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Acompáñame a estar solo

La inteligencia artificial también está avanzando en el territorio de la soledad: robots de todo tipo que sirven para que los humanos no nos sintamos tan solos en un mundo cada vez más apático y alienado. Esto, por supuesto, despierta grandes preguntas: ¿pueden los robots soñar con humanos felices? ¿Qué tan acompañados podemos sentirnos junto a una máquina?

Suena paradójico: en un mundo donde la superpoblación es un grave problema, las personas se sienten cada vez más solas. De alguna manera, el propio exterior se ha vuelto amenazante, y las grandes ciudades empujan a sus habitantes a aislarse, ya sea por la inseguridad, por contaminación o algún virus nuevo.

A eso se suma la tecnología que, por supuesto, tiene la forma que los humanos le damos. Es decir, la inteligencia artificial nos sirve a nosotros, pero ¿hasta qué punto le servimos a ella? ¿Cuánto tardaremos en volvernos esclavos de nuestros miedos y necesidades? La forma que le damos a la tecnología a su vez forma la sociedad en la que vivimos, y así incrementamos nuestra soledad en pos de una promesa de felicidad, o al menos acompañamiento, que en general alimenta la soledad.

En este mundo, la tecnología que hicimos nos ha permitido que ya no tengamos que salir de nuestras casas para hacer compras, comer, entretenernos. Chateamos por texto y video, y trabajamos desde casa. Tenemos una conexión constante entre nosotros que podemos llevar en nuestros bolsillos. Uno pensaría que la soledad sería una cosa del pasado y, sin embargo, la soledad y el aislamiento se está convirtiendo en un problema cada vez mayor.

La soledad afecta a nuestra salud mental y los vínculos con la ansiedad y la depresión son claros, pero también puede afectar a la salud física. El Doctor Frank McAndrew dice en una revista especializada que “[La soledad] …aumenta los niveles de hormonas del estrés en el cuerpo y lleva a un mal sueño, un sistema inmunológico comprometido, y, en los ancianos, a un declive cognitivo.

Después de todo, somos criaturas sociales; la socialización y la cooperación, la interacción y los fuertes lazos sociales han sido la clave de nuestro éxito como especie; gravitamos unos hacia otros en tiempos de crisis y aunque una ruptura con otras personas es a veces bienvenida, hay muy pocos de nosotros que anhelan un verdadero aislamiento.

Robots compañeros

Algunas empresas de robótica se están dedicando casi exclusivamente a combatir la soledad. Sus creaciones son a menudo deslumbrantes, aunque también algo tenebrosas e inquietantes. Tomemos el ejemplo de Osampo Kanojo, un robot con forma de mano de mujer que sirve para simular un paseo junto a una imaginaria novia. Sus creadores son investigadores de la Universidad Gifu, en Japón.

El objetivo es impostar realismo a través de un material muy similar a la piel y carne humana. Además, los dedos del robot-mano son capaces de apretar si sienten algo de presión, y hasta tienen un sistema que les permite subir la temperatura y generar humedad.

Otro caso bastante escalofriante es el del japonés Akihiko Kondo, quien en el 2018 se casó con una chica holográfica de 16 años de nombre Hatsune Miku, de quien, dice Kondo, ha estado “enamorado” durante años.

Sin embargo, el caso de Kondo está lejos de ser único: un número creciente de hombres se han casado con hologramas similares. El fabricante del dispositivo holográfico dice que ha emitido más de 3.700 “certificados de matrimonio” a sus usuarios, lo que hace que Akihiko sea una de las miles de personas que prefieren un holograma a una pareja humana.

Otro dato inquietante: cuando el cineasta Jimmy Mehiel creó un perfil de Tinder para un robot sexual, obtuvo 92 coincidencias en dos horas. Y la mitad de esas personas dijeron que “considerarían” tener sexo con el robot.

 

Acompañamiento terapéutico

El robot PARO es una adorable foca bebé desarrollada en Japón por Takanori Shibata y equipado con procesadores de 32 bits, micrófonos y varios sensores táctiles. El robot es capaz de reconocer voces, seguir movimientos y emitir chillidos y silbidos, y también recuerda comportamientos. PARO fue construido como una “alternativa a las mascotas” y está principalmente destinado a las personas mayores que desean compañía.

El caso de este robot está disfrazado de una acción terapéutica, es decir con fines médicos. Sus bigotes y su piel es sensible al tacto, pero lo perturbador es preguntarse por qué alguien preferiría una máquina a una mascota de carne y hueso. La compañía que fabrica a PARO lo dice sin tapujos: los robots no muerden, no rompen muebles, y en especial nunca mueren ni se sienten solos. Lo cual debería hacernos preguntar si realmente podemos estar acompañados por algo que no sabe lo que es la soledad.

Hermanas en alquiler

Por supuesto, no es casual que Japón sea el epicentro de esta oleada para combatir el aislamiento: la tecnología y la soledad son los alimentos principales de la cultura en ciudades como Tokyo. Un estudio realizado por el gobierno de ese país reveló que casi medio millón de personas se identifican como “hikikimoris”, un síndrome que lleva a las personas, en general hombres, a aislarse de la sociedad sin salir de sus casas durante años.

¿Cuál es la respuesta de la sociedad? Crear “hermanas en alquiler”, es decir mujeres que visitan a los “hikikimoris” por unos doscientos cincuenta dólares. La idea es que de esa manera puedan reconectarse con la sociedad. Como vemos, en este caso no hay robots ni inteligencia artificial involucrada, pero la respuesta sigue siendo igual de preocupante.

Como tantas veces se dijo, la tecnología no es el problema: el problema es qué hacemos con la tecnología. Y si queremos una tecnología que nos mejores, quizás primero debamos mejorar nosotros mismos.

 

Fuentes

Will the next generation of robots help us feel less lonely?, en https://digileaders.com
Japanese Inventors Create Wacky ‘Robotic Girlfriend Hand’, en https://interestingengineering.com
https://medicalfuturist.com/the-top-12-social-companion-robots/

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