Written by america, mundo

Las granjas estadounidenses y el coronavirus invisible

Siempre hay un antes y un después en la pandemia. En el caso de la agricultura estadounidense, la situación previa al coronavirus estaba estrechamente relacionada con las guerras comerciales con China y la escasez de mano de obra para hacer frente a la producción.

El COVID-19 no ha hecho más que agravar esta situación, creando nuevos problemas en la logística los cuales hacen más difícil asegurar que los alimentos lleguen a su destino. Y esta presión recae directamente sobre los agricultores.

Un problema mundial

El coronavirus invisible se refiere a esos sectores de los que no se habla tanto en los medios. Sin duda, se ha puesto más bien un tímido foco en los granjeros, agricultores, ganaderos o pescadores. Por un lado, comprendemos la importancia que tiene seguir produciendo alimentos para que llenen las estanterías de los supermercados, pero por otro lado es algo que sobre todo en los países más ricos se «da por hecho».

Durante el pico de la pandemia y en parte debido al cierre de restaurantes, escuelas y plantas de procesamiento, los precios fluctuaron junto a una sensación de incertidumbre absoluta. Uno de los problemas más acuciantes tuvo que ver con las restricciones en las fronteras que dificultaron o paralizaron la distribución de alimento.

Poco antes, China y Estados Unidos llegaron a un acuerdo para la importación de producto agrícola estadounidense. El objetivo que se preveía aún no se ha cumplido, pero el país asiático ha acelerado estas compras para sobrepasar los datos de los años anteriores.

La escasez de mano de obra debido a las restricciones en la migración y los cuellos de botella logísticos han supuesto perdidas millonarias al agricultor, especialmente en el sector del producto agrícola más especializado.

3 millones de trabajadores estacionarios

Las granjas estadounidenses emplean hasta 3 millones de trabajadores estacionarios en sus granjas. Aproximadamente 100.000 de ellos se han contagiado por el coronavirus. Este desastre afecta directamente a familias enteras y comunidades que dependen de la agricultura, y pone en riesgo la producción de alimentos nacional.

Ejemplos como Wasco, en California, donde 150 trabajadores fueron infectados, o en Ventura County, donde otros 188 dieron positivo en las pruebas, nos hacen comprender la importancia de cuidar de uno de los sectores económicos más importantes. Es preciso que el coronavirus invisible se haga visible.

En Estados Unidos, la vida del granjero es una vida difícil. La mayoría de ellos han nacido fuera de las fronteras, principalmente de México. La mitad de ellos no cuentan con los papeles en regla, los salarios son más bien bajos y las exigencias del trabajo son altas. Y ni mencionar lo que ocurre con el seguro de salud u otros beneficios con este tipo de trabajadores.

El estilo de vida en las granjas recuerda a un país no tan lejano en el tiempo, donde era más común vivir fuera de las ciudades antes del boom industrial de las cadenas de montaje. La vida era dura, se hacía en comunidad y los lazos familiares tenían una gran fortaleza, un elemento cultural que ha quedado arraigado en el estilo de vida norteamericano, donde la prioridad de la familia está presente en todo momento.

Por lo tanto, tendríamos que empezar a hablar del granjero invisible, más que del coronavirus invisible. Una tendencia que no ha parado de crecer en las últimas décadas es la masificación de las ciudades y el olvido casi completo del origen de nuestros alimentos. A fin y al cabo, comemos gracias a nuestros agricultores que trabajan de sol a sol. Necesitamos otorgarles la visibilidad que merecen, sobre todo en este mundo tan globalizado donde necesitan toda la ayuda que puedan recibir para proteger sus propias cosechas, ya sea de cualquier guerra comercial, cambios en la oferta y demanda, precios que fluctúan, los efectos del cambio climático, y un largo etcétera.

14.000 millones de dólares para los granjeros

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos anunció en septiembre de 2020 que ofrecerá 14.000 millones de dólares en concepto de ayuda económica a los granjeros estadounidenses para paliar los efectos de la bajada de precios, ventas reducidas u otros efectos adversos provocados por las disrupciones en las cadenas de distribución. Esta ayuda supondría el segundo paquete de ayudas, desde que 19.000 millones de dólares fueron enviados en abril.

Muchos de los productos agrícolas de las granjas estadounidenses no pudieron ser recogidos en su momento, y algunos de los que ya estaban almacenados fueron abandonados o fueron directamente descartados, al no poder hacer frente a ningún envío, como la leche, los huevos, la lechuga, pero también animales como los cerdos. Se calcula que 200.000 cerdos fueron sacrificados en Iowa.

Una de las quejas más habituales en estos sectores es que las ayudas beneficiarían directamente a los propietarios de las granjas (y normalmente a las más grandes), pero aquellos que realizan los trabajos seguirían estando desamparados por la administración. Esto no solo se escucha en las granjas estadounidenses, sino en cualquier empresa de diferentes países del mundo que hayan recibido ayudas estatales en la pandemia.

El debate del sector público y el sector privado

Las ayudas ofrecidas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos vuelven a abrir un debate que ha sido punto central de muchas sociedades: la defensa de lo público frente a lo privado. Prácticamente todos los países del mundo han necesitado recurrir a ayudas estatales para mantener las empresas a flote, reavivando así una defensa de lo público y lo colectivo en una época en la que las privatizaciones eran el día a día de muchas naciones.

Las disrupciones provocadas por la oferta y la demanda, y no solo en estas crisis sanitarias, hacen que desperdiciemos toneladas y toneladas de alimentos cada año, cuando deberíamos ser capaces de alimentar a toda la población. Las pérdidas económicas de las granjas estadounidenses han supuesto también la destrucción de mucha comida. Como especie, tenemos que trabajar hacia un futuro en que cada tonelada de alimento producida pueda ser aprovechada por alguien que lo necesite. Tenemos la capacidad de hacerlo.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
Nasdaq. «How COVID-19 Has Shifted the Financial Outlook for U.S. Agriculture»
Bloomberg. «Covid Is Clobbering America’s Farm Workers»
Des Moines Register. «USDA will send $14 billion in aid to farmers with COVID-19 losses»

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