fue hallada muerta en 2006 dentro del ascensor de su edificio con cuatro disparos en su cuerpo, Anastasia Baburova fue asesinada en 2009 de un disparo en una acera del centro de Moscú, Oleg Kashin sufrió fracturas craneales luego de ser brutalmente golpeado en 2010, Mikhail Beketov murió en 2013 luego de haber recibido una golpiza cinco años atrás que lo dejó en coma. La lista es interminable…

La organización internacional Human Rights Watch ha denunciado públicamente el permanente acoso que sufrió Slavina por parte de las fuerzas de seguridad e inteligencia rusas, mucho tiempo antes de que ella decidiera quitarse la vida. Ya en el año 2016, tan sólo por participar de un evento público patrocinado por un rival político de Putin, las calles de su barrio se encontraron invadidas por panfletos que la denigraban personalmente, mientras que el año pasado el tribunal de Nizhny Novgorod la multó por organizar una protesta pacífica. Un día antes de su inmolación pública, la policía irrumpió en su domicilio y le confiscó memorias USB, laptops, teléfonos celulares y sus cuadernos de notas.

A principios del mes de julio, docenas de periodistas fueron multados y arrestados por haber participado de una protesta pacífica en la cual se solidarizaban con sus colegas procesados penalmente por las autoridades rusas. La constante represión que sufren los medios de noticias independientes por parte de los servicios de seguridad e inteligencia bajo el mando del actual presidente ruso es una clara violación a la libertad de expresión y los derechos humanos de los periodistas de este país.

La obsesión del actual gobierno ruso por subyugar a los medios de comunicación independientes motivó que durante los últimos dos años se promulguen una serie de leyes que les permiten a las autoridades censurar y bloquear los contenidos de internet dentro del país. El Servicio de Seguridad Federal (FSB, antes conocido como la KGB) obligó a las compañías locales proveedoras de servicio de internet a instalar equipos especiales que le permiten a este organismo acceder a la información y comunicaciones de todos los usuarios de Rusia.

Irina Slavina fue la editora en jefe de Koza Press, un pequeño website de noticias cuyo lema es “sin censura” y al cual esta valiente periodista tuvo que defender durante años de las constantes presiones de su gobierno por silenciarlo. Luego de su última detención -un día antes de quitarse la vida- las autoridades la interrogaron por su conexión con Open Russia, un movimiento popular considerado por el Kremlin como una “organización indeseable” debido a su afiliación con Mikhail Khodorkovsky, un rival de la administración del presidente Putin. Poco les importó a las fuerzas de seguridad que Slavina simplemente cubrió algunos eventos de este grupo opositor para su portal de noticias, decidiendo multarla aquella vez (como tantas otras) por la suma de 5,000 rublos.

A través de la utilización de un gran número de cargos falsos, la policía rusa continúa acosando permanentemente a miembros de la prensa local que simplemente se dedican a visibilizar la realidad que se vive a diario en su país. Ésta incluye a un gobierno que vigila y castiga a todas aquellas voces disidentes a su régimen político, una tendencia que se vuelve cada vez más brutal y sistemática.

Mientras la Unión Europea y distintos organismos de derechos humanos le reclaman al gobierno de Vladimir Putin que se esclarezcan las circunstancias que llevaron a Irina Slavina a cometer suicidio, las autoridades rusas niegan tener algo que ver con el hecho. Esto último contradice el accionar de un estado que durante años persiguió activamente a esta periodista, quien simplemente se dedicó a describir imparcialmente la actualidad política de su país. Es imposible hacer a un lado el último mensaje que esta mujer decidió dejarle al mundo como consecuencia del agotamiento físico y mental que la llevó a terminar con su vida de una forma tan violenta: la culpa la tuvo su gobierno.

Si bien el Sindicato de Periodistas y Trabajadores de Medios –una organización independiente que nuclea informalmente a los reporteros rusos- emitió un comunicado en el cual le demandaba respuestas al Ministerio del Interior de su país, éste desconoció haberlo recibido. Poco puede hacer la población civil de Rusia frente a los atropellos que sufren sus ciudadanos y, especialmente, miembros de la prensa que son críticos al actual gobierno. A principios del mes de julio, el presidente Vladimir Putin consiguió realizar cambios en la constitución de su país que le permiten –una vez más- ser candidato a seguir en su cargo. Siendo él mismo un ex agente de la infame KGB, no es de extrañar que el actual FSB ejerza una brutal persecución a quienes disienten con el régimen gobernante, una situación que, lamentablemente, condujo a la periodista independiente Irina Slavina al suicidio.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
Russian journalist dies after setting herself on fire following police search. (https://www.theguardian.com/)
A glance at Russian journalists attacked or killed. (https://apnews.com/)
Russian Journalist Commits Suicide After Years of Harassment. (https://www.hrw.org/)

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Seguir leyendo

Close