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¿Cómo trabajar bajo presión?

Cuando nos desenvolvemos en un ámbito académico, laboral o del día a día, en ocasiones nos agobian las responsabilidades y situaciones que pueden surgir, como por ejemplo no saber organizar nuestro tiempo para cumplir con todos los compromisos de manera puntual o no podemos concentrarnos por tantas tareas que debemos realizar. De esta manera, no es posible trabajar eficientemente porque la presión está haciendo su trabajo en nosotros, estresarnos.

A todas las personas les ha tocado en algún momento trabajar bajo presión, unas logran realizar un mejor trabajo eficientemente, mientras que otros no tanto. Por esa razón, expertos en recursos humanos aseguran que, inicialmente, trabajar bajo presión puede optimizar la actividad del individuo y, en consecuencia, aumentar su productividad. No obstante, si la persona no sabe manejar este tipo de situaciones, aumentará su cansancio, generará estrés, y disminuirá su rendimiento.

Por eso, en el ámbito laboral, saber trabajar bajo presión es la cualidad número uno cuando observan los perfiles de los aplicantes a puestos vacantes, ya que las personas que saben trabajar bajo presión son más productivas y eficientes. Este tipo de personas se caracterizan por saber planificar y organizar las tareas por hacer, saben priorizar de acuerdo a la importancia sus responsabilidades y logran concentrarse en los asuntos importantes, no dudan en delegar tareas a sus compañeros y saben decir que “no”.

¿Por qué a veces no cumplimos con nuestras capacidades cuando hay presión? Puede que no le sorprenda escuchar que, en situaciones estresantes, nos preocupamos por la situación, las consecuencias y lo que otros pensarán de nosotros.

Pero lo que puede sorprenderle es que a menudo nos interponemos en nuestro camino precisamente porque nuestras preocupaciones nos llevan a concentrarnos demasiado. Cuando estamos preocupados por rendir al máximo, podemos intentar controlar aspectos de lo que estamos haciendo que es mejor dejar en piloto automático y fuera de la conciencia. Como resultado, nos equivocamos y perdemos tiempo estando estancados en un ciclo.

Expertos en el campo de la ciencia cognitiva han estudiado este fenómeno de sobre-atención, que llaman parálisis por análisis.

En un estudio, se les pidió a los jugadores de fútbol universitarios que driblearan un balón de fútbol y que prestaran atención a un aspecto de su desempeño que de otro modo no prestarían atención. Específicamente, se les pidió que presten atención a qué lado de su pie estaba en contacto con el balón. Se descubrió que cuando se llamaba la atención sobre los detalles paso a paso de lo que estaban haciendo, su desempeño era más lento y más propenso a errores. Gran parte de esta parálisis por análisis se debe a la actividad en nuestra corteza prefrontal. Si bien por lo general ayuda a concentrarnos de manera positiva, a menudo se engancha en las cosas equivocadas.

La pregunta que nos podemos estar haciendo es ¿cómo desenganchamos nuestros cerebros, para que no suceda esto?Podemos hacer algo tan simple como cantar o prestar atención al dedo meñique, como se rumoreaba que hacía el golfista profesional Jack Nicklaus. O podemos encontrar alguna otra actividad sin sentido que pueda ayudarnos a distraernos de los detalles de lo que estamos tratando de hacer.

Otra estrategia requiere cerrar la brecha entre el entrenamiento y la competencia, para que podamos acostumbrarnos a esa sensación de todas las miradas sobre nosotros. Esto significa practicar bajo las condiciones en las que sabemos que actuaremos. Ya sea que nos estemos preparando para un examen o una charla, podemos ponernos en una simulación de la futura situación estresante.

Por ejemplo, si va a dar una charla, practique algunas veces frente a otras personas. Y si no puede encontrar a nadie que lo escuche, ensaye frente a una cámara de video o un espejo.

Nuestra capacidad para acostumbrarnos a cómo se sentirá puede marcar la diferencia en si nos ahogamos en nosotros mismos o prosperamos.

También podemos tomar medidas para deshacernos de esas molestas dudas sobre nosotros mismos que surgen en situaciones llenas de presión y conducen a la parálisis por análisis. Los investigadores han descubierto que simplemente escribir nuestros pensamientos y preocupaciones antes del evento estresante puede ayudar a descargarlos de nuestra mente. Llevar un diario o anotar sus pensamientos en papel o en su teléfono puede hacer que sea menos probable que aparezcan y lo distraigan durante los momentos importantes.

Trabajar bajo presión no puede ser nunca sinónimo de estrés; por eso es importante que los empleados sean capaces de cumplir con múltiples tareas en el menor tiempo posible, cuidando la calidad del producto a generar, pero sin descuidar su tranquilidad mental.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
https://ideas.ted.com/how-not-to-choke-under-pressure/
Fuentes consultadas: Productividad – Trabajar bajo presión, una habilidad profesional cada vez más demandada https://www.observatoriorh.com/

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