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El lado oscuro de la empatía

Una de las principales características que les otorgan a los seres humanos su capacidad –y necesidad- por relacionarse con sus pares es la empatía. Poder identificarnos con otras personas no solamente nos motiva a querer comprenderlas y acompañarlas, sino que también es fundamental para nuestra evolución como seres sociales. A pesar de que transitamos una era en la que la empatía funciona como un pilar crítico para ayudarnos los unos a los otros, los expertos aseguran que esta capacidad emocional puede tener consecuencias negativas.

La definición de empatía que ofrece la Real Academia Española es: “Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. La psicología expande el significado de esta palabra, interpretándola como la habilidad de reconocer, comprender y compartir los pensamientos y sentimientos de otra persona, animal o personaje ficticio. Básicamente, nuestra capacidad por ponernos en el lugar del otro e imaginar sus emociones nos permite relacionarnos de manera más directa con el resto de la humanidad. Sin embargo, la asimilación de los sentimientos de terceros no es una cualidad que necesariamente deba considerarse como inherentemente positiva.

En este sentido, sería prudente comenzar diferenciando a la empatía de otro termino al que generalmente se la asocia como si fuera su sinónimo: la compasión. Mientras la psicología define a la primera como la capacidad de experimentar los sentimientos ajenos, la compasión implica simpatizar con los problemas ajenos, una cuestión que no involucra hacerse cargo directamente de sus propias emociones. Podemos pensar que la empatía conlleva una gran carga anímica de nuestra parte, por lo que sus consecuencias pueden conducirnos a un agotamiento emocional que no ofrece ningún resultado práctico que pueda considerarse como positivo.

Existe un término dentro de la psicología llamado Hiper-empatía, es decir, una excesiva y desproporcionada tendencia por experimentar los sentimientos de otras personas. Además de provocar un lógico agotamiento anímico en el individuo, esta sobre-empatización puede causar reacciones físicas ante el sufrimiento ajeno (las cuales pueden durar horas o hasta días enteros), evitar el contacto con las personas que causan estas emociones y/o priorizar sus sentimientos por sobre los propios.

En cuanto a la elección personal de a quiénes debemos considerar como dignos destinatarios de nuestra empatía, los especialistas sugieren que en este sentido pesa mucho la individualización de la persona. Es por ello que, lógicamente, nuestra identificación con el sufrimiento ajeno será más poderoso si lo podemos relacionar con alguien cercano –como un familiar o amigo- y no con personas desconocidas. Es por ello que, a pesar de que diariamente nos enteramos de las millones de muertes que ocasiona la actual pandemia de coronavirus, es más probable que no asimilemos el sufrimiento de todas esas personas de la misma manera que lo haríamos si lo padeciera alguien a quien conocemos.

Mientras empatizar con causas nobles como las protestas del movimiento Black Lives Matter o la desnutrición de los niños del África subsahariano está moralmente bien justificado, muchas otras causas se han servido de esta identificación emocional ajena para respaldar todo tipo de atrocidades. Si bien no podemos culpar a la empatía en sí misma sino a la manera en que algunas personas deciden utilizarla para manipular a otras, este es un costado oscuro que posee esta cualidad característica del ser humano. Incontables movimientos políticos y racistas han proyectado masivamente el sufrimiento de su gente para poder demonizar a sus enemigos y movilizar así a sus seguidores a cometer actos terribles e injustificables.

La empatía es una capacidad emocional que, de no ser controlada y ejercida debidamente, puede ocasionar daños a nuestra salud mental. Un estudio conducido por la Universidad de Chicago determinó la existencia de varios elementos clave que asocian a la Hiper-empatía con los siguientes desórdenes mentales: carencia de límites personales, codependencia, obsesión ansiosa, desorden de ansiedad, carencia de auto-empatía, victimización y trastorno límite de la personalidad.

Quizás por una cuestión de inconsciente auto-defensa psicológica, podemos comprobar que la gran mayoría de las personas que habitan los grandes centros urbanos poseen un bajo nivel de empatía. Debido a la gran carga emocional que deriva del experimentar los sentimientos ajenos en uno mismo, muchas personas consideran que es más saludable mantener una actitud más distanciada –y hasta indiferente- sobre las emociones ajenas. En un mundo tan competitivo como el actual, la empatía suele reservarse para aquellos individuos exitosos, lo cual genera una menor identificación con los padecimientos de aquellos que, por los motivos que sean, no llegan a proyectar sentimientos asociados con el triunfo.

Estudios realizados en el departamento de neurociencia de la Universidad de Geneva han determinado que la identificación empática del sufrimiento ajeno puede conducir a una profunda y crónica angustia. Semejante nivel de preocupación tiene la capacidad de generar en la persona sentimientos de apatía, desolación e impotencia tan poderosos que pueden resultar nocivos para la salud. Esta condición se encuentra actualmente presente en la gran mayoría de las poblaciones de un mundo en el que la muerte y la enfermedad –es decir, el sufrimiento ajeno- nos acompaña constantemente. Afecta particularmente a médicos y enfermeras, es decir, aquellas personas que tratan diariamente con pacientes cuyas vidas muchas veces se les escapan de las manos.

La empatía no puede definirse como “buena o mala”, es una cualidad inherente a la especie humana que siempre ha jugado un papel fundamental para ayudarnos a comprender y socializar con nuestros semejantes. Como cualquier otro sentimiento o comportamiento que poseemos las personas, un exceso o desviación de esta capacidad de identificarnos con los demás puede ocasionarnos problemas de salud graves e innecesarios. Lo importante es identificar a la empatía como lo que realmente es: una herramienta que nos permite interactuar y responder a las emociones ajenas. Nosotros debemos establecer un correcto auto-control para no caer en una dependencia o un desgaste personal ocasionado por la identificación excesiva de las experiencias de terceros.


El texto anterior expresa mis ideas y opiniones inspiradas en
The surprising downsides of empathy. (https://www.bbc.com/)
Does Empathy Have A Dark Side? (https://www.npr.org/)
Hyper Empathy – Can You Care Too Much? (https://www.harleytherapy.co.uk/)
There’s No Dark Side to Empathy, Just People with Dark Sides. (https://www.psychologytoday.com/)

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